miércoles 18 de noviembre de 2009

Como las olas mecen los navíos



Una cosa es que lady Hathaway duerma con tres negros y otra, muy diferente, cuando la gente murmura sobre sus afecciones.
Aceptemos que, desde hace tiempo, para ella los pétalos de las orquídeas borran por completo los recuerdos; que sus invernaderos hablen.
El qué dirán y los instantes ya idos prenden la llama de su corazón. Tan es así que la realidad parece someterse a los fragores de la calma. Los hombres que circulan a su lado aún parecen hijos de una rodilla y un diplómatico: brillosos, esquivos y muy articulados.
No puedo menos que defenderla. ¿Estuve en sus brazos o ella en los míos? No lo recuerdo. Sólo sé que tuve la necesidad de dejarme ir y acariciar pesares.
Como las olas mecen los navíos, así sus manos tomaron posesión de mi cuerpo. Arde sobre mi piel la huella de su tacto. Pero yo me demoraba repasando los instantes, sin tomar en cuenta que envejecía a ras de sábanas.
Pudo ser un minuto o un siglo, pero yo me encontraba adormecido dentro del fruto de la pasión, flotando adormilado en la barcaza de los sueños que nunca deben concluir. Los buenos sueños no deben acabar. Jamás. Dios salve a lady Hathaway y, si no, que la patria nos lo demande. JLV

miércoles 11 de noviembre de 2009

Enjambre verde


En este momento y en el de Otros
cuando la tierra baja los párpados
y el aceite de víbora ya no detiene tormentas

Tal vez recuerdes que hubo un tiempo
cuando el silencio peinaba su trenza
y tomaba las uñas de la tarde
para encender recuerdos con el sol

En esos días la memoria era de mostaza
y en los pastizales un hombre liberaba
nubes hacia las cuatro esquinas

Si prestas atención escucharás la risa de la piedra
que hace milenios se tejió a sí misma y en tu pulso
regresa para deshacer granos de arena
y coloca sus manos entre el polvo
para fundirse en el rumor de la cantera

Tal vez ahora que ladran los colores
y calientas tus huesos sumergida en el río
tal vez ahora sea el momento
de tomar la mano del silencio y dejar que te lleve
a ese enjambre verde donde las palabras no chocan
porque son lo que son unas con otras. JLV

jueves 29 de octubre de 2009

De ojos



El ojo que atrapa en el lienzo al Comodoro Perry —su impresionante flota negra y marinos barbados (de nariz prominente y piel blanca)— es el mismo que miró fijamente a Marco Polo cuando este se inclinó ante el Fuji.
El Comodoro mira hacia el horizonte; ahora está algo desdibujado, pero da igual, debe ser el tiempo. Sin embargo, es el mismo Comodoro Perry con su flota y sus marinos de cabellos rojizos que algunos diminutos japoneses, armados sólo con papeles, pinceles y tintas, capturaron en el instante.
El perfil de Perry es inconfundible, y sus barcazas negras se mecen suavemente entre las aguas, como las plumas del águila que observa a Williams Adams mientras traza la silueta impecable del castillo de Hirado. JLV

lunes 26 de octubre de 2009

De intromisiones



Dios no fenece aún, pero su muerte es inevitable.
Un día desperté con Él dentro de mí. Al principio nuestro diálogo parecía fructífero, pero después las cosas se complicaron. Explicó por qué estaba en mi interior; dijo que pretendía adentrarse en su obra, palpar las complejidades del hombre y no sé cuántas tonterías más.
Yo, territorial como soy, respondí que invadía mi privacidad y que no tenía vocación de hospedero. Mencioné que era de pésimo gusto que se entrometiera como dolor de muela en lo más íntimo de mi ser. Exigí que se fuera mucho a la Eternidad o al sitio que mejor conviniera a sus intereses, pero nada funcionó.
Fueron muchas las veces, lo juro, en las que trate de arreglar las cosas para que me dejara en paz. No hizo caso, nunca lo hace...
Que Dios me perdone, pero hoy cercenaré mi yugular para acabar con esta relación que, de plano, me jode la vida. JLV

jueves 22 de octubre de 2009

Destacada



Desde pequeña siempre fue la primera. Ocupó sitios privilegiados durante su trayectoria escolar. Sostuvo relaciones sexuales, antes que ninguna de sus contemporáneas, con un chico millonario sobre el toldo de un Ferrari. Fue la primera en abandonar la gris ciudad natal. Ninguna actriz de su generación alcanzó tantos triunfos en el extranjero. Fue siempre la primera; sin embargo, fue la última en suicidarse antes de que su mundo estallara en mil pedazos. JLV

miércoles 21 de octubre de 2009

De trampas



La humedad pestilente sobre sus labios abolió ese sueño de siglos. Pudo mirar a quien había roto su encantamiento, pero no: esfinge se mantuvo.
Piel y oídos eran ojos. Las aves cantaban y sobre su nariz un aliento asqueroso, inaguantable. Manos ávidas palparon sus piernas, pero una temblorina incrementó su desconfianza. Sostuvo la postura pétrea.
Cuando Bella intuyó que estaba sola, abrió los ojos: rió como posesa, aún oyó los sollozos del viejo corcovado, cuya silueta se fundía con la niebla. JLV

lunes 5 de octubre de 2009

El espejo nunca fue afecto a las mentiras


Estás ahí, fumando. Enciendes una cerilla, tu rostro se ilumina. Mientras la llama acaricia un poco la soledad del cuarto, acaricias resignadamente tu rostro, antes tan suave,y donde la vida tatúa a cada instante una nueva línea de expresión.
Recuerdas tu cintura de avispa, tus pechos pequeños que vigorosamente empujaban al viento y las manos de él sobre tus nalgas, apretándolas.
Sabes que el espejo nunca fue afecto a las mentiras.
Estás cierta que las sombras no tienen nada que ocultar y muerdes tus labios porque la vida se deshace de ti. La cerilla se apaga, quema las yemas de tus dedos.
Estás sola, los años ya no danzan para ti. Tienes cólicos, quizás los últimos; haces una mueca de asco, de fastidio y sabes que él llegará a la media noche, con su aliento de alcohólico y frotará su triste miembro sobre uno de tus glúteos y después dormirá con la bocaza abierta... la muerte ronca a tu lado.
Y a todo esto, piensas, de qué sirvió ser la reina de la prepa. Y el vestido de boda tan caro. Y la envidia de tus amigas cuando te vieron del brazo de este maldito calvo que supura rencores y que encima golpea de vez en cuando a tus hijos, tan parecidos a él.
Aplastas el cigarro sobre el cenicero, igual que el tiempo lo hace contigo.
Cuál es la diferencia... JLV

jueves 1 de octubre de 2009

Nubila y el amor



Nubila salió a la calle. Aún temblaba. Hacía muy poco que la había estrechado entre sus brazos. Respiraba todavía su aroma. Sentía el calor de su piel tersa.
Nubila sabía que no la vería más, porque aun amándola tanto debía borrar su recuerdo. Todo se había complicado; una de ellas debía sobrevivir. Así estuvo mejor.
Nubila puso punto final a esa relación que le impedía ser completamente feliz.
El recuerdo del hombre que amaba surgió en sus pensamientos y todo lo que dejó atrás ya no importaba.
Nubila subió presurosa al auto de alquiler. En la calle vio a una niña pequeña que sonreía. Le recordó a su hija, a Nabila. Un llanto lejano y angustioso ardió entre sus venas. Cerró los ojos y sacando fuerzas de flaqueza trató de olvidar cómo se retorcía el cuerpecito entre las llamas. Ahora era libre para amar, libre al fin...
Nubila fue hacia su hombre, hacia el amor. JLV

martes 15 de septiembre de 2009

Miseria


Llevarse algo a la boca, tras días de no hacerlo, fue tan doloroso como el hambre. Los labios de la pareja estaban cuarteados. Lloraron, tal vez de gusto, rabia o resignación. La saliva era una masa espinosa que raspaba sus gargantas.
Jamás olvidarían esa comida; sólo tomaron lo que estaba a su alcance. Instantes después masticaban tenazmente esa carne rancia y blanquecina.
La mujer alzó los hombros, y él dijo: Tu hija iba directo a la fosa común, qué más da; además, las ratas tienen mejor sabor. JLV

lunes 14 de septiembre de 2009

Conversos



Tan pronto el Verbo se hizo carne, aquellos caníbales fueron sacudidos por una fuerza superior, cimbrados hasta el tuétano dieron fe del portento y ofrendaron su cuerpo como templo a tan apetitoso milagro. JLV

miércoles 2 de septiembre de 2009

Todos somos Caín


El laureado escritor leía fragmentos de su nueva novela. El público disfrutaba, atrapado con la historia que trataba del plagio realizado por el hijo de un literato prestigiado a una reputada científica.
Todos sabían que la obra hundía sus raíces en la realidad y que el tema central había sido la nota principal de algunos diarios. "Todos somos Caín, por eso sonreímos cuando la sangre fluye", sentenció el autor.
El famoso escribidor estaba gozoso, pero antes de concluir su participación llegó su hijo, con pistola en mano, y disparó en repetidas ocasiones sobre el cuerpo de su progenitor.
Apenas unos minutos después de ocurrida la tragedia, apareció una historiadora que acusaba al descendiente del erudito por haberse apropiado de un cuento corto en el que se detallaba cómo el vástago asesinaba a su ascendiente durante una conferencia. JLV

lunes 31 de agosto de 2009

De emprendedoras


Lady Pucha recibe una herencia. Sabe que su dinero no debe estancarse; revisa diarios, contrata asesores y los envía a recorrer ciudad Mora para que investiguen en qué negocio invertir. Los asesores buscan y encuentran: cucharas.
Lady Pucha construye su fábrica de cucharas. Lamentablemente esa idea también nace en las mentes de lady Chocho, lady Cosita y lady Rajita.

Meses después ciudad Mora posee varias fábricas. Las cucharerías se atiborran con productos. De pronto no cabe ni una más. Ciudad Mora es la reina de la contaminación visual: "La cuchara es vida", "Cucharear o no cucharear, he ahí el dilema"... La demanda crece y la producción fabril no cesa.

Un día los moralinos no compran más cucharas. El efecto cuchara lastima severamente a las propietarias de las fábricas. Lady Pucha baja el precio. Lady Chocho lo reduce más que Pucha. Lady Cosita vende al 2 x 1 y lady Rajita regala sus productos a naciones emergentes para fingirse buena. Finalmente todas se deshacen de sus cucharas, despiden obreros, rematan máquinas y se van a sus mansiones a pensar qué nuevo negocio emprender.

Pasa el tiempo y las cucharas comienzan a estropearse, la gente adquiere nuevas, los comercios especializados agotan sus existencias, y ante la escasez su valor aumenta.

Ninguna de las antiguas emprendedoras viven ya en ciudad Mora, así que una tal lady Clit concluye que sería bueno construir una fábrica de cucharas. La misma idea germina en las mentes de lady Colita, lady Bollo y lady Felpudo.

viernes 28 de agosto de 2009

Bergerac


Antes de exhalar el último aliento, pidió que le sepultaran en un sitio entrañable; la última voluntad de Cyrano fue acatada: los restos del vate fueron depositados fervorosamente en su propia fosa nasal. JLV

martes 25 de agosto de 2009

Las Sempiternas



Cuenta Inesita que en los días de luna menguante las sempiternas bajan de los árboles para matar ancianos. Dice que son bestias de tres patas, con alcayatas por uñas y menstruo en lugar de saliva.
Mi amiga no miente, su abuelo fue muerto por unas sempiternas de las que llegan ahí volando sobre la sierra del norte. Su madre jura que bajaron del árbol más grueso del zócalo y luego anduvieron por todas las calles buscando viejitos. La mala suerte quiso que hallaran al abuelito.
Dice que las sempiternas rejuvenecen mientras mastican las carnes marchitas. A cada bocado va cayendo la pelambre que tienen encima y cuando acaban de rejuvenecer vuelan hacia la sierra.
Cuando eso pasa todos los pobladores entran a la iglesia, ahí rezan hasta que sale el sol. No tienen párroco, el último huyó despavorido cuando una de esas bestias se metió a su cuarto por equivocación, porque aseguran que parecía más grande de lo que era.
La próxima semana iré al pueblo de Inesita. Mi madre, con esa sonrisa extraña que pone cuando desea sorprenderme, me dijo que viajaremos ahí por la sierra del norte, porque ya es tiempo de que sepa para qué vine al mundo. JLV

lunes 24 de agosto de 2009

Causas de muerte


Midas yacía sobre la plancha del quirófano. El galeno, tras concluir la necropsia, dijo a los deudos: Una de dos, o falleció debido a las pepitas áureas que atestaban sus riñones o fue un infarto, los corazones de oro no duran para siempre. JLV

viernes 21 de agosto de 2009

Las que nadie quería


Marchaban en fila, como hormigas, y a su paso dejaban un olor de ceniza. Las que nadie quería llevaban a sus hijos sobre la espalda. Sudaban angustia y su respiración arrastraba recuerdos andrajosos. Su mirada entregaba cielos grises y esperanzas marchitas.
Caminaban con calles altas sobre la frente. Mujeres de ropa sucia y pies curtidos. No pedían nada; venían del hartazgo, o más allá. Fingimos ignorarlas y decidimos mirar aparadores. Nuestra nuca fue el muro donde chocaron sus recuerdos. Las hormigas podrían marchar por siempre.
Sabíamos que estaban ahí, soterradas y sumisas. Mirándonos desde la maleza, esperando un día claro para salir y mostrarnos sus miserias... pero nunca esperamos que, mientras les ofrecíamos la espalda, comenzaran a escupirnos mientras nos disparaban con esos viejos arcabuces. JLV

jueves 20 de agosto de 2009

Paquidérmica



El circo fue una jungla después de que la elefanta masacró al humano durante la función vespertina. Los payasos semejaban a hienas. Las bestias fustigaban contorsionistas. Los enanos crecían entre chismes. Los trapecistas se venían a pique.
Todo era un caos y las habladurías aumentaban: que si la progenitora era un aborto de la naturaleza, que si el hijo había heredado las mañas maternales, etc... Todo se juntó para que Dumbo, ya con una colmena dentro de la cabeza, levantara el vuelo lo más lejos posible de aquella fauna despreciable y rencorosa. JLV

miércoles 19 de agosto de 2009

Alicia en el camino del fin del mundo



El paisaje es gris; un camino largo que parece llevar al fin del mundo. La joven rubia avanza sobre una bicicleta. De su cabeza caen recuerdos, algunos innecesarios. Los recuerdos, al caer, estallan como huevos sobre la sartén. La chica es Alicia. Voltea y se despide con una sonrisa de los fragmentos de pasado que chisporrotean sobre el pavimento. Se detiene. Baja de la bicicleta y la acomoda sobre un pedazo de presente. Luego se aproxima para ver cómo hierven esos despojos de tiempo.
Mira con detenimiento, una tranquilidad dibuja la sonrisa en su rostro. Sus cabellos sostienen el cielo para que las langostas de rizos azules tengan un sitio para crecer. De sus ojos brotan naipes que se hunden en las costillas de los arbustos. Un conejo locuaz la saluda desde un ramo de nubes.
Alicia regresa al lugar donde dejó la bicicleta y sube a ella. Continúa su marcha por ese camino tan largo que parece conducir al fin del mundo.
Ahora todo queda en silencio como si el mundo fuera un ajo.
El felino despierta. Ve el cuerpo de una joven sobre el sofá; más allá la cabeza con los ojos muy abiertos y azules; los cabellos rubios son ríos de lava amarilla sobre la isla rojiza, brillante. El Gato de Yorkshire ronronea y desaparece; luego se materializa, se acomoda sobre la ventana y continúa soñando. JLV

martes 18 de agosto de 2009

La bella Papioka


Podríamos hablar de la bella Papioka, esa gorda cantarina que asoma al balcón cuando escucha los clamores del lechero. También sería interesante discutir acerca de la asfixiante situación económica. Cualquier tema, supongo, estaría muy ad hoc en esta noche sin estrellas.

No me mires así. Piensa que las cosas que principian llegan a su fin. No podemos perder más tiempo, así que iré al grano. Ya no deseo estar más contigo. No es nada personal. Simplemente considero que nuestra convivencia ha llegado al límite. Te molestan mis ronquidos, me desquicia tu verborrea crónica.

Sí, sé que dirás que me intereso en Papioka. No andas muy equivocada. Las mujeres rollizas de pechos generosos han sido mi debilidad desde mi más tierna infancia. Quisiera despejar esa duda. Papioka tiene un atractivo animal y me seduce. Lo nuestro es distinto.

Pero la cosa no va por ahí. Tengo que ser justo contigo. Hemos pasado años juntos. Me conociste pleno. Ahora soy diabético y mi visión empeora. Poseías una sonrisa hermosa hasta que tu dentadura fue víctima de la caries. No eras sorda y ya ves.

No estoy muy seguro del por qué nos alejamos. Nuestras idas al súper se hicieron menos divertidas. Ya no te agradaba que me robara un libro o dos. Tampoco era grato para mí ver cómo atropellabas a las vecinas con las bolsas del mercado.

Y sí. Me reprocharas que me volví más presuntuoso desde que la fortuna me favoreció y gané ese dinero que me ha permitido viajar por el interior del país. Acepto que mientras viajo y conozco lugares tú permaneces en casa. Piensa que lo hago por tu bien. Puedes sufrir mareos o bajas de la presión arterial. Sería criminal de mi parte llevarte por esos caminos de Dios y que, el día menos pensado, quedaras tiesa sobre la cama de un hotel.

En suma, quiero que nos separemos. Lo deseo y lo ansío. Sé muy bien que a una madre debe resultarle espantoso escuchar eso de un hijo, pero mi honestidad me impele a plantear las cosas de frente. Estoy a punto de cumplir medio siglo y debo hacer mi vida.

No seas egoísta. Mientras tanto bebamos este delicioso champurrado y recordemos juntos las penurias que vivimos junto a mi padre. Elevemos una oración por su alma. Es de humanos perdonar.
Por cierto, no dejes que los rencores aniden en tu alma. Muchas ancianas pasan los últimos días de su vida en un asilo. Cuando me veas entrar por esa puerta junto a Papioka serás feliz porque tu hijo es feliz. Piénsalo bien y deja de gimotear. Deja esos lloriqueos para aquellas madres que sólo han parido hijos ingratos. JLV

viernes 14 de agosto de 2009

Sodorra de Sidim



Temo a Dios y detesto a casi todas sus criaturas, menos a la Sodorra de Sidim. Sé de la bestia por unos textos adjudicados a la última virgen de Zeboim. Palabras más, palabras menos, asentaba que por las mañanas balaba y por las tardes se convertía en una caravana de ramas quebradizas que se hundía en el desierto. Dicen que se nutría de un arbusto hediondo que supuraba angustias por las noches y apagaba la sed con lágrimas de estatuas.
Precisaba que mucho se había fantaseado en torno a esta bestia de torpe balido, levantisca y micótica, desafortunada fusión de seres pertenecientes a los reinos, mineral, animal y vegetal y que, según testimonios antiguos, los de Adma solidificaban su orina y la convertían en gemas de variado valor.
De acuerdo con el manuscrito, las Sodorras de Sidim no son de fiar, arrojan el cardo y esconden la mano. Rejuvenecen con el dolor ajeno y el canto matinal de las nubes les provoca migraña. Tienen el aura de un color verde oasis, por eso lucen escleróticas en tiempos de guerra y fulinginosas en períodos de paz.
Casi al final, en la parte andrajosa de la última página, se lee que a pesar de la mala fama que se les imputa también otorgan alguna que otra buenaventura; quien posea la boca de su estómago tendrá más suerte que Birsa, pues todas las carencias económicas serán resueltas; el poseedor de tal órgano gozará de posición holgada de por vida, viajará fácilmente de una caverna a otra y accederá, sin invitación previa, a tertulias de vírgenes.
Si de paciencia están hechos los días, alguna tarde hallaré una Sodorra de Sidim que sorba mi infortunio con su lengua de arena, pues juran en Zeboim que convierte a los camelleros malolientes como yo en nobles apreciados a lo largo del Valle del Jordán. JLV

jueves 13 de agosto de 2009

Un beso frío y breve



La pensé muchas veces, durante años. No tenía la menor idea de que un día pudiera aparecer así, de la Nada. Mi cara de bobo en su pupila, luego ella rozó mis manos suavemente. Mi rostro entre sus manos era un melón y luego depositó el beso más frío y breve que he sentido en mis labios.

Años después la volví a ver. Estaba justo detrás de mi prima Minucia, colocando un par de alas en su espalda. Estaba enfrascada en sus labores porque no se inmutó con mi presencia.

Quise correr hacia ella, reclamar su actitud y cuestionar su labor. Mis pies eran plomo, mi pensamiento flotaba entre la idea y el sueño. La veía de perfil, concentrada en eso de poner alas, de presionar suavemente con la yema de los dedos sobre las partes que se abultaban y que daban una ligera idea de imperfección.

Minucia volteó para despedirse de mí y su mano se aferró a la de ella. Entonces se percató de mi persona y sonrió. Sus dedos rozaron una de las alas, con gracia desprendió una pluma y la aventó hacia mí. Luego empezaron a volar, se fueron haciendo más pequeñas entre esa combustión de nubes.

Desde entonces llevo la pluma prendida en mi sombrero. Cuento -a quienes me preguntan- que esta pluma cayó entre mis manos cuando dos águilas blancas peleaban en las alturas y que, además, posee ciertos poderes porque los temores se alejan cuando me abanico con ella.

Hace como un año la volví a encontrar al cruzar una calle. No había cambiado gran cosa, si acaso el peinado. Caminaba de prisa, con esas piernas largas y blancas que nunca he mirado en otro ser. Alcanzó al viejo gordo del bombín y se metieron al café de chinos, frente a la estación de ferrocarril.

Tomaron asiento junto a la ventana y debían estar molestos porque discutían acaloradamente. Entonces llegó la mesera y derramó café sobre ellos. Eso fue suficiente para acabar con la disputa; sin mayores preámbulos ascendieron al cielo, mientras el bombín caía sobre la mesa junto con una moneda.

Supongo que la veré nuevamente. No me asusta. De hecho me entusiasma su resolución y oficio. No sé a qué se dedica, pero evidentemente su labor está relacionada con menesteres que no son de este mundo. Bueno, veremos qué pasa un día de éstos. No tengo prisa en hallarla otra vez;llegará como esa primera vez que depositó el beso frío y breve sobre mis labios.

Si me ha de poner alas, que sean mayores que las de Minucia y no en color pastel. También le pediré, si es que se presenta la oportunidad, que vayamos al café Nelson, no al de chinos, porque en el Nelson las meseras son más bonitas y discretas, cosa que garantizará que mi ascenso a los cielos no se mastique en boca de cualquier pelagatos. JLV

viernes 24 de julio de 2009

Celoso


No la dejaba ni a luz ni a sombra. Aun cuando salía de la ducha su mirada la cubría del polvo. Tanto así la celaba que fue insuficiente tapar el sol con un dedo para impedir el reptar de gusanos dorados sobre la piel amada, tuvo que asir la esfera de fuego y arrojarla al mar para apaciguar el hervor de su alma. JLV

martes 21 de julio de 2009

Nubes



Cuando las nubes empezaron a caer pensamos que lo mismo ocurría en todo el mundo. Pero no, sólo fue aquí. Nadie lo tomó de manera trágica, más bien fue pura diversión.

Recuerdo que los cielos se hicieron más azules a medida que las nubes caían como cabellos de viejita y todos queríamos atraparlas. No pesaban mucho, era más bien como recoger risas.

Los niños corrían con sendos pedazones y algunas mujeres embarazadas se negaron a verlas, por temor a perder su producto. De cualquier manera nos emocionó tanto que nos sentíamos flotar.

La euforia hizo que algunos crearanvestidos con ellas; otros las utilizaron como peluquines; unos hicieron cortinas y muy pocos, yo entre ellos, decidimos probarlas. A mí se me ocurrió tomar una y empecé a morderla. ¡Coño, qué bien sabía! Sin pensarlo dos veces empecé a recoger todas las que pude, junté bastantes, todas las que pude.

Organicé un pequeño batallón entre mis familiares y pagué una mísera cantidad por cada nube recobrada.

Puse anuncios en los diarios y me dediqué durante un buen tiempo a la compra, cambio y almacenaje de nubes. Dado que la situación económica de mi ciudad no es buena, muy pronto reuní una impresionante dotación.

Empecé a guardarlas en la bodega de la casa de mi madre, ya que eran fáciles de comprimir y no ocupaban mucho espacio. Pero después tuve que rentar una nave industrial porque fueron demasiadas.

Para mí sorpresa vi que no se echaban a perder y su sabor no desaparecía, eran rendidoras y si esparcía unas gotas de vino tinto se esponjaban y duraban más. Una pequeña porción satisfacía de inmediato y un trozo del tamaño de una hoja carta podía durar para varias sesiones.

Poco tiempo después abrí un pequeño negocio: Nube´s Place. Ahí las vendía, primero en bolsitas, después en cajas desechables. La gente podía mezclarlas con entremeses, ensaladas o postres y, desde luego, con vino, aunque algunos descubrieron que el zumo de kiwi era fantástico. Era maravilloso, si no eran milagrosas por lo menos no afectaban a nadie.

Mucha gente saboreó mis nubes, digo “mis” porque poco a poco junté la inmensa mayoría de las que cayeron. El boom de las nubes o la efervescencia nubosa trajo sus consecuencias. Juan Pablo II dedicó una misa en la basílica de San Pedro en honor del manjar divino. Algunos dictadores se sintieron ablandados y dejaron en libertad a cientos de luchadores sociales. Miembros activos del FMI determinaron la condonación de la deuda de algunos países y... ahí empezó todo.

Y bueno, eso de vender nubes era gratificante hasta que el departamento de Recaudaciones empezó a fabricarme impuestos inexistentes e insoslayables. Algunos países del primer mundo pelearon en tribunales internacionales la paternidad nubífica. Gentes que ni conocía presentaron patentes de autenticidad y bla, bla, bla... Y entre una cosa y otra me fui desgastando, tuve que deshacerme de las que me quedaban para evitar la ruina y la cárcel.

Al principio los días pasaban lentos como una tortuga ciega guiando un rebaño de lombrices. Después todo se acomodó de nuevo. Últimamente he llegado a saber que, a la mayoría de los que me despojaron, les azotan repentinas tormentas de culpabilidad, ráfagas de desencanto, se les nubla el entendimiento y les llueven desgracias.

Libre de polvo y nubes vivo lejos de la ciudad. Casi siempre camino por la playa, ya no entre algodones. Lo digo con resignación porque el cielo, siempre azul, no deja lugar para el rencor.

Además, no vale la pena, siempre he sido hombre de trabajo y sé salir adelante. Ahora mismo, para tener algo qué hacer, enviaré mi primer cargamento de caracolas para que los beduinos escuchen el auténtico sonido del mar sin que tengan que abandonar el desierto. JLV

lunes 20 de julio de 2009

Niño de gris


El silencio sentó sus reales en esta comarca desde hace mucho tiempo. Los del norte y los del sur perdimos el habla, y el ánimo también. A veces nos entendemos a señas, cuando buscamos sentirnos menos sombra. Nadie sabe cómo pasó, pero recordamos que las cosas fueron mal desde el arribo de aquel niño vestido de gris, el de sonrisa de navío.
Visitó nuestros hogares, llamó a nuestras puertas y saludó sin rubor. Su vocecita de náufrago derretía cualquier isla. Y así fue casa por casa hasta que ya nadie más tuvo nada qué decir o permutar.
Ofrecía no sé qué cosas a cambio de una nada y cuando llegaba al arreglo convenido sólo decía: le tomo la palabra.
Desde entonces el silencio manda en este lugar. El niño de gris nos dejó sin habla. Ahora el único ruido que se oye son los pasos de la angustia sobre la hojarasca de nuestra soledad. JLV

domingo 19 de julio de 2009

De estimaciones



Por sus venas corre una sangre verbal y sustantiva. De los libros conoce más que de sí mismo. Por su mirada gatean palabras como ñiñas de pecho y en su eterna sonrisa las oraciones nacen dientes de leche. Se peina con estrofas la calvicie y limpia consonante sus orejas.
“Ahí va el hombre de letras”, canturrean a su paso sordomudos, lisiados, peteneros, libreros, lectores, hetairas y funámbulos. JLV

domingo 14 de junio de 2009

Obediencia



"Creced y reproducíos", dijo Pitágoras. Ni tardas ni perezosas, las tablas de multiplicar fueron las primeras en acatar aquel mandato. JLV

sábado 13 de junio de 2009

Kung Fu




A la memoria de Kwai Chang Caine

Casi todos entramos de lleno a nuestra muerte
como si alguien nos empujara de improviso
hacia un abismo de ardientes luces negras

Innecesariamente la vida nos toma de la mano
y nos muestra que los mitos son lo que son
porque la eternidad está hecha de esa sustancia
y los recuerdos no se crean ni se destruyen
porque sólo se trastocan

Y así, de pronto, desde Bangkok
nos llega la noticia
y tu partida nos toma por sorpresa
muchos creímos que ya eras inmortal
como esos dragones de fuego que gimen
desde tus antebrazos pero no,
eras de carne y hueso, un cráneo deshilado

Como hayas muerto es cosa tuya
David Carradine; apenas y te recuerdas
cosechando hortalizas porque aún rehúyes
la fama de tu padre y quieres encontrarte en las formas
del tigre, la serpiente, el mono o la grulla
siempre una mantis a la espera de algo

Con esa vertiginosa lentitud
de los 70, concentrado
en tu paquidérmico aikido fuiste
fiel a ti mismo y al zen hollywoodesco
convocaste hacia ti edades perdidas
y tu legado de héroe truena como Corn Flakes.

Nada sabías de kung fu
y a nadie le importaba
menos que le hubieras quitado su papel a Bruce Lee
aunque el Destino pusiera después las cosas en su sitio.

Tu flauta, supongo de bambú,
finamente adornada de murmullos
así aparecías de pronto, tocándola
bajo un árbol o a la orilla de un riachuelo,
siempre perseguido por una jauría de flashbacks .

Cultivaste a tu modo
la semilla oriental del arquetipo
arrojaste al abismo las estatuas de Mao
mientras nuestros corazones ardían como bonzos.

Jackie Chan, Steven Segal y Jet Li
otros guerreros de la hora efímera
ofician para ti como el árbol al río
o el tsunami a la isla
ni qué decir de Tarantino
o de Uma Thurman vestal que bailó
para ti como nube a la lluvia.

Así las cosas, mi Pequeño Saltamontes,
no hizo falta mar nada
ni efectos especiales ni ejércitos
de mortíferos ninjas
(aún no eran material de expropiación)

Y tu maestro, artesano del zen,
te veía desde esa ceguera sospechosa
y sonreía como sólo pueden hacerlo
las rocas más antiguas
aquellas que están más allá del mal
y de las producciones de bajo costo

Eran tú y sólo tú
torpe labriego sembrador de justicia
en ciudades a blanco y negro
con magros ingresos per cápita
con bares que impedían la entrada a indios,
chinos y mexicanos donde el racismo nació como pandemia
donde los extranjeros siempre
han valido menos que un perro

Y bueno, no se puede pedir mucho
pero hacías lo suficiente como para fingir demencia
y llegabas forastero como un sueño vespertino
con el aplomo de un suspiro autista
y un gesto de débil mental que derretía voluntades.

Experto en el ir y venir, en el flujo
y reflujo de las leyes de la mano vacía,
entre dollies y juegos de luces
bastaron 63 capítulos para llevar al mundo
tu palabra, predicar en el set
con bloqueos fustigar a los
mercaderes de cancerosos westerns
y al tercer día resucitar en algo
que se elevó a los sueños y se alejó de ti

Quién te viera Kwai Chang Caine
apenas ayer estabas con tu cabeza a rape
sobre unas dunas de tristeza polar
como pez olvidado en el desierto
y crisálida ahora estás ahí
a mitad de ese cuarto de hotel tailandés
repasando tu vida como péndulo

Descansa en paz, toma tu bolso,
la manta, ese bordón y tu sombrero
subamos con cuidado
por la escalera de la infancia
tú sigue, enseguida te alcanzo,
hay algo ahí,
creo que es un escalón,
un pedazo de isla,
un brazo de pirata
un ojo de silencio
una estrella sin diente
un oso bipolar
una pistola de aire,
un bostezo de azúcar
escamas que cambiaron de piel,
cosas...
avanza Kwai Chang Caine,
tú sigue
enseguida te alcanzo... JLV

sábado 23 de mayo de 2009

Clarita


Si me dieras la espalda besaría tu sombra y levantaría las plumas que dejas a tu paso...

Poco a poco empieza a comprender el mensaje que van dejando los pasos arrastrados de la vieja. Entre rezos y roces sus pasos dicen: estás loca Clarita, estás más loca cada día. Su mente no se altera, sólo toma las palabras y las ordena de formas variadas: loca Clarita estás día cada más estás más día loca Clarita.
Tiene que levantarse, debe hacerlo. Es hora de ajustar cuentas con la vieja. De pronto, al incorporarse, siente que la vieja es fuerte, poderosa aunque se oculte dentro de esa carne débil y quebradiza que huele rancio.
Y la mujeruca camina de acá para allá, con el rosario entre sus manos con uñas gruesas y amarillentas. Tres mechones de pelos blancos y tiesos sobre la frente. Un par de medias viejas cuelgan arriba de sus tobillos secos. La anciana es cómica. Clarita empieza a reir para sus adentros. La vieja es vieja. La vieja se avieja. Aviejaviejalavieja. Y cierra los ojos porque un río de sangre brota de sus cabellos y no la deja pensar más.

Si tuviéramos que decirnos adiós, lloraría porque tu recuerdo aún no ha sido lo suficentemente rasgado...

Agobiada por los días la vieja se detiene frente a la cocina. Hace mucho tiempo que la cueva de los aromas fue un sitio luminoso. Rincón donde los olores y las pláticas sazonaban los días. La familia de su hijo le parecía de fábula. La mujer hermosa y buena. El hijo amable y trabajador. Clarita, su nieta, la niña más dulce y risueña del mundo, la mejor comportada. Ahora observa la entrada de la cocina, ya sin puerta. La pintura cae como esos recuerdos.

Si tuviéramos que dejarnos de ver, lloraría porque existen paisajes detrás de esas montañas...

La niña toma la mano de su madre, parece un trozo de viento trigueño que cuelga de una casona verde que se mece entre los árboles. El rostro de la niña flota sobre un vestido rosa. Caminan hacia la abuela y sonríen. Su nieta y su nuera avanzan entre los árboles del jardín. Un viento azul las eleva por los aires. La vieja despierta espantada por esos sueños. Toma el rosario que tiene sobre su pecho. Se inclina hacia el frente, quiere ver si la nieta permanece tendida en el piso. Ya no está. Escucha gruñidos dentro de la cocina.

Si dejara de amarte caería de bruces sobre la tierra que escupe más silencios...

No me picoteen, no me picoteen, musita la vieja... La vida se le escapa a borbotones. Alcanza a ver su sangre. Es negra. Los buitres jalonean su cuello. Ya no llora.

Si has dejado tus manos en mi rostro, mueve los dedos quiero sentirme vivo...

Clarita, cuando no tiene nada qué hacer, busca las estampillas que guarda, esas que pertenecieron a su madre, piensa que al mirar el rostro de la muchacha de pómulos salientes y labios rojizos su furia disminuirá. Pero la cara de la anciana le obsesiona: las arrugas negruzcas, todas las maldades del mundo enterradas dentro de esos surcos, su lengua morada, los ojillos entrecerrados, la mirada de hambre, penetrante, colorada.

Si ha llegado el momento de arrancarnos la piel, mi sangre está lista para regar el mundo...

La anciana sale de la casa. Está convencida que la muerte llega cuando menos se espera. Ella que deseaba morir sobre su cama y ahora lo hará lejos, tendida bajo un sol que secará sus carnes flojas. Camina, avanza lentamente porque no esperará a que Clarita salga de la cocina y continúe con sus agresiones. Ya no desea más. No puede soportar más porque todo se ha convertido en un vicio. Abuela y nieta peleando a diario. Ambas viviendo de recuerdos, en instantes idos. Ya no le importa qué pasará con Clarita. Tal vez la encuentren muerta o más loca. Sucia y desgreñada en el centro de la casa. Y ella, sus huesos, blanqueados por las lenguas del sol.

El doctor hace tanto que no viene. La edad, tal vez. O la mujer esa con la que se desposó hace cinco años. Cuando su hijo vivía los visitaba cada seis meses. Luego empezó a ir cada año. Cuando se percató de la enfermedad de Clarita dejaba dotaciones de medicamentos. Luego dejó de ir. Y la medicina acabará como cualquier remedio.

Si has vuelto a mirarme, fíjate bien que ya no soy una estatua de sol...

Clarita lanza la cuchara de plata sobre el rostro de la anciana. El ruido del metal contra la cara suena seco. La vieja levanta la vista hacia Clarita. La joven se muerde el labio inferior y comienza a hablar.

—Ya no te soporto.

—Clara, estás loca. El doctor vendrá pronto. Traerá más medicina para que te compongas, pero mientras eso ocurre, ya deja de agredirme. Eres como un cachorro de perro. ¿Recuerdas al pequinés que te regaló tía Justa cuando cumpliste tres años? Era insoportable. Gruñía a todo lo que pudiera moverse. Arrasó con zapatos y pantuflas. Así estás ahora. Eres un cachorro de perro de Pekín.

Si la memoria no me falla, no recuerdo desde cuándo te he amado...

Con cierta calma la anciana cerró nuevamente los ojos y continúo sus oraciones. Clarita se levantó con rabia, aventó la silla hacia un lado y comenzó a trotar alrededor de la mesa.

"Es una vieja rata, es una vieja inútil", piensa Clarita mientras su cuerpo empieza a humedecerse a cada vuelta. De pronto se lanza contra la pared. Siente el golpe en la frente, un vacío espeso y doloroso danza en medio de sus pensamientos. Luego se tira al suelo y con el piso frío bajo la espalda queda mirando las figuras que forman las sombras del techo.

Si acaricias mi rostro sentirás el latir de los años danzando en mis arrugas...


Ahora ya vuelan sobre ella. Tal y como lo imaginó tantas veces. Esas aves enormes, desgarbadas, de mirada fija y pico retorcido. En poco tiempo estarán sobre mí, piensa la vieja. Mi muerte será lenta, pero más rápida que mi vida. No sé si recordaré o el terror será tanto que mi mente estará en blanco. Siente la lengua seca. No ha probado agua desde hace días. Sus piernas ya no las siente. De vez en vez le llega el tufo de su cuerpo, de sus excrementos. Luego algo la distrae. Una nube que se deshace en el aire. Un objeto que cruza sobre la luna blanca. La necedad del sol sobre sus párpados. Su piel marchita que cruje al quebrarse como un bolillo duro.

Si un día me recuerdas, piensa que ya no estaré regando más tu tumba...

Sólo unos pasos entre ella y Clarita. Pasa los días pensando que un día, cuando la enfermedad avance, la muchachita tomará un cuchillo y lo clavará en su pecho. Cierra los ojos porque el dolor será terrible. Sus huesos crujirán, sabe que se harán polvo al paso del metal y ella caerá como las súplicas. Si fuera más joven para poder correr y salir, pero no puede. La puerta de la casa está muy lejos. Tendría que caminar demasiado, días tal vez hasta llegar a la puerta. Sabe que el cansancio sería lo de menos, pero no soportaría morir bajo el sol. Los buitres empezarían a rondar en círculos. Primero alto, luego irían bajando y ella tendría los ojos entrecerrados para no sentir los rayos del sol. Después vería bultos, escucharía graznidos, aleteos. No, no podría ir hasta la puerta, sería demasiado. Ahora que ve el rostro de Clarita siente una ternura blanda como de parafina. Apenas ayer era una niña tan seria y obediente. Hoy es un animal y la odia a muerte. Clarita podría llegar a la puerta en pocos días, saldría hacia la calle y cruzaría los puentes de marfil.

Si una boca pronuncia nuestros nombres, bésala y déjala que cante...

Un ruido la despierta. Clarita gruñe. Ve al ratón que avanza hacia ella. Intenta capturarlo. El animal se oculta detrás de la despensa. Clarita mueve el pesado mueble, ahí están dos cajas de medicina. Algo le dice que destape las cajas, que tome las pastillas, que beba agua...

Un ruido le trae aquí de nuevo. El vaso que estaba cerca de su codo yace quebrado en el suelo. Clarita observa todo a su alrededor. Qué vieja está la cocina. La casa se cae. Ha pasado tanto tiempo desde que están solas: ella y su abuela. Lo ha decidido: Se marchará de ahí con su abuela. Empieza a llamar a la vieja. Quiere compartir con ella su decisión. Ya no es tan niña y le ayudará hasta llegar al pueblo. Se llevarán los papeles de la casa, la venderán y abrirán un negocio. Ella sanará porque verá al doctor con frecuencia y caminará con la abuela por las calles del pueblo. La vieja no responde.

Si un día dejamos de sentir estrellas que la noche caiga sobre los otros.

Desaparece la tristeza de la vieja. No hay miedo ni temor. Ve a la niña que parece un viento magenta prendido a la casona verde. Le llaman. Vienen por ella. No escucha nada, también sonríe le da tanto gusto escuchar la risa de su hijo. En la casa no hay ruidos. Portazos que da el viento. Un llanto lejano, si acaso, apenas un gemido.

Si un día escapamos de los odios, tendámonos sobre el césped para ver cómo danzan las nubes...

miércoles 20 de mayo de 2009

Papamóvil


Para Dragón de Azúcar

Su Santidad guiaba aquel vehículo como si fuera piloto de la Fórmula Uno. Intrépido cual arcángel vengador, cruzaba calles y avenidas pasándose por la sotana ordenanzas viales y luces de semáforos. Sabía que saldría sano y salvo porque conducía un auto de fe. JLV

Última pregunta


—¿Nuestra vida transcurre dentro de una pecera?, inquirió tristemente Jonás a la ballena, tan sólo un segundo antes de que los dientes de ésta trituraran su cuerpo.
—Puede ser, respondió con pesar el cetáceo; los restos de Jonás ya se mezclaban entre los ácidos gástricos que burbujeaban sobre el cráter de aquel volcán a punto de hacer erupción. JLV

viernes 15 de mayo de 2009

Tres tristes cerdos


NEVERLAND.- Por cometer allanamiento de morada y daños en propiedad privada, un lobo fue denunciado por tres cerdos iracundos, quienes fueron atacados en sus respectivos inmuebles por la fiera sedienta de sangre y venganza, pues tras el reciente brote de influenza porcina, decidió acabar con los puercos para seguir con el ejemplo de sus similares egipcios.
Uno de los porcinos, cuyo inmueble estaba fabricado con paja y material flamable, fue testigo de cómo la bestia —a soplidos ininterrumpidos— derribaba su morada.
El segundo afectado narró que el animal también empleó un método similar para echar abajo su construcción de madera —basado en la primitiva demolicón eólica— misma que sucumbió en cuestión de minutos, ante el azoro de testigos que circulaban por las inmediaciones.
Ante tal situación, los muy puercos decidieron salir precipitadamente para refugiarse en la casa de su otro hermano —un prominente ingeniero civil y rico empresario del ramo de la construcción—, y ya dentro del sólido hogar (fabricado con cemento hidráulico de alta calidad) soportaron los embates del desquiciado depredador.
En tanto, agentes de la Policía de la localidad se apersonaron en el hogar del chancho industrial y aprehendieron a la bestia que manifestó vivir en el bosque próximo a esta capital y dedicarse a la recolección de ropa vieja.
Mientras era conducido a la comisaría, vociferaba que era influyente y que tarde o temprano acabaría con esos marranos, autores intelectuales y materiales de la pandemia que azotaba al país.
Finalmente, el lobo enloquecido fue turnado a la presencia del Juez, quien resolverá en breve su situación jurídica. JLV

viernes 1 de mayo de 2009

De pandemias



Entre nubes cansadas
y atenores de dudas tornasoles
el ojo lava a mano su pasado y
aromatiza píloro un dejavú azulado.

Esclerótica duerme sobre un sobre sobrado
pese a las advertencias de don Fémur
valedor irredento de ataraxias.

¡Bah!, minucias solamente,
dijeran las Meninas de cejas uterinas
en su filosofal depilación de axilas.

Desde tu nuez mi sonrisa saluda
coquetea dulce Esclerótica a Fémur
estremecido en su furor de estatua.

De quién fue la brillante ocurrencia
de agraviar a los cerdos con influenzas
o de injuriar a las aves y sus fiebres…
ni Dios mismo lo sabe.

Esclerótica, de infeliz cubrebocas,
escupe, echa pestes y lanza tangas
a pandemias, a virus y troyanos. JLV

jueves 30 de abril de 2009

De diarios



Querido diario:

Hoy estoy melancólico y el recuerdo de mi padre nubla cualquier posibilidad de alegría.
Lo extraño tanto que —no me duele confesarlo—, odiaba hasta su sombra, porque después de las cuatro de la tarde, invariablemente, ponía sus ojos en blanco, como huevos cocidos y empezaba a balar.
Y no es que me importara que mis amigos se rieran de él. Total, la gente se ríe de cualquier bobería. Pero uno, desde lo más hondo, siempre desea que los seres amados no sean tocados por los demás ni con el pétalo de una risa.
Algunas veces pasaba la vecina y él apretaba esos glúteos enormes; la mujer serenamente le decía: "Hola don Emeterio, cada vez pellizca usted mejor"...
Por lo demás, era un señor normal como cualquiera. Es cierto que se quitaba las piernas para dormir —nunca lo negaré—, pero el dedo gordo de su pie le causaba profundos malestares.... Carajo, siempre sospeché que tenía gota y nunca fue con el veterinario.
Una vez, me parece verlo, sin más ni más extrajo su dentadura con todo y maxilar inferior...
—¡Papá,no hagas eso, es de mala educación sacarse los dientes cuando uno come!, dije.
—Tenía comezón, contestó. Tan inocente como era, luego rió y escupió la lengua.
Por eso, cuando dan las seis y media —más o menos— su imagen empaña algunas tardes y las convierte en mendrugos.
Me hubiera gustado ser como él, aunque mi sombra dice que no todos tenemos el don de la simpatía.
Bueno, a veces he pillado a mi perro atacarse de risa cuando introduzco mi mano por una oreja y la saco por la otra... Pero eso es harina de otro costal.
Debo partir, es hora de colocar nuevamente cada uno de los cabellos que me arranqué mientras escribía.
Hasta mañana, querido diario... JLV

martes 28 de abril de 2009

Un clasificado



Por Apocalipsis, Jinete remata corcel. Montura seminueva. Apresúrese, queda poco tiempo.

lunes 27 de abril de 2009

Masacre



Justo cuando las aguas sofocaban las llamas de miles de corazones egipcios y los antiguos esclavos del faraón —esas sombras melosas— reptaban tras Moisés—, el Mar Rojo —partido en dos por la matanza— se convirtió en un mar de lágrimas. JLV

sábado 25 de abril de 2009

Mariposas amarillas


El ornitólogo se enorgullecía de su colección de insectos, pero sobre todo de esas mariposas que --cuando amó intensamente -- revoloteaban dentro de su estómago y a diario salían volando por su boca como párpados amarillos de tuerto rencoroso. JLV

viernes 24 de abril de 2009

De aves


Madame Latubisse estaba harta de todos, y de todo. Cansada de arropar órganos entre sus piernas, decidió que el momento de partir había llegado. Desabotonó su blusa, la arrojó a un costado del lecho circular y se recostó; cerró los ojos y esbozó una inusual sonrisa: sus senos blancos y diminutos agredieron al aire con dulzura.
Trató de relajarse mientras su amigo llegaba. Había adiestrado muy bien a esa ave; le enseñó que no debía sacar ojos... los corazones saciaban mejor el hambre.
El cuervo llegó, los helechos apenas dejaban ver una porción de su ojo enorme.

miércoles 22 de abril de 2009

Vocación



¿Sabía el niño lo que hacía? Sí, porque la galaxia que flotaba dentro de su corazón murmuraba su nombre. Se adentraba en sí mismo para verla, una y otra vez, y entendió que el universo sería su hogar verdadero.
Entrenó arduamente. Cuerpo y mente fueron cultivados durante años porque un astronauta debería estar en óptimas condiciones. Leyó todo lo relacionado con viajes intergalácticos. Abrevó de las memorias de Yuri Gagarin e, incluso, llegó a superarle.
Logró —después de muchos esfuerzos— entrar a la NASA. Siguió todas las indicaciones, pasó por todo lo que tenía que pasar, y alcanzó la meta.
Ahora viaja en el transbordador Fénix II y eso que ve lo desconcierta: si la luna no es de queso, por qué esa rata enorme la devora con fruición. JLV

lunes 20 de abril de 2009

Consolación



Para Dragón de Azúcar

Avanzamos con temor. Nuestras manos palparon la rugosa piel y, con un nudo en la garganta, dejamos que las lágrimas hablaran. Una honda emoción nos invadió. Creo que el muro entendió nuestro sentir, porque desde entonces dejó de lamentarse. JLV

domingo 19 de abril de 2009

Instrucciones para cazar palomas


Tu autor favorito participa en un coloquio internacional que se realiza en la ciudad que habitas. Lee tres estupendos textos. Durante la sesión de preguntas y respuestas es interrumpido constantemente por el moderador.
Ahora toca el turno a un literato local que inicia su monótona lectura.
Aburrido, sales y te recargas sobre una fuente. Alzas la cabeza y ves palomas que vuelan en semicírculos bajo un manto negro. Recuerdas que llevas una resortera en el bolsillo de tu pantalón.
Siéntela. Ya la tienes en la mano y colocas una piedra, estiras la liga, apuntas hacia las aves y disparas el proyectil. Tu puntería anda mal. Repite la operación. Cada vez estás más cerca del objetivo.
Respiras hondo y sientes que llegó el momento. Te concentras, disparas y la piedra cruza entre dos palomas que se alejan. Piensas que fallaste, pero en ese momento ves que una estrella se precipita como ave herida sobre el presídium.
El público grita. Tu autor favorito levanta el astro sangrante que yacía dentro del cráneo vacío del moderador.
Te observa… también a la resortera que sostienes en la mano. Se aproxima hacia ti. En la mano lleva un libro de su autoría; escribe una dedicatoria y estampa su rúbrica.
Jamás olvidarás esa noche. JLV

sábado 18 de abril de 2009

Instrucciones para dejar de fumar



Cerca de usted fuma la anciana. Mírela bien: su mirada parece perdida y de su boca desdentada surgen volutas de humo. Las puntas de sus dedos parecen pétalos amarillentos y crujientes y usted no desea acabar así.
Todo sea por sus pulmones.
Acérquese sigilosamente y arranque el pitillo de esos dedos marchitos; arrójelo al piso y destroce el cilindro letal con la punta del zapato.
Ahora tome esa blanca cabecita, ponga su antebrazo bajo la barbilla arrugada y temblorosa; con la otra mano gire bruscamente ese cráneo de cartón y rompa el cuello. Perfecto: eso es precisión.
Ya está en la ruta que conduce a la eliminación de ese vicio tan feo.
Descanse.
Reponga energías. Mañana prosiga su cruzada, aún quedan más fumadores en el mundo. JLV

lunes 16 de marzo de 2009

Currículum Vitae


Nombre: Atila Cienfuegos
Edad: 62 años
Profesión: Licenciado en Derecho
Estado civil: Viudo
Fecha de nacimiento: 30 de febrero de 1948.


FORMACIÓN ACADÉMICA: Esc. Primaria: Héroes de la Patria Esc. Secundaria: Instituto Libertad Esc. Preparatoria: Instituto Militarizado Esparta.
Estudios Superiores: Universidad Militarizada Campus N° 1
Posgrado: Especialidad en Control de Disturbios, por la Universidad Militarizada Campus N° 1.


EJERCICIO PROFESIONAL:
1968: Miembro del batallón Troya.
1971: Teniente encargado del adiestramiento de ai kido de la sección 69 del grupo Cuervos.
1972: Guardia diplomado con funciones múltiples y observacionales en la embajada de Santiago de Chile.
1974: Miembro del grupo Felinos, adiestrados en guerra de guerrillas y pioneros en el combate contra la guerrilla campesina.
1975-1978: Miembro del grupo Asfalto, encargados de controlar, reducir y eliminar a los miembros de la guerrilla urbana Liga 6 de enero.
1976-1978: Capacitación como líder de avanzada en West Point. Adiestrado para seccionar, perfilar y minimizar riesgo en las avanzadas presidenciales en los barrios considerados como conflictivos de la ciudad capital.
1979-1981: Diplomado en técnicas de coptación de pandillas, movimientos urbanos y técnicas de movilización para civiles simpatizantes del Estado.


HOBBIES:
Natación, equitación, carrera a campo traviesa, prácticas de tiro, kempo, tai chi, cursos de liderazgo y dianética.
OTROS:
Escritor: Ganador del premio Pinochet al mejor cuento corto miliciano, (mismo que a continuación se adjunta).

SUEÑOS GUAJIROS
(Premio Pinochet al mejor cuento corto miliciano)

Por: Atila Cienfuegos
El tiempo se acaba. No puedo decir demasiado. Ellos me persiguen. He intentado penetrar en algún departamento del piso tercero. Los oigo subir las escaleras. Escucho sus pisadas. Me oigo la sangre en la garganta. Escupo. Que espeso es el miedo. Afuera se oyen gritos. Una enorme bestia de múltiples voces me persigue. Los truenos, los truenos...
Apenas hace unas horas estaba dormido en mi cama. El Ché mirándome desde la pared rosa. Mi ropa regada por el suelo. Mi madre cantando en la cocina, su voz iluminando la casa. Mi perro ladrando porque mi padre llegaba.
Mis manos sudan. Mi carne se vuelve agua. Este pantalón de mi primo impide que camine bien. Voy de allá para acá. Nadie asoma a las puertas. Esas luces rojas, después las verdes. Me cago en la puta madre. Si Dios existe debe andar por Vietnam. Cómo madres vine a dar aquí. Por qué tuve que venir a ver a estas pendejas que conocí en el Tres más Tres.
Veo a mi madre. Sabe que vine por estos lugares. ¡Carajo, carajo! Ya vienen, los escucho más cerca...
(...)
—Qué hago con este pendejo, mi teniente.
—Nada, amontónalo con los otros. Por qué le disparaste
—Se llevó una mano hacia atrás. Pensé que sacaría una pistola, luego vi que era una credencial de estudiante.
—Está bueno, no hay pedo. Mientras menos pendejos, mejor...

miércoles 11 de marzo de 2009

Ésa última moneda


a.
Los hombres sudan recuerdos
Arrullan rostros alas y persianas
Ecos de bares lejanos arrastran sus pasos
Las miradas desovan parpadeos
Nada ha cambiado

b.
El sol hace acto de presencia
Las aves secan tonadas en los cables
Templos duermen oraciones
Mis manos dan sus primeros pasos
Podan cabezas entre orejas
Zurcen miradas con saliva
Patean lenguas que no ven lo que dicen

c.
Mi vecina tiende su trasero en el patio
Camina con los pies en la tierra
Tiembla todo a su paso
Mis testículos flotan entre ropa recién lavada

d.
Respiro entre mis manos
De tarde en tarde
Las nubes acechan
Dejan caer su llanto en las ventanas
Aún huelo a cadáver

e.
Hartos ya de su sombra
Los murmullos se mecen
Juegan a caminar sobre mi espalda
Estiran tardes flojas

f.
En esta tarde de piel gris y escamosa
El frío tirita bajo cero y si el cero es la nada
Y si de ahí venimos pues borraré mis ojos
Piso en el muro la sombra de mi sombra
Y escupo
Sólo escupo lupas
Porque no hay más nada qué hacer

g.
El cielo no usa vestido azul
El sol quiere pintarse rayitos en la noche
Las aves ahogan sus plumas y reman entre nubes
Qué más puede pasar en una tarde
que no cree ya en sí misma

h.
Los cuadernos están en blanco
Y las grafías se dispersan en semillas
No sé qué persigo
Si el tiempo pierde la línea
Ballena que muere gordamente a mis pies

i.
No sé si es demasiado tarde
Ni si esta tarde es demasiado
No sé demasiado de las tardes
Tardé demasiado
No sé

j.
Ya es de noche
Y las sombras juegan a todo lo que dan
Porque en esencia una sombra de noche
No es lo mismo que una sopa de letras
Ni un caldo de ala de tiburón sabe igual que una doncella al mojo de ajo

k.
Es de noche y camino
Avanzó hacia un palabra lejana
Hacia el agua
del fuego que conversa

l.
No puedo contar conmigo
Ni contigo
Allá voy

m.
Con el corazón vacío
Los sentimientos caen a pedazos
No tengo tiempo de alzarlos
Ya para qué

n.
Si en estos tiempos al ojo del amo
Le salen huracanes entre los pastizales
Voy hacia allá porque no tengo más a dónde ir
Porque las puertas gruñen
Enseñan los dientes a viajeros

o.
Picaré el ojo de la luna
Y todo se cubrirá de blanco
Hasta mis sueños húmedos
Esos que no logro recordar por las mañanas

p.
Mira la palma de mi mano
Sucia y gastada de promesas
Aquí escribieron mi destino
Todo está confuso
Nadie podrá leerlo más

q.
Y a todo esto me voy quedando solo
Ya ni el espejo me refleja
Tomaré del polvo lo que me corresponda
Apretaré mi cinturón
Indagaré en las grietas
Tal vez ahí y sólo ahí
El silencio me escuche plenamente.

r.
Miramos caer la tarde. Si en el cero está escrito que nada es un momento y que la otredad nos espera con los brazos abiertos entonces lijemos nuestros rostros, hasta dejarlos suaves y blancos.

s.
La esperanza. La tuve guardada en el bolsillo pero mi madre no tenía para darnos de cenar y así que le obsequié esa última moneda.

t.
Aquí estamos de nuevo
Entre gritos y gente protestando en las calles
El mundo es angosto e impropio
¡Dios salve a las hormigas!

u.
Sembré un arcoiris hace tiempo.
Lentamente igual que cae un hombre sin honor
Frente a un ejército de mentiras.

v.
Nada más qué hacer.
Una angustia muerde mi ojo de polvo.
La gran mano limpia el cielo azul y borronea no sé qué
Creo que son aves

w.
Nada ha cambiado
Las miradas desovan hombres
Arrullan rostros alas
Ecos arrastran pasos parpadeos
Persianas sudan recuerdos

x.
Amanece en mis uñas
Nunca es tarde para mutilar pestañas
Y perderse en la noche

y.
Ya es hora de amar a esta mujer de paja
Debo peinarle y maquillarle
Embellecerla hasta que se envilezca
Encenderé la hoguera

z.
Limpio mi rastro de hojarasca
Murmullos brincan sapos agitados

Soy este hueso sediento entre la arena

lunes 9 de marzo de 2009

Autobiografía de un arrimado


Roncaba Dios el día que nací. Sin nadie para consolar, lancé a gatear mi llanto por el mundo. Mi padre, creo, fue un títere de pulmones alegres que me desheredó antes de la merienda. Mi madre, la muy anárquica, iba de casa en casa despepitando nubes cada cinco minutos.
Podría sofreírme y decir: Pobrecito de mí, cuánto he sufrido. Pero no, para qué. Mejor sigo cortándome las horas, haciendo gárgaras con la baba de mi lento avanzar.
Con el ojo izquierdo olvido mi pasado. Con el derecho recuerdo los días de tuertos, las vacaciones de sábana santa y las púberes zarigüeyas que nos lamían del polvo al barro.
Un día extirparé la espinilla que se infla sobre mis entelequias, luego la plantaré para que surja un árbol de centollas; será mi herencia para la sierra madre oriental y sus hijas, las huellas genitales.
No pretendo hablar más, sólo soy un invierno débil y patizambo. No quiero que me recuerden... me hundo en este par de paréntesis que cuelgan de mis orejas. JLV

viernes 6 de marzo de 2009

Un abrigo


El taxi avanza con paso de bestia recién alimentada. Más atrás, un convertible rojo se aproxima. El auto de alquiler entra a una callejuela. El otro vehículo sigue en línea recta y dobla a la izquierda dos calles más adelante; luego se detiene. Alguien abre la portezuela del convertible y lanza sobre el pavimento el cuerpo desmadejado de una mujer pelirroja envuelta en un abrigo.

Cuando el taxi sale de la callejuela, gira hacia la derecha; luego continúa dos cuadras y tuerce a la izquierda. Una hembra de cabellos colorados y muy abrigada hace una señal para que se detenga.

Calles adelante el conductor observa por el espejo retrovisor. No hay nadie en el asiento trasero, excepto la prenda que cubría a su pasajera.

El ruletero que levantó a la pelirroja tiembla de terror en el psiquiátrico.

Un amante llora. Recuerda cómo enterró una y otra vez el puñal holandés en el cráneo de su pareja infiel. Sonríe tristemente porque su orgullo fue lavado con sangre.

La del cabello rojo dibuja su propia muerte frente al espejo. Después se vuelve tigre y roe sueños en el interior de una jaula húmeda y fría.

Días después llaman a la puerta de la casa del amante asesino. Un mensajero de rostro cadavérico le entrega en propia mano el abrigo atigrado, recién salido de la tintorería.

La hoja amarillenta donde leí esa vieja historia rueda ahora por la calle, busca la protección de un poste. JLV

sábado 28 de febrero de 2009

¡Tras!


El hombre se partió como una semita; luego, un crujido: ¡tras! No sólo fue él, hubo muchos más. Después, un ruido metálico creció como una gran ola; primero en el plató, después en todas partes.
—Es increíble, dijo el fino abrecartas. Un milagro.
—Simple divertimento, contestó la cuchara mentalista: apenas usamos el uno por ciento de nuestra psique. Quebrar humanos —como se ve— es la mar de sencillo. Paciencia: vendrán cosas de mayor trascendencia. JLV

viernes 27 de febrero de 2009

Brazo justiciero


Ésa mañana San Zíbar arremetió en contra de lo incrédulos. Golpeó a cientos y ultimó a una decena. San Dios lo veía acometer a los infieles con bravura digna de sarraceno.
“Es mi brazo justiciero, lástima que sea tan crédulo”, pensó, mientras admiraba su buena percha frente al espejo. Recordó que aún tenía mucho por hacer, pero antes se ejercitaría en las artes de la levitación y decidió caminar sobre las aguas sus 20 minutos reglamentarios, para no perder la forma. JLV

martes 24 de febrero de 2009

De logros III


Los hiperbóreos jamás padecieron hipoacusia. Omnívoros, el hipopótamo fue piedra angular de su alimentación. Aferrados a las ramas de su abolengo, practicaban la dialéctica del arriba y abajo con singular maestría, de ahí su afición por el cultivo de la hipérbole. Asimismo, por su gran claridad de pensamiento recolectaron los frutos insospechados del instante, y a la hora de escribir textos hiperbreves mantuvieron la liana narrativa con irreprochable hiperrealismo. JLV

lunes 23 de febrero de 2009

De naufragios


Para nadie es un secreto que cuando una embarcación se va a pique, las ratas toman la delantera para abandonarla; por esa razón, los gatos hidráulicos siempre son los primeros en llegar a todos los naufragios. JLV

domingo 22 de febrero de 2009

De reversa


Intimar entre crustáceos es un acto de fe, masculló Mr. Archibald aquella noche de verano. Lo embarazoso estriba —prosiguió— en que el tris-tras-trus de sus tenazuelas impide conciliar la lucha de contrarios. Acto seguido, caminó rápidamente en reversa con su orbe a cuestas, ante la bucólica mirada de un par de caracoles cuyos hogares habían sido expropiados al alba. JLV

sábado 21 de febrero de 2009

De logros II


En Liliput las noches son minúsculas y las mañanas breves. Sus habitantes desdeñan al futuro y trazan metas a corto plazo. Desde antes de la llegada de Gulliver a sus tierras ya eran famosos por sus rebaños de pulgones y cultivos de plancton.
Practican la concisión como una de las Bellas Artes; evitan las discusiones prolongadas y las novelas-río, por eso conquistan —con frecuencia— galardones en certámenes de haikús y relatos breves. JLV

viernes 20 de febrero de 2009

Memorias de improbable orfandad


I
Un cura flatulento reza las oraciones. Exhorta al prisionero que asuma su crimen y pida perdón al Dios que vigila con cierto disimulo. El animal se retuerce, ya no ve. No es nada. Todos se han vuelto un ojo enorme. La euforia cesó. Las respiraciones espaciadas aguardan el final del espectáculo.

II
Las mujeres forman un abanico que se abre y cierra a nuestro paso. Yo voy al frente. Mis ojos recorren rostros. Veo la negrura del odio en las miradas. Bilis amarilla exhalan las viejas, pero sólo nos ven a nosotros, torpes como gusanos. Los niños lanzan tomates, coles pútridas. Una morena de pechos enormes escupe sobre mis pies. Imperturbable avanzo, como si nada. Mis manos empuñan con fuerza la madera.

III
Me duele no haber heredado esa fuerza, hubiera querido sostener sobre mis hombros a un hijo, avanzar con él sobre los jardines y renacer en pasto.
Jamás lo haré, con un hijo de asesino basta. Que los neonatos naveguen en el limbo, este verdugo los dejará salir como renacuajos en túneles de carne. El cuerpo tiene sus necesidades y las satisfago como puedo. Total, es como comer o alimentarse, una necesidad más. Nunca engendraré vástagos, no lo haré; impediré que mi conciencia cargue otro fardo. Ni asesinos ni verdugos. Yo cargo con mis culpas, nadie más.

IV
Una gorda se pedorrea frente a mí, le doy un mandarriazo por el culo, y la risa nos cubre con su manto de miasmas. Quiero salir de aquí, escaparía muy lejos.

V
Aquí no hay nada. Los señores hurtaron lo que había de valor y el resto al pico de los buitres. Sólo queda esta casa desportillada, una barda maltrecha y miles de agujeros en el suelo. Algunas paredes palpitan como buches de palomas.

VI
Levanto el hacha y la dejo caer. Escucho el hueso que truena como rama; la piel escupe sangre y grasa sobre mi traje de verdugo. Respiro tranquilo. Cierro los ojos y en ese suspiro de descanso que contiene la plaza me doy por bien servido.
Aprendí a esperar como el metal. Me oculto en este saco de carne, espero mi momento. Dejo caer el instrumento, abro la piel, quiebro el hueso, aspiro el aroma de la sangre.
Cierro los ojos, todos desparecen; el mango de mi hacha me sostiene y en momentos como éste es cuando más deseo un abrazo afectuoso, una mirada, la desnudez del muro.

VII
Vengo a este sitio muy de cuando en cuando, una vez por año, cuando tengo que hablar conmigo; me alejo de saltimbanquis y meretrices y retorno a esta costra seca. Padezco la imperiosa necesidad de recorrer recuerdos con desnudez de adobe.
Y si alguien pregunta qué hago aquí, diré: Me interesa comprarlo, ¿sabe quién es el dueño?

VIII
Dicen que el tiempo es lo de menos. En un parpadeo, pasé del baño colectivo de la casa de huérfanos a estos túneles oscuros y pestilentes. Muchos cielos cayeron desde que me llevaron a rastras a ese nido de violadores y ratas. Me alejaron de aquí y patearon las migajas de recuerdos que arrojé sobre el sendero. En un momento todo se volvió amargo, gris. Mi estancia en el asilo fue como soga para el ahorcado. Estaba acostumbrado a ver el horizonte, a los atardeceres que pastaban . Perseguía tigres de luz en cometas de nubes.

IX
Toleré el llanto de la vela sobre mi espalda. El vinagre y la sal me arrancaron alaridos precisos. Silencios interminables en cuartos de penumbra; hincado y con un ladrillo en cada mano para fortalecer la voluntad, para expiar los pecados de otros y los nuestros, ¿qué pecados cometí?
Vergüenza sí, una muy grande, y todos se encargaban de gritar las palabras que, como péndulo, iban de acá para allá en mi cerebro: ¡A darle al hijo del asesino!

X
Para qué sirvan las noches: para follar, me digo.

XI
Dicen los que conocieron a mi madre que no soy como él. Mis dientes no son tan fieros. Que mi semblante es triste y que la sangre de mi familia materna era más fuerte, por eso fui lampiño. Sabía hacer muchas cosas, reía de sí mismo y silbaba la canción de los mares.

XII
¡Atrás, pueblo de mierda! ¡Atrás, atrás, cerdos asquerosos.

XIII
Desde aquí la gente es un perro inmenso; sus cabezas son colmillos de fiera. Gritan; sus palabras recorren la plaza y ruedan por los techos de paja. Son guiñapos, títeres todos de sus bajos instintos. Mira a esa mujer de pelo graso y desdentada, haciéndome señas lujuriosas y sobándose el sexo, mira a las otras festejar sus porquerías. Y a mi lado este viejo peón del obispo, carcomida oración . Y ahí frente a nosotros, arrodillado y triste, el animal que llora su perdón.

XIV
Una jiba fue mi tutora. Mi madre murió cuando nací y de mi padre sólo conservé un viejo apunte en sepia que jamás he vuelto a ver. En ella, el hombre robusto llevaba a un niño sobre los hombros.
No sé qué pude sentir en ese momento, sólo recuerdo una sonrisa ardiente. Me sentía seguro.
A veces, cuando salgo de esos túneles de mierda y llanto, subo a las almenas de esta prisión y cuando el mar no es negro la espuma traza su rostro.

XV
Ahí viene el príncipe y su séquito, libélula emponzoñada. Afeminados todos, con rostros blancos y pelucas piojosas; toman asiento entre su aroma de burdeleros reales. Y las hembras de senos como cráneos pulidos intercambian miradas con los soldados de la guardia. Los pequeños nobles ven con temor a las bestias que un día domesticará, mientras aspiran rapé en sus habitaciones.

XVI
La bestia chilla como cerdo. Todos juran que son inocentes. Su mujer grita, gime y patea sostenida como marioneta entre las vecinas. Los hijos lloran y ríen mientras nadan entre su orina. Un perro, imperturbable, lame su culo. Y miren ahora al cerdo como se retuerce, con el cuello sobre el tronco y las manos atadas a su espalda.

XVII
Y en el umbral de la prisión la luna observa como se besan el guardia y el prisionero. La luz anida en el yelmo, los brazos llenos de venas están blandos. Los dedos nervudos aprietan esas pequeñas lanzas que quieren ver la noche.

XVIII
La gente se arremolina. Animal de eructos y pestes corea la ocurrencia del momento.

XIX
Por qué murió la vieja. A él quién le cortó la vida. A quién le importa. Yo cargo con mis culpas, nadie más.

XX
¡Ah!, el metal es frío. Siento su peso. Si alguien tiene paciencia en este mundo ése es el acero. Espera su turno, empotrado entre madera o transformado en un objeto bello. Descansa entre su funda. Sabe que la sangre se oculta entre la carne. JLV

jueves 19 de febrero de 2009

De logros


Peritos magistrales en la reducción de cabezas, los pigmeos amazónicos ya tienen otra cosa de que enorgullecerse: ayer, su escritor más laureado se adjudicó el premio mayor en microrrelato brevísimo. JLV

miércoles 18 de febrero de 2009

Ungüento


Por años usó inútilmente pomadas para calmar la rasquera que descarapelaba su cráneo. Hasta que un ciego vendedor de ungüentos llegó a su hogar y le dijo: Use esto y no sufra más doña Medusa, no es caspa lo que tiene, sólo que su cabello siempre cambia de piel. JLV

martes 17 de febrero de 2009

El cinturón


Las hebillas asoman en todos los rincones con ese desdém metálico que tienen. Hebras de res escurren de todos los cajones. Entre los desfiladeros de piel ofician orificios como frutos vacíos. El cinturón danza ante mí como una cobra. Oscila. Avanza, pica y retrocede. Repta sobre mis pies. Tal vez un día vuelva a su origen. Puede ser un milagro, pero hoy —sólo por hoy— dejaré que se enrosque en mi cuello. JLV

lunes 16 de febrero de 2009

Un diálogo


—¡Toc, toc!
—Quién es. ¿Dios?
—No, soy su vecino. ¿Me regalaría una poca de azúcar?
—¡Faltaba más!, adelante Don Nadie.
—Muy gentil, ya casi no hay piedras tan amables.
—No apure, tome asiento; mientras descongelo al diabético que guardo en el freezer pruebe mi exquisito pudín de médula.
—Cuánta gentileza. Para corresponder a sus atenciones le obsequiaré a una de mis hijas, así las niñas de sus ojos ya no estarán tan solas.
—Sería genial, pero crié a ese cuervo y devoró mis ojos.
—Qué lástima. Entonces me despido, no sin antes recordarle que lo esencial es insensible para los piojos, sólo con el caparazón se puede ver bien.
—Que coincidencia, lo mismo me aconsejó una gripe virulenta.
—El azar, quién si no...
—Así es... los muérdagos siempre se besan a la sombra de la pareja.
—Fue un placer, gracias por el dragón.
—No tenga usted cuidado. Al alba, azúcar; a la madrugada, sal. Saludos al vecino.
—Por supuesto. De su parte. Trabajó siete días como un loco y ahora duerme el sueño de Procusto.
—Mírelo, tan seriecito que se ve. Debo cerrar la puerta porque mi perro podría escapar y morder a una sirena, usted comprende...
—Sí, entiendo. En cordura obturada no penetran visiones. Hasta la vista. JLV

Blanco fallido


—Sé que no era un halcón, afirmó la mujer.
—Decididamente sostengo que la flecha que arrojé iba dirigida al azor, a nadie más, sostuvo el ballestero.
Ella, incrédula, echó a volar hacia la punta de la pagoda.
Flotó un momento frente a los restos del rollizo ser, verificó y descendió de prisa. Sacudió su cabellera, tragó un sollozo y exclamó: Ni ángel ni demonio, sólo era Cupido. JLV

domingo 15 de febrero de 2009

Sarnasius, asesor de springbreakers


A sorbos la vida cata cataléptico
springbreaker de lúbrica armadura
ensueño perezoso entre dunas de duda
Sarnasius crepita castillos en la arena

Un chisguete amargo pasa cada vez que se caza
el dardo infalible acierta en su monotonía
y las olas del bar estatuas malqueridas
se caen de soles borrachas de inocencia

Aún es medio día y las estrellas roncan
a esta hora ni los remordimientos ladran
ni los úteros escupen ovarios a mansalva
se consuela Sarnasius rodeado de pezones

Más allá tubérculos ardientes
danzan pedagógicamente al ojo del hambriento
mientras más vello todo será más púbico
reflexiona un clítoris sapiente

El verano al destino olfatea las axilas
axial y evanescente como un galgo
se convence a su modo que la nada
es mostrenca saeta tras el blanco
o consonante herbívora en barbacoa vocal

Un sabor a centavo la herencia del instante
a lenguas se percibe que nada es como antes
al futuro le aprietan las patentes
el acné del presente decora cualquier piel
y el pasado se muerde entre las uñas

Antes de que gorilas transmutados
anabólicamente lo saquen a empellones
o lo miccionen a punta de ballestas
de la maruchanesca intifada que es la vida

Sarnasius recomienda a otro springbreaker:
“doblega las orejas al silencio
a las arenas rinde un miramiento
hay que darle sepultura al buen lodo
y a la hoguera los mares, por agüados". JLV

domingo 1 de febrero de 2009

Complejos


Desde la cúspide, ambos veían con orgullo sus enormes complejos.
—Cómo hemos crecido, dijo él.
—Tú, mucho más, respondió ella.
—Exageras; vamos a la par. Qué te parece un brindis.
—Brindo por ti, Edipo.
—A tu salud, Elektra. JLV

sábado 31 de enero de 2009

Ascensión


Aquel primer día, los cielos estaban repletos de tristeza; el segundo, nublados de amargura; el tercero, cuando Él se elevó, llovieron de alegría y recuperaron su viejo asombro. JLV

jueves 29 de enero de 2009

Llamado


Ni bien Nabokov había terminado de decir: “Dejad a las púberes que vengan a mí, porque de ellas es el rey, no de los hielos”... cuando Lolita ya estaba tocando a la puerta de sus deseos. JLV

miércoles 28 de enero de 2009

Carta a Madame Maruchán


Extrañada Maruchán:
Lo sé, lo sé. Hace años que no te escribo. No es pereza, sólo es cuestión hormonal, dice mi médico. Ya sabes, cruzo por esos pantanos de la edad madura; pero, al igual que tú, mi piel es como esas aves que cruzan el lodazal y no se manchan.
Lo sé. Doy demasiadas vueltas antes de entrar al meollo del hoyo. Querida Maruchán, lamento no haber escrito antes. Lo juro. Veo tu rostro blanquísimo y sereno. Esa enorme y dulce sonrisa. Las pestañas entornadas… y ahora dejas escapar ese suspiro que te persigue desde nunca. Maruchán, mi dulce Maruchán.
He sido una bestia. Un animal de carga pero al fin te escribo. ¿Sabes? Me siento liberada. Descanso. Mi alma reposa al fin. Maruchán, mi maestra.
Puse en práctica los consejos que me diste. Accedí a los requerimientos del doctor Petonet. Un día lo llevé hacia la oscuridad de mi recámara. Dejé que me tocara y que se detuviera en mis pechos, en mis muslos y en mi sexo (por cierto, que lengua tan áspera).
Cuando Petonet roncaba —tras haber ingerido esa poción magistral que preparas— me levanté (que hombre tan ordinario). Fui al ropero y saqué los instrumentos que me obsequiaste el verano pasado. Posteriormente comencé a destazarlo. Qué sensación, por Dios, qué sensación. Ahora te comprendo, tenías toda la razón del mundo. Es una experiencia cuasi religiosa. Cortar en pedacitos a la carne que lamió tu carne; por Dios, qué locura. Es de esos placeres insospechados. Un deleite., como bien decías
Luego, para que veas cómo soy, accedí a las pretensiones del señor de la Cantoya, del joven Cuchiplanchi y del anciano Robespierre. Todos corrieron la misma suerte y, para serte franca, mi alma se fortaleció. Estoy fuerte, Maruchán, tanto como tú. Me encantaría que ambas participáramos en un festín de sangre. Qué estúpida, lo sé, pero lo deseó.
Para compensarte, te diré que estoy a punto de salir a tu encuentro. Muy pronto nos reuniremos. Podremos caminar tomadas de la mano por el puente Gay Lussac. Veremos la ciudad, sus luces y las gaviotas clavándose en la luna.
No sabes cuánto te extraño. Pero más añoro tus besos; no sabes cuánto quisiera que tu saliva humedeciera estos labios secos de tanto recordarte.
Muy pronto dormiremos una en brazos de la otra. Cerceno minutos para acercarme a ti.

Tuya.
Lady Noodle. JLV

martes 27 de enero de 2009

Aspiradora

Lamió sus pezones y luego los mordisqueó; después se dejó ir... Tras fumar un cigarrillo, con amabilidad, la echó de la cama . “Sal, pequeña, le dijo, mi mujer no tarda en llegar”.
La french poddle saltó con agilidad y salió del cuarto meneando su colita como arbusto de algodón, mientras él —artefacto en mano— aspiró pelusillas y perfumó las sábanas. JLV

lunes 26 de enero de 2009

Castigo


—¡Exijo que no me maten de risa! —gritó el payaso—. Les ordeno me apliquen un castigo más decoroso.

Los hijos del mago formaron un corrillo. Instantes después, el pelirrojo —el mayor de los quince— respondió:

—Está bien, no más cosquillas en los pies. Ahora te convertiremos en domador de piojos salvajes y hundirás tu cabeza dentro de sus fauces hasta que nuestras pulgas cambien de circo. JLV

domingo 25 de enero de 2009

Intentó asesinar a su hijastra


NUNCAVUELVAS, DC.- White Snow, de 16 años de edad, estuvo a punto de perder la vida a manos de su cruel madrastra, quien presuntamente asumió la personalidad de una maligna bruja para perpetrar el cruel ataque.
Los hechos ocurrieron una soleada mañana, según reza el boletín de prensa del Ministerio de Justicia de Nuncavuelvas (MJN); en donde se indica que la agraviada se encontraba realizando labores del hogar, mientras sus siete presuntos amantes habían salido a laborar a la mina de la población, ubicada en inmediaciones de la Selva Negra.
En un momento determinado, la madrastra de la ofendida tocó a las puertas de la humilde pero impoluta vivienda, y caracterizada como una anciana de repulsivo aspecto le ofreció una manzana a la agraviada.
La muchacha —más tonteja que sencilla— no sospechó que la poma había sido inyectada con una poción venenosa y, debido a que mantenía una rigurosa dieta a base de vegetales y frutas, mordió inmediatamente el fruto apetitoso sin intuir que había gato encerrado.
Tras masticar ansiosamente el primer bocado, la ofendida se desplomó a las puertas de su domicilio, mientras la madrastra, cumplida su nefasta misión, se dio a la fuga con rumbo desconocido.
Poco tiempo después llegaron los siete presuntos amantes de la víctima, quienes al verla desvanecida sobre el tapete de la entrada trataron de reanimarla, pero sus esfuerzos fueron infructuosos, por lo que llamaron al 066 y solicitaron los servicios de emergencia.
Posteriormente se presentaron los paramédicos de la Benemérita Institución y procedieron a darle los primeros auxilios a la jovencita; dado que sus conocimientos se vieron rebasados, la canalizaron al hospital civil de la localidad.
Según informó Radio Cenicienta, gracias a la constitución física de la muchacha y de los buenos oficios de los pequeños obreros y los paramédicos se evitó una tragedia que pudo tener consecuencias mayúsculas, a pesar de que White Snow se encuentra ahora dentro de un féretro de cristal a la espera de que llegue un príncipe encantado, la bese y le devuelva la salud para que sean felices para siempre.
En tanto, los siete enanos —fieles y laboriosos amantes— se encargan de bañar cuatro veces al día y cambiar los pañales de la jovencita que yace en calidad de legumbre.
Finalmente, elementos policiacos pertenecientes al Buró Especializado en Indagaciones de Nuncavuelvas (BEIN), realizan ya las averiguaciones correspondientes para dar con el paradero de la presunta envenenadora. JLV

viernes 23 de enero de 2009

Un leñador


Hoy hace un año que el leñador derribó el Árbol de la Vida.
Cumplió su tarea con profesionalismo. Lo miramos trabajar día y noche. A veces le entregábamos una estrella o dibujábamos centollas sobre el agua para arrancarle una sonrisa, pero nada funcionó.
El talador tenía un rostro fiero, parecía una espina enorme enterrada en un pie. Se levantaba muy temprano y entraba al bosque como Juan por su casa, con su enorme hacha de fuego sobre el hombro.
Nadie pudo impedir su labor, ni las focas de avena ni las ocas —pobrecillas— se dehacían por dentro, como si mil temblores sacudieran el vientre de la tierra.
Hoy hace un año que la copa del Árbol se derramó sobre la tierra y el silencio se arrastró aceitosamente hasta al señor ese que trabajó durante siete días y que sigue durmiendo desde entonces.
Sólo recuerdo que el cielo se hizo añicos y desde entonces lloramos nubes, nuestros recuerdos cambian de piel y soñamos en azul. JLV

jueves 22 de enero de 2009

De tigres


Más felinos que nunca los tigres penetraron al Arca. Durante 40 días y 40 noches delinearon su paciencia a zarpazos. Su orgullo es amarillo: lucen con dorada arrogancia el código de barras que Noé imprimió sobre sus lomos. JLV

miércoles 21 de enero de 2009

El efecto Dumbo


El 26 de septiembre de 2008, la herida nacional aún sangraba profusamente después del atentado ocurrido en Morelia, Michoacán, durante la celebración del Grito de Independencia —ataque que dejó ocho muertos y 132 heridos—, cuando muchos volvieron a conmocionarse, tras el anuncio de un macabro hallazgo: un perro masticaba un ojo humano junto a los restos de un anciano cuyas cavidades oculares estaban vacías y su cuerpo yacía semi destrozado sobre el pavimento.

TESTIGOS
“De lejos parecía una araña fumigada —afirmó una sexoservidora—, pero cuando me acerqué un poco más pude darme cuenta de que era un viejito que estaba muerto cerca del Amanal”.
“A mí eso no se me olvidará —aseveró un alumno del Tec de Cd. Sahagún—, porque apenas el 23 de septiembre fue cuando escapó la elefanta Hindra del circo Unión; ésa que causó el accidente en la México-Tulancingo, en donde murió el chofer del camión. Dicen que huyó de las bodegas donde estaba encerrada junto a otros dos de su especie”.

CAE EL HOMICIDA
Para el 10 de octubre, elementos policiacos destacamentados en Villa de las Flores, Coacalco, habían dado en el blanco por primera vez en su vida, Protomedardo Calero Iñiguez, “El Payaso Desdémona” —ex trabajador del circo Unión, socio fundador de la Hermandad del Chiste, poseedor del récord Guinness en la categoría del eructo más sonoro y prolongado y ferviente ambientalista— había sido aprehendido como presunto responsable del homicidio de un septuagenario adiestrador de fieras salvajes.
La última vez que se vio al presunto criminal en público fue el 25 de septiembre, durante las exequias de la paquiderma cuarentona, cuyos enormes restos fueron enterrados de modo reservado en un terreno propiedad de la empresa, ubicado en Ecatepec, Estado de México.
Como a las 4:30 de la mañana de ese día ‘Hindrita’ cayó como una gran bolsa de lona dentro de su última morada, precisó “Chuarzeneiger”, el hombre fuerte.
Primero salieron los tres operadores del trascabo, enseguida Luis Arreola Arellano —propietario del circo—, y luego el resto del personal, consignaron los medios.
Calero Iñiguez fue el último en abandonar el lugar, subrayó la mujer barbuda, porque se quedó a ayudar a unos ‘chalanes’ que alimentaban a dos paquidermos asiáticos y 10 tigres de bengala que aseguró la Profepa en el lugar, porque el patrón se pasó por los ‘tompiates’ el programa de medidas de seguridad correspondiente.
“Lloró mucho, asentó una curvilínea contorsionista, Desdémona fue siempre muy sensible: amaba a los animales y aunque lamentamos la muerte de don Severo el domador, sólo podemos decir que se hizo justicia”.
Nadie dijo más nada. No había necesidad.

ENTE LOMBROSIANO
Calero Iñiguez desde niño dio muestras de poseer un sentido del humor exacerbado, era el alma de las fiestas y sus maestros, pese a que era uno de los peores alumnos, lo toleraban porque era el payasito del salón.
Lo que en su infancia causaba risa, con el tiempo provocó reacciones adversas. Su aspecto lombrosiano atemorizaba: altísimo, calvo, de piel cetrina, con cabeza pequeña, ojos de pitón, orejas vampirescas, brazos enormes y pies de talla desmesurada. Una variante extraña del síndrome de Klinefelter, dirían algunos entendidos; otros, que bien pudo haber sido uno de los dobles que trabajaron para el ex presidente Fox.
Sin embargo, los afeites y su vestimenta mimetizaban los defectos y resaltaban las desmesuras del personaje.

LE GUSTABA LA PAYASADA
Muchos de sus condiscípulos aún recuerdan algunas de las rutinas que representaba frente al pizarrón; sobresalían las imitaciones que hacía de los maestros más enérgicos y, sobre todo, esa capacidad para lanzar eructos que estremecían los cristales de la vetusta escuela.
Sus familiares más cercanos, así como su señora madre, siempre admiraron el amor casi franciscano que profesaba a los animales.
De no haber sido payaso habría sido veterinario, confió entre sollozos su tía Prosapia. “Siempre daba la cara por perros, gatos y demás alimañas. Además, siempre quiso ser alguien importante como ese mimo francés Marcelo Marsón”.
Cuando llegó al circo Unión ya traía historia; presumía de haber sido discípulo avanzado de “Bozo El Payaso”, con quien pulió su técnica y perfeccionó rutinas.

LA CIENCIA HABLA
El cariño que sentía por los animales se acrecentó y, según Segismundo Froy, uno de los psicólogos encargados del caso —miembro del Grupo Elite de Inteligencia de la Policía Ministerial—, es evidente que tras presenciar el maltrato que proferían los domadores a las bestias, en todos los circos en donde laboró, en la psique del Payaso Desdémona germinó la idea de frenar esa barbarie.
Es el accionar clásico del esquizo-paranoico, determinaron los especialistas. La extirpación de los ojos del sexagenario domador nos muestra claramente que hay una condición sexual irresoluta que tiene que ver con una pobre actividad de la hipófisis, cuyos orígenes, según recientes estudios, son producidos por una secreción arrítmica de la próstata.
¿Por qué matar a un viejo? Sencillo. Porque ese saco de piel decrépita y costillares es la representación simbólica de una humanidad decadente que está a punto de fenecer y que se arrastra como una boa sobre las arenas de un desierto crepuscular.

EL DOMADOR DOMADO
Severo Escárpita y Escandón fue hijo y nieto de domadores: las raíces de su árbol genealógico se hundían en las profundidades del ámbito circense. El adiestrador hacía su trabajo de la mejor forma posible y como sus ancestros le enseñaron. Conocedor de su oficio transmitía con serenidad y perfección el lenguaje del látigo.
“Nunca un golpe de menos, mientras más castigo mejor para demostrar a las bestias quién lleva las riendas”, decía con frecuencia y luego imitaba el chasquido de su herramienta de trabajo.
Orgulloso de sus ancestros y de su palmarés, desempeñó esa labor en circos prestigiados del país y del extranjero. Era parte del Unión y ya casi estaba inventariado, comentó el dueño.
Vivía en soledad y entregado a la bebida. Las bestias recibían día tras día fuertes golpizas, incluso las que llegaban a atemorizarlo en pesadillas recurrentes.
Sus compañeros le demandaban que disminuyera la violencia que descargaba sobre las fieras, pero él nunca atendió esos pedimentos. “La voz del fuete dice más que mil palabras”, espetaba para terminar cualquier discusión.
Testigos que pidieron mantener el anonimato por temor a represalias, manifestaron que el viejo domador se ensañaba con la elefanta.
Además, informaron que Desdémona profesaba un cariño enfermizo por Hindra. Parece que don Severo sorprendió al payaso, en varias ocasiones, acariciando lascivamente al animal, pero eso aún no se corrobora.
Sin embargo, por una u otra razón, el odio entre ambos sujetos creció con el transcurrir de los días. El payaso bromeaba constantemente sobre la decrepitud de Severo y éste, a su vez, se mofaba de las características físicas de Desdémona.

LOS HECHOS
Calero Iñiguez fue detenido en Lavándulas 158, colonia Villa de las Flores, Coacalco, el 10 de octubre, en el modesto hogar de una de sus hermanas. Agentes investigadores seguían líneas de investigación y le interrogarían sólo para ver si sabía algo del presunto criminal.
Cuando vio a los policías se levantó haciendo una cómica caravana, extendió los enormes brazos y se inculpó inmediatamente. “Yo maté al domador —soltó como fuetazo—, trataba muy mal a Hindrita y por su causa enloqueció, rompió la cerca del terreno de Arreola y escapó de ahí, con los resultados que ustedes ya conocen.
“Severo le pagaba mucho; más que a los tigres y a los leopardos que hacen pasar por panteras. Muchos en el Unión le pedimos que le bajara, pero siempre nos ignoró. Yo amo a los animales, soy ambientalista. No podía permitir más violencia”, declaró ante el representante social de Villa de las Flores.
Asimismo, con lujo de detalles y haciendo alarde de su capacidad histriónica, refirió cómo contestaba el domador, los ademanes que hacía y cómo golpeaba a las bestias.
“Todo eso me fue llenado el buche de piedritas. No podía hacer otra cosa”, aseveró.
El 25 de septiembre, después de darle cristiana sepultura a Hindra, “fui el último en abandonar el terreno del patrón, allí en Ecatepec. Tomé una combi en la 30-30, que iba para Otumba, donde hacíamos una corta temporada; Severo se había quedado en el circo”, indicó.
Habían instalado la carpa al final de la Calle Ancha y llegó al remolque de Severo sin que nadie lo se percatara y ahí estaba, ebrio como siempre, cubierto sólo con su ropa interior. No aguantó las ganas y comenzó a insultarlo pero al ver que se reía y se burlaba de cómo había muerto Hindrita, la mente de Desdémona se nubló y comenzó a vapulearlo sin piedad.
Después tomó su látigo y descargó su rabia muchas veces hasta que lo vio tirado. Se percató de que estaba inconsciente, lo levantó, luego le puso su traje de gala y lo sacó del circo sin que nadie lo viera. Luego abordó un taxi para Axapusco y como ya era de noche se bajó en una de las calles solitarias. Volvió a golpearlo y poco después le hizo la parada a otro auto de alquiler.
“Al chofer le pedí que me llevara a Otumba a dejar a mi amigo que se había puesto hasta la madre. Me senté en la parte de atrás del vehículo, y sin que el conductor se diera cuenta, metí un ‘cuter’ entre sus ojos como si le sacara las semillas a una manzana.
“Luego, cuando llegamos cerca del Amanal, lo lancé a la calle; se oyó muy feo, pero le dije al taxista que no quería pleitos con su mujer y que mejor lo dejaría ahí tirado. Con el frío se levantará, le aseguré, está bien correoso. Luego pedí que me llevara a Villa”, concluyó.

LOS REOS RÍEN
Protomedardo Calero Iñiguez, “El Payaso Desdémona” —ex trabajador del circo Unión, socio fundador de la Hermandad del Chiste, poseedor del récord Guinness en la categoría del eructo más sonoro y prolongado y ferviente ambientalista— fue internado en uno de los penales de máxima seguridad del estado de México.
Los reos dieron un buen recibimiento a Calero Iñiguez. A pesar de su aspecto repulsivo se ganó de inmediato las simpatías de los criminales más despiadados. Muchos internos acuden a su celda diariamente para disfrutar de sus mejores rutinas.
Actualmente escribe sus memorias y prepara un taller de payasología para reorientar las pulsiones violentas de los presos. Probablemente deje la prisión en diez años, si continúa comportándose como un recluso bienhechor, desinteresado y amante de las causas justas.


EL EFECTO DUMBO
En tanto, para Mandrágora Tafoya —librepensador y autodidacta— con la bonhomía que le caracteriza sostiene que “con las historias de paquidermos circenses se podrían llenar varias novelas”.
Resaltó que la fábula de Dumbo permanecía en un lugar segundón, pese a que podría colocarse al nivel de la del Patito Feo, “pero tras la infortunada muerte de Hindra, las peripecias del elefantito quedarán impresas en las mentes de los infantes como un signo indeleble, y las historias paquidérmicas ocuparán el escaño que merecen.
"Las travesías del paladín orejudo serán un acicate para reafirmarse, partiendo de las hazañas del héroe como elemento fundamental de la teoría gestáltica”, precisó.
Finalmente, Tafoya indicó que la humanidad debe de estar alerta porque una ola de descontento recorre el mundo animal y destacó que la película de Jumanji es como una premonición de lo que podría pasar y sí fue. JLV

viernes 19 de diciembre de 2008

Meteorito


Ayer, justo antes de que chocaran los vientos del norte y del sur, un enorme meteorito cayó sobre una granja vetusta ubicada en medio de los grises campos de Kansas.

No hubo sobrevivientes. Sólo se hallaron los restos calcinados de los presuntos propietarios —un par de ancianos grises que nunca sonreían y que respondieron a los nombres de Em y Henry—, su sobrina —una pequeña insufrible conocida como Dorothy— y un perro pulgoso —mascota de la menor, llamado Totó—.

Tras enterarse de la tragedia, la Bruja Mala del Este tuvo un ataque de risa que le duró 10 años; en tanto, los mascones —sus esclavos— lloran a diario y continúan bajo su yugo. JLV

miércoles 17 de diciembre de 2008

Sollozos


La anciana que solloza sobre las escaleras del templo es un fantasma. A veces pronuncia palabras en una lengua muerta y vuelve a gimotear.
Es tuerta. Desde la cuenca vacía una vocecilla hace temblar a las nubes: es la niña de sus ojos que grita desde la oscuridad. JLV

lunes 15 de diciembre de 2008

De sagas


En cuestión de gerundios zarparon y se hicieron a la mar de tinta. Ese fue el punto de partida. Iban hacia el norte guiados por sus esdrújulas. Al grito de “la letra con sangre entra”, tomarían posesión de la Antigua Tilde.
Les adjetivaron un sinfín de calificativos, pero mantuvieron su fe de erratas y como complemento directo acentuaron su decisión.
La travesía fue larga. Interrogantes, sortearon situaciones adversativas y horrores ortográficos; fumaban puntos y lanzaban comillas, y en sus oraciones se encomendaban a Santa Tecla, patrona de los apóstrofes.
Algo muy sustantivo, del verbo hicieron carne; también se nutrieron de aves cedario, pescaron diptongos y saciaron una sed adverbial con filtros silábicos.
Sortearon renglones torcidos, enfrentaron paréntesis y un diéresis de tantos, una capitular puso los puntos sobre las íes, lanzó una parrafada y determinó que sin taxis, o con ellos, el momento de las yuxtaposiciones había llegado.
Entre signos de admiración tomaron posesión del nuevo continente gramatical y comandados por Versales, los versalitas instauraron el estado de coma. JLV

sábado 13 de diciembre de 2008

Los pollimimus


Las abejas y las luciérnagas son amigas pero tienen antenas de diferente color. Las abejas trabajan muy duro y siempre olvidan quitarse el pantalón del pijama. Las luciérnagas laboran en horario nocturno; son como arrocitos con alas y sus baterías se acaban muy rápido.
¡Ah!, olvidé mencionar a los pollimimus. Casi nadie los conoce —sólo Arturo—; cuando él despierta, ellos duermen.
Dice que se cubren del sol con sus orejas y usan la cola para espantar a las mantis. Comen telarañas y coleccionan calcetines de ciempiés. No hablan con abejas porque siempre están ocupadas, como las hormigas. Organizan torneos de luz entre cocuyos y luciérnagas, para ver quién ilumina más la noche.
Tienen los ojos saltones y cinco patas en cada dedo; poseen alas pero no vuelan porque son gordos como pulgones. Saben contar del uno al polen y se asustan con el hipo de las tenusas.
Los pollimimus viven bajo la almohada de Arturo y brincan entre sus sueños hasta que acaban rendidos de felicidad. JLV

Aniquilación


Eran siniestros y lo sabían. El último zurdo sobre la tierra fue eliminado ayer. Los humanos derechos se han cubierto de gloria, dijo uno de los verdugos, el más diestro. JLV

viernes 12 de diciembre de 2008

Confidentes


—Adoran a los hombres que las hacen reír, ¿verdad? —dijo él—. No puedes negarlo.
—Muy cierto —respondió ella—. Tan verdadero como el estremecimiento que ustedes sienten cuando una de nosotras camina sobre su espalda.
Ambos soltaron la risotada y se despidieron cariñosamente.
Él se unió al grupo de payasos que estaba por ingresar a la pista; ella permaneció detrás de la enorme caja de cristal, a la espera de que una mosca cayera en la telaraña. JLV

miércoles 10 de diciembre de 2008

Mogollón el desalmado


Juran que al nacer parecía el viejo más niño nunca visto en Mongolia. Nadie quiso a Mogollón, sólo sus doce abuelas y los cinco meniscos que le enseñaron a dividir con runas.
Cansado de vivir, moría de aburrimiento; un día echó a caminar por acuíferas tierras. Se lanzó a la aventura desde el último piso de sus odios. Liberó muchas batallas y cocinó a fuego lento sus heridas.
Creció como musgo entre rocas y su risa entristecía hienas. Mataba menesterosos mirando mariposas moriscas y masticaba meninas con las manos.
Su corazón —más negro que una pulga— palpitaba ladrando por las noches.
Mogollón, harto ya del infarto, falleció fustigado entre las fauces de un fauno. Los hijos de sus ojos otean desde las hojas. JLV

martes 9 de diciembre de 2008

Andariegos


El jadeante peregrino hizo un alto en el camino y miró hacia atrás.
—Resiste —dijo el Judío Errante— un día acabará todo.
—No te preocupes —respondió la sombra desfalleciente— te seguiré toda la vida. JLV

Imprecisión


Los grandes matemáticos despejaron un sinfín de problemas, pero sólo hasta que unieron fuerzas con estudiosos de otras ramas lograron resolver los cálculos renales. JLV

lunes 8 de diciembre de 2008

El periplosaurio


Navegante, si a medio océano miras un remolino que susurra o un volcán con forma de nabo que regurgita, huye; aférrate al timón y escapa, porque puede ser el último día de tu vida.
El periplosaurio carnívoro del Indostán —también conocido como periplo rex indostano— es pariente lejano del tiranosaurio pero, a diferencia de éste, es cien veces más grande y de su cerviz emerge un cuerno de talla señorial.
En tierra, causa calamidades a su paso; en las aguas, verdugo de embarcaciones —Ulises vivió para contarlo—. Su cola, larga como muralla, funge como enorme mazo y de sus heridas brotan ríos de bilis negra.
Los arqueoptérix, rivales acérrimos, devoraban con fruición sus restos, explica Horatius Nicomedeus, quien detalla las características del animal en el undécimo volumen de Incredibles Creatures (Bönn, 1565).
"De día, su mirada era tierna, subraya Nicomedeus —y colige que su cerebro debió ser mayor que una trufa—. Por la noche, sus pupilas resplandecían como faros y confundían a pilotos experimentados que bordeaban desde direcciones opuestas.
"Gusta de atacar naves de gran calado que retornan de extenuantes travesías; emplea apenas la punta de su pitón y las quiebra como nueces", apunta.
Hiberna en el polo norte y la punta de su cuerno asoma como iceberg descomunal —el Titanic puede dar cuenta de ello—. Cuando recorre aguas templadas, las crestas de su espinazo se deslizan como cordilleras dóciles que van tras el sol que muere en el océano.
Muchos quisieron atraparlo y cayeron en el intento; otros, al verlo, perdieron la razón. Uno de los argonautas juró ante la tumba de su madre que sobre el lomo de la bestia temblaban islas andrajosas y, sobre éstas, gigantescos lobos de mar aullaban a la luna. JLV

martes 2 de diciembre de 2008

Hoy o mañana


La cuija silba la oración del tartamudo
Y el domingo se desnuda de tarde
Mañana
Entre una cosa y otra
Sí, mañana
Saludaré a hombres que estornudan decencia
“Buenos días, don honorable”, diré
“Buen día, don nadie", responderán más gentiles que nunca
Mi rostro maquillado de ausencia
Imitara la caravana fúnebre del cuervo
Y anudaré graznidos
Mañana
Los lunes sagaces plantarán su huella en la semana
entre nubes somnolientas
Podaré árboles del sol
Entre guiños de parques a turistas
Las cúpulas escurrirán tradición
Y rodillas francesas blanquearán nativos
Mañana, si los niños
Cargan de caballito a sus ancestros
Por nuestro honor desinflaremos batallas
Y honorables aullarán a la luna
Ahora
De mis orejas brotan las tijerillas
Y mi único gato maúlla
Es un buen día para cortar orgullos con la misma tijera
Ni cien curas calman espíritus hambrientos
Porque los días sangran nombres
Hoy
Es hoy
No lloverá por siempre
Los hombres felices brillan por su ausencia
Una cigarra anuncia que la tarde está por llegar

Las hormigas saben que el viento sopla verdades. JLV

domingo 30 de noviembre de 2008

Silencio de sapo


Me cegué. Estabas en sus brazos y bebías de esa boca vieja; después sólo vi odio. No debí poner fin a tus días: me atengo al castigo divino.
Tuve tiempo de hablar, mostrarte lo que fui y estas alas rotas que soy ahora. Yo y mi triste papel de ángel guardián.
Al viejo, ni mirarlo; sombra que escurre del sofá.
Verás que la gloria no es lo que imaginabas.
Duerme en mis córneas porque pronto alzaremos el vuelo. Acariciaré tu silencio de sapo antes de entregar tu alma al Creador. JLV

jueves 27 de noviembre de 2008

Alegría infinita


El Toro Rojo no es un mito, es real. Hace unos días —en conocida galería parisina— fue vendido en miles de dólares. Una porfiada anciana obtuvo la milenaria estatuilla, tras vencer a sus oponentes en el clásico juego del estira y afloja.
Aseguran que quien posee la extraordinaria pieza será dueño de la juventud eterna.
Verdad o patraña... quién lo sabe. Tal vez si preguntan a la hermosa mujer que salió de la galería con el Toro Rojo entre sus manos podrá develarse el misterio.
Sólo una cosa más: no la interrumpan, dejen que termine de reir. JLV

Renuncia


—Recuerda. La intriga es esa picadura de serpiente capaz de devolverte al mundo que jamás debe abandonarse por una rosa, —puntualizó Maquiavelo—. Se despidió amablemente y luego firmó su renuncia irrevocable como consejero áulico del Principito. JLV

Bucefalianas


Herrar es de humanos, pensó Bucéfalo, mientras Alejandro se empeñaba en devolver la vista a un nudo ciego. JLV

lunes 24 de noviembre de 2008

Mentirilla


Con las alas rotas, sordo, ciego y viejo, yacía el arcángel sobre su lecho de muerte. Alardiel consolaba al moribundo mientras oía sus últimas palabras:
—Hermano —susurró Hepatiel—, ¿me espera el Paraíso?
—Eso sería un milagro —respondió Alardiel—, pero no creo. Recuerda que a Dios lo inventamos nosotros. JLV

domingo 23 de noviembre de 2008

No fear


El aire pasa a mi lado como un vecino comedido. Hoy es un día diferente. Piso una bufanda roja que está a mitad de la calle.
Algo ocurre. Basta de contemplaciones. Es hora de hacer mi trabajo.

Volteo. Un perro se aproxima y hurga dentro una bolsa de plástico que yace sobre el pavimento. El can husmea y encuentra algo. En el hocico del animal aparece una mano pequeña: de niño.

La gente que madruga —esa que llega temprano al mercado de Las Ausencias— se horroriza.
Alguien, no sé quién, descubre más allá —entre los restos de cáscaras de plátanos y naranjas— otras partes del cuerpecito mutilado.

Se entiende que iba descalzo, trozos de un pantalón de mezclilla vieja están hechos un envoltorio a los pies del poste que no pudo hacer nada. Más allá, un anciano muestra una camiseta ensangrentada con la leyenda “No Fear”.

Observo a los curiosos. Todos los que están ahí deben pensar que el sacrificado era uno de los pequeños indigentes que deambulan por las calles ofreciendo sus cuerpos a los turistas que les dan monedas a cambio de placer. Yo los he visto, cuando resuelvo asuntos en el parque de los Falsarios. Se sientan cerca de la fuente y lanzan piedras a las aguas turbias. Saben que llegaran hasta ellos.

Qué más pueden hacer si a nadie importan.

Ya la mujer regordeta encontró su torso y le cubre la cabeza con un periódico. Ahora todo es cosa de trámites. Uno llamará a la policía; otro a la Cruz Roja y algún compadecido traerá al sacerdote de la iglesia más cercana.

Y… el asco y la impotencia escurren por los rostros de todos. La tristeza no se desprende de sus ropas.
Saben que los únicos autorizados para levantar los despojos —antes deben reunirlos— son los peritos y los representantes sociales —pero éstos aún no llegan y cuando lo hagan temerán cumplir con sus obligaciones—.
En un día cualquiera —no como hoy— el desparpajo se desnudaría por estas calles. Allá los vendedores de ropa; ahí las mujeres que intercambian chismarajos y cupones de descuento. El verde vestido de los vegetales. Los rojos y amarillos en pieles de mangos y manzanas. Hace tanto que no pruebo un fruto así.

Pero esta mañana —gris por la presencia indeseable de un ventarrón— el ambiente está cuajado de tristeza: de puestos que apenas se sostienen por sí mismos y cajas que hasta las ratas abandonan.

Me gusta merodear. No sé. Excusas para retardar mi labor. Ganas de perder el tiempo, como dicen aquí.

Pero hoy parece que todo duele más. Ninguno de estos mirones podrá conciliar el sueño. Verán las partes mutiladas de ese pequeño sin amigos y sin nombre. La pesadilla les perseguirá: ni dudarlo.

Los motores de los camiones que transportan las frutas y verduras rugen enfadosamente en la bocacalle. Esa joven cuelga racimos de plátanos en las afueras de su tendajón. Pese a todo, las cosas toman su cauce.

Un hombre tuerto se ofrece para cargar las bolsas a la mujer con brazos largos. Notas de música escapan entre el humo que sale de un restaurante.
El torso del pequeño todavía yace en el suelo; su cabeza, cubierta con el periódico.

La calle empieza a soltar malos humores. Un aullido se acurruca entre los postes.

Manos a la obra.

Cruzo entre la gente. Basta de contemplaciones. Hago a un lado el periódico.
Me inclino sobre el rostro del niño. Le sonrío. Se incorpora desconcertado. Casi llega donde acaban mis alas. Acaricio su cabello.
Es el mejor momento del día; lo que más me agrada de este trabajo. Tomo su mano: mientras ascendemos, sé que ya no dejara de sonreír. JLV

sábado 22 de noviembre de 2008

Gajos del oficio


Antes de ser comprimida en el extractor de jugos, aquella naranja exigió —como última voluntad— le permitieran estrechar entre sus gajos a la pequeña semilla, fruto de sus entrañas. JLV

Después de que el Gran Perro...


El gusano luminoso de mil pies se estremeció sobre la noche después de que el Gran Perro ladró tras de las nubes.
Murmullos de hombres y mujeres eran zumbidos de moscas sobre cuerpos hinchados.
La sombra de los viejos era una maldición que cubría el instante de la caza hecho de sangre en roca.
La flama y su sombra danzaban custodiadas por guardianes de piedra diminutos .
Y solo, renovado en la magia, un hombre frente al fuego tejía follajes de plumas y los hundía en la tierra.
Un llanto de recién nacido escapó por la boca de la caverna: una luciérnaga más de aquella noche. JLV

martes 18 de noviembre de 2008

Sarnasius, confesor de salmones


Hay un salmón maduro
canta para Sarnasius
una lluvia de escamas
en el bosque escarchado

El salmón se perfuma
lucha contracorriente
se mece laberinto
frente de las arrugas

Sarnasius escucha
del salmón las historias
un nudo de mañana
palpita en su garganta

Es hora de bailar
en el bosque dancemos
sacude ya salmón
tu sabatina aleta

La luna vals ahumado
cocina para ambos
¡tic tac toc!
roca llama a la puerta

Sarnasius se levanta
al pez de azul disfraza
lo guarda en el violín
y ve quién toca

La piedra pide ayuda
de arena lacrimosa
sufre a mares por
concéntricas ondas

Consternado Sarnasius
a la intrusa despide
con un beso sincero
y la arroja al estanque

El salmón atestigua
la angelical acción
azul emocionado
al violín abandona

La escama de la muerte
vibra con su canción
danza sobre el tejado
y al pez vuelve ventana

La "o" del infinito es luna
que yace bajo el vidrio
Sarnasius musita para sí:
no se puede caer eternamente. JLV

lunes 17 de noviembre de 2008

Ganancias



Usó finos perfumes y hermosos pendientes. Los demás lo notaban, él no. Ensayó sonrisas frente al espejo. De nada valieron sus esfuerzos para atraerlo.
Quería tocarlo. Amaba su voz gruesa y modulada. Soñaba que el hombre susurraba a su corazón. Ella le cantaba hermosas melodías de la infancia.
“Él nunca la amará”, aseveró su ayudanta.
Lejano y distante administraba la empresa familiar, con esa masculinidad que enloquecía a las féminas.
Así las cosas, lloraba entre la sombras. Estaba destinada a ser vista con repulsión y lástima.
Para el dueño del circo, ella —la mujer tarántula— era sólo un fenómeno de moda que le daba a ganar pingües dividendos. JLV

jueves 13 de noviembre de 2008

Gato por liebre


—¿Es un juego? Me parece una broma de mal gusto —riñó el valuador al granjero—. Usted sabe que yo sólo compro oro, jamás plomo.
Mejor visite al herrero; él adquirirá gustosamente los huevos de su gallina. JLV

lunes 10 de noviembre de 2008

Gentilhombre


—Que le vaya bien, señor —dijo la anciana—. El hidalgo la vio como si nada y siguió su camino, sin inmutarse.
—Por qué le hablas, madre —preguntó la hija—. Nunca responde ni saluda. Es petulante como todos los aristócratas.
—Las apariencias engañan, querida —respondió la vieja—. No hables así del señor Alzheimer. Recuerda que los caballeros no tienen memoria. JLV

domingo 9 de noviembre de 2008

Bífida


—Me encantan Adán y Eva, pero más el vacío que se enrosca entre ellos —siseó la sierpe al árbol—, y pulió una manzana hasta transmutarla en minúsculo sol irresistible. JLV

viernes 7 de noviembre de 2008

Graffitero



"La eternidad es la madre de todos los vicios", rezaba la leyenda recién pintada sobre el muro. Más allá, el Judío Errante —brocha en mano— se alistaba para continuar con sus pintas nocturnas. JLV

jueves 6 de noviembre de 2008

Volverán los oscuros ceniceros de tu cigarro cenizas a formar



Todo comenzó una tuberculosa mañana de diciembre. Los postes ladraban y perros sostenían alambres en sus picos. Una mujer gorda y perezosa masticaba encendedores, con el mismo desparpajo que estilan los verdugos cuando cortan cabezas nucleares o talan plantas de los pies.
Unos tiernos ceniceritos se repegaban modosamente a sus piernas peludas, pero todo era inútil. La obesa cuerpo de habano estaba decidida: tomó el sol y lo arrojó a los gallos que barritaban de gusto.
Todo se puso negro: el cielo fue un enfisema pulmonar.
Entonces comprendimos que un pigmeo hitleriano danzaba dentro del enorme pecho de la rolliza: detuvimos al mundo y nos bajamos antes de que iniciara aquel mítico diluvio de colillas. JLV

miércoles 5 de noviembre de 2008

Jardinero


Yo también amo las rosas; me encanta la jardinería, por eso siembro dudas y cultivo tempestades, susurró Maquiavelo al Principito. JLV

Amantes


Un jardín crece entre la lluvia. Los enamorados se aman bajo el árbol. Ella me ve y sus ojos de cuervo graznan promesas.
Sigo adelante. Ya no estoy para amoríos. Además, nunca podrán separarse: su vida transcurre sobre el lienzo. JLV

martes 4 de noviembre de 2008

Adiós gusano de humo


Sabíamos que tarde o temprano se resquebrajaría como un viejo amor. La oruga milenaria abandonaba el capullo entre bufidos metálicos; cada vez más sucia y pasada de moda, igual que las cerillas que usaba mi viejo.
Un día morirá, dijo mi madre, y se irá como vino: lanzando ese horrible humo.
Ella no pudo verlo. Yo soy testigo de que así fue: en mi pueblo ya no hay ferrocarril. JLV

lunes 3 de noviembre de 2008

Tris tras



El diminuto prestidigitador extrajo de su chistera una morsa albina que lanzaba icebergs por los ojos; luego apareció una mantis religiosa más grande que la fe.

El público festejaba los trucos del mago, hasta que una inmensa garra destruyó en un tris tras aquel singular circo de pulgas. JLV

domingo 19 de octubre de 2008

Almohadas



—¡Hey!, cuánto tiempo. Hace mucho que volaste del nido. Qué te has hecho, le pregunté.
—Sí, ya llovió. Casi nada... negocios, espetó con desgano.
—Qué bien. Y a qué te dedicas, inquirí.
—Una fabriquita de almohadas rellenas de plumas; me da para vivir, indicó de mala gana.
—Por supuesto, era lo tuyo. Bueno, me despido, dije cuando vi que no llegaríamos a nada. Suerte.
—Igualmente y pórtate bien, contestó mi ex ángel de la guarda. JLV

sábado 18 de octubre de 2008

Abandono


Sale nomás de noche; da la espalda a las nubes.

Sombra de cualquier sombra, oculta su rostro malformado entre los muros. Roedor infatigable de cuartos en penumbras, carcome sus deseos entre sábanas grises.

El mediodía escurre polvo en la ventana. Las aves gotean sobre la buhardilla. La mujer entra al baño. La bombilla es una oración que palpita en el techo. El agua llora sobre su piel. Las tardes arrugadas le recuerdan que nunca llegó carta de amor hasta sus manos.

Unta silencios sobre su piel de oruga. Limpia la caverna que debió contener un ojo bello y grande. El ploc-ploc de la gota tartamudea la partida del cojo que despreció su amor.
La oquedad bajo la frente, antigua caracola, imita los ecos de su llanto.

El cuarto tiembla; ella asfixia recuerdos en una caja vieja, repleta de rencores grasientos.

Todo le sabe a sal; sabe que algún día exiliarán a los espejos.

Pinta socarronamente sus labios. Dos trazos tangenciales.

Una mueca asoma...

A lo lejos los muros deshojan el canto del cisne. JLV

viernes 17 de octubre de 2008

Equivocación



Resucitó y un gruñido bestial salió de su bocaza. Esperaba ver a su asistente pero sólo miró a un niño con los cabellos de oro.
—Hoy se cumple la profecía. Soy el Comandante y desde este lugar retomaré, apoyado por mi ayudante, la aplicación correcta de la ley en esta colonia penal para que todos entiendan que mi manera de ejercerla es inmejorable.
El torvo militar se acercó al pequeño y le dijo:
—Fui soldado, juez, químico, ingeniero y dibujante. La Ley se aplicará nuevamente al ritmo justiciero del “Desmenuzador”, la máquina que inventé: la cama, el diseñador, el rastrillo y las agujas cumplirán su misión y escribirán la frase precisa sobre la piel del infractor.
—Usted en verdad logra asustarme, señor, respondió el chaval. Creo que su máquina lo ha domesticado, pero sólo sé que estamos en el asteroide B612; tenemos tres volcanes —dos de ellos activos y otro no—, y nunca hemos sido una colonia penal. JLV

martes 14 de octubre de 2008

Una nostalgia de algo



Plantó semillas y cosechó la Vida. Los cantos de las aves anidaban en frutos. El venado en su estar y no estar era esto y lo otro. Descifró los signos que la sierpe trazaba sobre el suelo; los universos ocultos en la arena le hicieron suspirar.
Maravillado, atestiguó el despertar del hombre en su primera comunión con el silencio.
Orgulloso de su Obra sonreía porque todo estaba en su sitio, hasta la ponzoña del alacrán.
Una nostalgia de algo quebró su corazón cuando la soledad murmuró tempestades a su oído, y entonces el Creador se fue desvaneciendo entre sollozos. JLV

sábado 11 de octubre de 2008

Preferencias


Después de besarla, el príncipe dijo a Bella Durmiente: Levántate y anda. Ella ignoró el mandamiento; nunca cambiaría por nada ni por nadie los seguros y cálidos brazos de Morfeo. JLV

viernes 10 de octubre de 2008

Un día cualquiera




Los sábados salgo del trabajo a las tres en punto. Termino de comer antes de las cuatro y llevo a pasear a mi sombra. El patio de mi casa, como es particular, se llueve y se moja como los demás, por eso ayudo a mi esposa a lavar los domingos: son días que merecen estar limpios y brillantes.
Con los lunes pasa lo contrario; apenas merecen una barrida superficial. Para ser sincero, nos da igual si llegan o van. Son lastimeros, enfadosos y antipatrióticos; tanto así que ni siquiera las gallinas desovan.
Detestamos las primeras comuniones y bautizos. Las bodas se excluyen de los martes porque son días que evitan los marinos y podemos naufragar.
Cuando acabamos de endulzar las pulgas que se ocultan en el pelaje de los miércoles; nos sentamos junto al flamboyán, disfrutamos su conversación y acariciamos las sanguijuelas que abrevan de nuestros corazones.
Los jueves toman su lugar en las banquetas y se bañan al aire libre; mientras escurre el agua por su piel esperamos a que el martín pescador concluya sus meditaciones.
Normalmente las semanas son tranquilas, pero a veces ocurren cosas raras; una tarde, de hace dos meses, mi hija comentó:
—Papi, ¿es cierto que antes de conocer a mamá estuviste casado?
—Sí hija, quién te dijo.
—La señora que va ahí, hasta me regaló un ojo.
—¿La de la guadaña?
—Sí, ésa.
—No le hagas caso, es una vieja bromista; siempre va al más allá de las cosas. JLV

En el camino


El viejo arrastraba una bolsa de piel. El niño apretaba su mano por temor a que el anciano fuera levantado por el viento.
—Abuelo, dijo el pequeño, por qué mientras más cerca parece todo tenemos que caminar más.
—Así es la vida, hijo. Esto no se acaba hasta que se acaba. Recuerda que todos confundimos el humo con la llama.
—Lo sé, siempre me dices eso. ¿Crees que algún día jugaremos con la luz que nos espera al final del camino?
—No sé, todo depende.
—De qué...
—De que tan atento hayas estado a la voz del silencio.
—Cierto, me olvidaba…
—Por ejemplo, qué te dice ahora.
—Que bese tu frente, antes de arrojarte al precipicio. JLV

miércoles 8 de octubre de 2008

De buena madera


Al narigudo industrial maderero se le hacía un nudo en la garganta cuando el recuerdo de Gepetto llegaba a tocarle las puertas de su corazón. Cómo olvidar cuando cantaban juntos el “aserrín, aserrán los maderos de San Juan”, o aquellas tardes cuando le enseñaba las tablas de multiplicar.
Además, no sólo fue un excelente ebanista, también un gran tallador y hasta inventor de un escochebre multiusos.
Gepetto era, en suma, hombre de buena madera que reflejó su modo de ser en aquella frase que legó a la posteridad: Para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo. JLV

martes 7 de octubre de 2008

Impurezas


Para Sergio, por su hospitalidad.
—Lo siento, aquí no entras, dijo San Pedro, y cerró rápidamente las puertas del cielo.
—No entiendo, mi alma es limpia, musitó el escritor. Mis textos, transparentes; pura fantasía.
—No insistas, indicó el portero celestial.
—Sólo dígame por qué, insistió Gaut vel Hartman.
—Está bien. Lo diré sólo una vez: eres químicamente impuro. JLV

Último deseo


—¿Aún vive papá?, ¿vive?, preguntó el niño. Luego mostró a su padre la masa gelatinosa que escurría de su mano.
—Ya está muerto, hijo, respondió el hombre. Creo que no debiste apretarlo tan fuerte. Los escarabajos son muy proclives a fantasear con eso de que un día dominarán el mundo. En fin...
Anda, a lavar esas manos; sabes que los insectos transmiten muchas enfermedades.
—Sí papi, contestó el pequeño. Pero antes lo enterraré. Gregorio me dijo que cuando muriera quería ser sepultado en el jardín de la tía Milena. JLV

domingo 5 de octubre de 2008

Sólo para creyentes


A mi abuela le amputaron sus alas justo cuando salió a la venta el perfume para creyentes. Cuentan que el Cardenal Picheliú, cuervo entre palomas, guardó humores papales durante años, mientras controló la higiene del Vaticano.
Cuando sintió que era tiempo de amasar fortuna buscó a Cocó Bechamel, famosa perfumista. Le mostró la sudorosa posesión y Cocó, mujer de olfato, vio un negocio celestial.
Patentaron su fórmula y lanzaron al mundo una creación aletargadora y espesa conocida como "Zumo Pontífice". JLV

La Mula



De terquedad su sangre está cuajada. Fiel a su instinto de rumiante, mastica con porfía las nubes de la vida. Frente al asno, arisca adolescente se comporta. Junto al mulo, las aspas de su cola espantan semejanzas. Pero no la coloquen cerca de un pura raza de arenas del Sahara proveniente o a un metro de corcel con prosapia de azteca. Se desmadeja toda, estéril pesadilla, hierve de llanto oscuro la noche de sus ojos.

Ella es tan poca cosa: patas de nudo ciego, iletrada pelambre, trompa de hule, pellejo desdeñado en tenerías. Y lo más doloroso: espina de herradura egresada del yugo y la porfía, que nunca será un ejemplar de magnífica estampa, ni de la alta escuela conocerá los frutos. JLV

martes 30 de septiembre de 2008

Anciana del parque Steglitz


—Alguien escribió en tu lugar hermosas cartas para la niña que un día fue tu dueña, dijo el agrimensor a la muñeca tuerta.
Depositó un beso cálido sobre su frente sucia y prosiguió su fatigada marcha hacia el hostal venido a menos.
La anciana del parque Steglitz abre los ojos; aún somnolienta comprende que los sueños son una lluvia ligera que humedece los senderos olvidados. JLV

viernes 26 de septiembre de 2008

Fantaseando


—Bienvenido señor agrimensor, ¿tuvo buen viaje?
—Sí señoría, por supuesto. Fue una agradable experiencia.
—Muy bien, ¿gusta un café? ¿Se encuentra cómodamente instalado en nuestro sencillo pero confortable hostal?
—Sí, señor. Me siento agobiado por tanta amabilidad, musitó K.
—No, amigo agrimensor. Eso y más es lo que usted merece. Gente como usted hace falta en el mundo. Sírvase tomar un habano…
K sonrió complacido. Ajustó su corbata y sus enormes ojos negros iluminaron el rostro que sonreía infatigable desde el fondo del desportillado balde agua. JLV

miércoles 24 de septiembre de 2008

Los Guarapetas


Cuenta la antropóloga Nelly Robles que en una de las últimas charlas que sostuvo con el doctor Alfonso Caso —descubridor de Monte Albán—, sin saber cómo ni cuándo, escuchó por primera vez la palabra "guarapetas". Con el correr de los años y entre los espacios que le dejaban sus investigaciones se dio tiempo para ir recolectando datos de estos personajes.


Posteriormente entró en contacto con el estudioso Irineo Cerrito, ávido investigador de origen costarricense, quien le facilitó algunos materiales que hacían referencia a esta desaparecida comunidad indígena.


Yo conversé con ella en Yanhuitlán, en la reciente inauguración de la muestra de "Yucundaa: Tesoro de la Civilización Mixteca". Se veía animosa, radiante y con un dominio pleno de los hallazgos en torno a los señoríos de la zona y tantas otras cosas que la han convertido en una especialista de renombre.

Tras despedirnos de los Harp y algunos otros benefactores de la cultura, nos encaminamos hacia un discreto cafecillo para charlar acerca de diferentes temas; al poco rato salieron a relucir esos seres enigmáticos desaparecidos en años posteriores a la Conquista.


La estudiosa me explicó que los guarapetas, más que una bifurcación de las ramas mixteco-zapotecas, eran sus raíces. Segregados del tronco común por alguna extraña razón fueron —hasta donde se sabe— tolerados en su condición de cardumen itinerante.

Esta distinción les fue concedida porque ellos, y nadie más, descubrieron el delicioso manjar que tanto tiene que ver con el nombre de Oaxaca: los guajes, esos afrodisíacos milenarios. También se sabe que los chapulines tatemados sobre el comal representaron el epítome de su exótica cocina.


Tras arduas jornadas de investigaciones y recolección inconclusa de datos y murmullos, se deduce que, por una rara alteración de la glotis, generaban sonidos ásperos, agudos e intermitentes, mismos que provocaron la insoportable irritación y neurosis(1) que, sobre todo, en las noches de luna distorsionaba la habitual bonhomía de sus antiguos correligionarios.


Con dunas en la frente y orejas puntiagudas, hombres y mujeres vagaban en fila india en busca de flores silvestres, insectos raros o frutos a punto de la putrefacción que hallaban a la vera del camino porque su dieta cotidiana, con excepción de los chapulines, estaba distanciada del fuego.


En la época del solsticio se dedicaban a correr como ciervos por cerros y valles hasta quedar extenuados. Como parte integral de sus actividades, el líder de las filas guarapetas solía ser el más joven de la tribu(2).


Dadas sus particularidades, se determina que desde su habitual columna llevaban a la práctica una versión rústica de la conocidísima formación T —estrategia vital en el futbol americano, originario, por lo que se ve, de estas latitudes—, y como rebaño adiestrado se colocaban en posición de gatear y avanzaban enérgicamente comiendo los vegetales blandos que consideraban dignos de ser triturados por sus desportillados y amarillentos dientes.


En su constante ir y venir por los alrededores fueron conocidos por la civilización que construyó Monte Albán en su fase más alta de esplendor, llegando -según presumen algunos conocedores- a ser inmortalizados por los artistas de la época(3) en sendos bloques de cantera.


A medida que recorrían una y otra vez las veredas entre Xoxocotlán y Zaachila fueron encariñándose con la región y fundaron su asentamiento temporal a la altura de Atzompa. Aquí se volvieron gregarios, quisquillosos, tembeleques, sodomitas, esmirriados, traicioneros, pestilentes y amorosos.


Conforme se fueron asentando, así también sus costumbres se transformaron y Guarají, lúcido líder, ordenó que por cada diez años que cumpliera un guarapeta le sería amputado un dedo de la mano(4), siendo que al final de sus vidas un pariente apto para mutilar o el “mochadedos” oficial de la tribu (el único que permanecía con sus falanges, falanginas y falangetas intocables) cumplía con la tradición.


Un hecho fortuito los rescató del olvido. Según los últimos indicios hallados en el códice Schulemburg o 12 muñón zopilote, un guarapeta a punto de morir se arrodilló en el cauce del Atoyac para lavar su dolor y recuerdos.


Mientras dibujaba aves en el lodo, su muñón derecho tropezó con una especie de piedra oblonga y peluda que sonaba hueca, misma que resultó ser la cabeza de la Donají(5) con su lirio en la oreja. Jamás imaginaron que este hecho simple sería transmutado, con el correr del tiempo, en una leyenda de la cual, para variar, fueron excluídos.


Así se comprueba que en poemas, tratados, ensayos o representaciones se les elimina porque, al parecer, son los olvidados de la mano de Dios. Sin una raíz sólida que les atara a la tierra, con severos problemas para su manutención y muy amargados por el ninguneo de sus contemporáneos estos últimos mohicanos oaxaqueños se fueron desvaneciendo y los últimos de ellos fueron vistos —según consta en manuscritos guardados con celo por los descendientes de algunos testigos— cuando se lanzaban como alcaravanes desde la complicada y hermosísima techumbre de alcatraces que construyeron con sus propios muñones para el convento inconcluso de Cuilapam de Guerrero.

Otros, finalmente, creen a pie juntillas que todos los menesterosos minusválidos carentes de dedos descienden de estos míticos seres.

Hasta aquí lo que se sabe de ellos. Las investigaciones continúan...


NOTAS:

1) Existe la creencia que el código genético actual de los zapotecas tuvo una modificación al interior de su ADN desde hace unos 800 o 900 años. Se presume que el zapoteca actual es irritable por herencia y no por naturaleza, según Irineo Cerrito uno de los teóricos más importantes especialista en tribus oaxaqueñas extintas.


2) Siempre y cuando pudiera ser un hábil gateador, ya que si no cumplía con esta condición era suplantado por un enano de pies y manos amputadas que avanzaba sobre una plancha de laja acondicionada para rodar adecuadamente sobre dos metates.


3) Existe una confusión entre los estudiosos, porque mientras unos afirman que pueden ser danzantes, extraterrestres o seres deformes, otros, entre ellos Cerrito, afirma vehementemente que son retratos casi precisos de los guarapetas en sus momentos de gozo.


4) El promedio de vida de un guarapeta oscilaba entre los 90 y 100 años de edad, así que al cumplir con el mandato, llegaban al final de su vida con la mayoría de sus dedos amputados.
5) La Donají es el símbolo actual del Municipio de Oaxaca de Juárez. JLV

Agruras


No le basta con mirar penosamente el ojo del enorme buitre que hurga en sus entrañas. El pajarraco cumple su misión con eficacia, al modo de esos sepultureros que acuden puntualmente a cenar con su familia tras enterrar los restos de un menor parapléjico.
Los labriegos avanzan; llevan en las picas las cabezas de los prefectos de los viejos regímenes. La angustia es azul y las rodillas ámbar.
Un dolor silba desde la pelvis. Sus intestinos se esparcen entre las peñas, piezas de un viejo reloj sobre la mesa de un decrépito relojero. Ahí el hígado, medusa desinflada; páncreas, verdosa letanía; vesícula, pequeña oruga que besa la cola de la nube que repta sábana sobre su frente.
Los huesos de la pierna ofrecen sus crujidos a la noche. La inigualable discreción de los riñones con su dulce sopor y el bazo de sedimentos negruzcos. Algo murmura la sangre con ese gorgor de combustible, pero el pez dorado brinca muy alto e impide ver los travesaños en la córnea del buitre. El brillo de una Biblia parpadea desde el píloro...
El payaso Desdémona despierta y ronronea a la noche como cúpula de iglesia dominica. Se afianza en el ático del diafragma y la luna lame la boca del estómago.
Desdémona palpa el troyano lecho. Sonríe y trata de dormir nuevamente mientras sus dedos-sabuesos olfatean cautelosos entre la maleza de la Mujer Barbada. JLV

martes 23 de septiembre de 2008

El payaso Desdémona


Sombras rugosas se mecen en el trapecio. Hambruna bosteza el león desdentado. La vendedora de algodones de azúcar ejerce como contorsionista y fotógrafa de niños.
Escurrida y aceitosamente hace su aparición el payaso Desdémona frente a la insalubre concurrencia. Apenas comienza a gesticular cuando el vozarrón de Pavarotti sacude la carpa y el factor sorpresa huye entre un pusilánime rugir de leopardo tatuado de pantera. La gente esboza una media mueca, nada más.
Desdémona ve cómo las gradas se alejan, escurridizas como su maquillaje rojo miseria. San Marcel Marceu no me dejes caer, piensa.
Inútiles sus esfuerzos para alargar el guión corto de esas máscaras adustas.
Rasca su tobillo de zebra y se refleja escarabajo en la punta del zapatón. Tembloroso, a la mitad de su acto, gusano que flota dentro del enorme traje, observado por una treintena de bestias pendientes de sus inútiles rutinas…
El payaso Desdémona lanza un jo-jo-jo desafiante que apenas estremece a la anciana sin piernas. Hurga entre su disfraz y extrae un enorme pistolón, lo lleva a su sien, dispara, se desploma y emerge de su cráneo sangrante la banderita percudida con un tímido ¡Bang!
La gente suelta la carcajada y aplaude rabiosamente, pero el cómico ya no está para atestiguarlo.
La contorsionista que ejerce como vendedora de algodones de azúcar ahora es la fotógrafa que invita a los paterfamilias para que lleven a sus hijos al centro de la pista a posar para una linda fotografía sobre los restos de Desdémona. JLV

lunes 22 de septiembre de 2008

Un alto en el camino


Los demás, los de su generación, probablemente estuvieran un poco menos calvos, más robustos que él, muy pocos con alguna especialidad rimbombante, muchos con pequeños comercios, contados quienes estuvieran ostentando un puesto de gran responsabilidad; la mayoría, resentidos, resquebrajados, juntando por las tardes recuerdos que harían trastabillar al más realista, sollozando afuera del porche de sus casas.
Así, pensando en esas cosas, imaginaba a la mujer que sostendría su mano en el último momento, pero sólo veía una mano blanca, no más. Trataba de reproducir forzadamente el rostro del doctor que le diría que su final sería como el de todos los tuberculosos, pero no puede; podría tratarse de alguno de sus antiguos condiscípulos.
Ha caminado tanto que no basta a su mente conocer los últimos pensamientos que jamás se ejecutarán minuciosamente, por muy fuera de lugar que eso parezca.
Así las cosas, el caminante observa la construcción, una mancha en la lejanía; el agrimensor suspira hondo y avanza inexorablemente hacia el Castillo. JLV

viernes 19 de septiembre de 2008

Sarnasius soñador clase premier


Sarnasius duerme a cerebelo suelto
del camastro brotan los matanceros
con reses partidas a la mitad
cartografías hemáticas sobre la espalda

Sarnasius va desde esas ruinas zapotecas
hasta el barrio de los resentidos
donde los armeros venidos a menos
se dedican a fabricar bisagras de silencio

Sarnasius compra dos cucuruchos
de catáfilas, agradece al guisante
y quema los tributos a cambio
de sufragios o presagios,
según el nivel del sueño
que haya logrado olvidar

En dirección opuesta brota un pequeño tallo
Sarnasius patea un paté de cerdo
regurgita como huevo en el hervor
y saluda deslumbrantes presagios

Al madurar, la sarnásica ensoñación
flota longitudinalmente en ese lago
donde las cariátides aplauden a rabiar
y el frontispicio de la vieja ex hacienda
deja caer sendas lágrimas
sobre su muela que tararea la vieja canción

Sarnasius desde el palco del teatro
observa cotiledones arar en las crujías
plántulas mohosas en los muros bifrontes
rayos de luna bulímicamente
languidecen entre los barrotes

Casi amanece en la trompa de Falopio
y los animales se transforman en frutos
las comarcas de Asia meridional
trepan como armaduras la enredadera
escamosa que nace de su oreja

Sarnasius abre un ojo
la mayonesa danza para él
la sangre de la arena
con odaliscas, chirimías y gendarmúfulas
y al ritmo de la páprika húngara decide despertar

Se levanta del camastro balsámico
sus huesos crujen prometeicamente
sorbe el ojo que danza entre el vaso de vino
su labios lanzan un argamasa intersticial
al piso, como a las concubinas, piensa
sólo se les escupe una vez

El día es azul y las macetas rojas
Sarnasius avanza con bombín en mano
quizá hoy será perfecto cuadrilátero
negociante babilonio con perros de luz
o un agrimensor de adobe sin camino. JLV

miércoles 10 de septiembre de 2008

En el País de las Maravillas


Alicia sacudió las alas y acomodó sus braguitas con torpeza, mientras el enano de Yorkshire intentaba desarrugar el gastado disfraz de gato. Exhausto, pero con una sonrisa de oreja a oreja, deseó la pronta visita de otro ángel que cruzara el espejo. JLV

Ángeles del asfalto


Cuando la ciudad dormita, surgen de las alcantarillas niños de cara sucia que iluminan, con el ir y venir de sus alas blanquísimas, a los armadillos que avanzamos a tientas por nuestras pesadillas. JLV

sábado 6 de septiembre de 2008

El padre McLuhan


Mientras observo la punta raspada de mis zapatos, pienso que la iglesia de McDermoth, con su pequeña torre y techado rojizo, no sería igual sin el padre McLuhan.

Alto, muy alto, tal vez más que mi propio padre. Serio, muy serio, tal vez más que mi propia madre. Todos lo queremos porque nos acostumbramos a verlo en su caminatas matutinas, pasa frente a nuestras ventanas como un enorme cuervo.

En cada callejuela se detiene para saludar a los vecinos. Es amable y muy ceremonioso. Si ve a una mujer se quita el sombrero y ejecuta una pequeña reverencia. A los hombres les estrecha la mano fuertemente. Con los niños la sonrisas nunca faltan.

Mucha gente comenta que los sermones del padre McLuhan son certeros. Aseguran que tiene la parsimonia de un banquero, pero mientras habla podemos ver claramente lo que dice porque tiene la habilidad de trasladarnos a los escenarios con precisión.

Recuerdo cuando nos habló de los niños africanos, fue tan vívida su narración que pudimos limpiar los lagrimones que brotaban de los grandes ojos negros que miraban los nuestros.

También fue memorable la ocasión en que nos platicó de cómo los nativos de la selva brasileña vivían en pecado mortal porque mostraban sus vergüenzas, sin el menor recato, mientras comerciaban con piratas irlandeses. Vimos la imagen, pero la borramos rápidamente de nuestra mente.

No sé qué haríamos en el barrio sin el padre McLuhan. A veces, cuando tiene escasas tareas por realizar, participa como árbitro de nuestros partidos de futbol. Castiga con severidad la menor falta, eso hace que nuestros encuentros deportivos se jueguen con gusto y respeto.

Gracias a él hemos crecido en el temor de Dios, amamos nuestras raíces, veneramos a los héroes y respetamos a nustros padres. En la escuela el nombre del padre McLuhan es sinónimo de respeto y dedicación. La mayoría de mis amigos están por cumplir los quince años, sólo Fat McBride y yo los cumplimos el mes pasado.

Aunque me siento complacido porque el padre McLuhan nos ha mandado llamar para platicar con nosotros, no sé... siento algo extraño. Quisiera irme pero no debo hacerlo. El padre McLuhan es una autoridad en el barrio. No quiero imaginar lo que se hablaría de mí en la comunidad si supieran que tuve la desfachatez de dejarle plantado.

El mensaje que da a los quinceañeros debe ser muy importante porque lo hace en privado, pero siento que las palabras que emplea deben ser muy fuertes, sólo así me explico los gemidos sofocados de McBride que escapan por debajo de la puerta...

...y sólo atino a frotar la punta raspada de mis viejos zapatos sobre este pantalón de mezclilla que mi hermano me presta para las grandes ocasiones. JLV

Fujiyama


El Fuji fuma triste y los cerezos saben que cuando llora Oyuki, geisha de porcelana, la gran sombra de Kato, invencible del sumo, destroza con ausencia su frágil corazón. JLV

lunes 1 de septiembre de 2008

El tapete azul o Mambrú se fue a la guerra


Mambrú retornó de la guerra más viejo y cansado y, tal vez, por qué no decirlo, casi translúcido. En sus ojos se veían humaredas, soldados cubiertos de lodo y sangre, animales putrefactos, quejidos, dolor y más dolor.
Cuando llegó a su barrio vio caras nuevas y casas diferentes. No encontró a viejos conocidos y sí empujones, prisas y desdén.
Más por instinto que por memorioso llegó a las puertas de su amada casa. Es cierto que era muy temprano y, si las cosas no habían cambiado, entonces las llaves de la puerta estarían debajo del tapete azul que decía "WELCOME".
Ahí estaban.
Subió por la escalera con el mayor sigilo. No quería despertar a Mambrina. Cómo estaría ella. Tal vez ya tuviera un rictus de tristeza pero con los ojos cuajados de esperanza. Más robusta, indudablemente, pero hermosa y jovial como la describía a sus compañeros de armas en las trincheras; sobre todo en los momentos antes de los ataques del enemigo, para limar el temor. Todos ellos conocían la historia del tapetito azul...
Abrió la puerta de la recámara y se quedó de una pieza. Ahí estaba su mujer, en medio de dos milicianos amarillentos y esqueléticos que roncaban terriblemente y que, si pudiera decirse, eran decididamente sus sosías, porque siempre los que regresan de la batalla parecen uno y el mismo.
Todos desnudos, como salchichas dentro de una sartén, pero con un gesto de apacible serenidad.
Mambrú tuvo el impulso de tomar su rifle y dispararles hasta vaciar la carga, pero no lo hizo. Quiso gritar improperios, lanzar maldiciones y azotar muebles contra las paredes, tampoco lo llevó al cabo. Observó al trío misérrimo durante unos segundos que se hicieron más largos que la batalla de Chinfusilá. Después salió.
Mientras bajaba la escalera, con más sigilo que antes, percibió cómo su corazón danzaba desaforadamente lastimando su costillar. Hizo un alto obligado para controlar los latidos cardiacos y evitar así que la tríada durmiente despertara.
Luego siguió descendiendo, como si se encaminara directo al paredón.
Cuando estuvo afuera de la casa colocó las llaves nuevamente bajo el tapete azul que decía "WELCOME" y pensó que el amor que ella le tuvo debió de ser tan grande que requirió de un doble surtidor de pasión y caricias para apaciguar la nostalgia. Tal vez sintió que era mejor tenerlo dos veces para aminorar las ojeras que deja el deseo instisfecho en una casa sola.
Tal vez, quién sabe.
Mambrú se alejó por donde vino. No odiaba a Mambrina porque él jamás escribió para contarle de sus penares en las batallas. Nunca quiso enterarla de las bajezas del hombre, ni de cómo quedaban los muertos mirando el cielo.
Mambrú retornaría al combate. Se daría de alta nuevamente en el puesto militar más próximo.
Si hubiera volteado para ver por última vez su casa, cosa improbable porque sabía que había perdido todo, habría visto que el sargento Gaxiola doblaba sobre la esquina opuesta y muy animoso enfilaba, inequívocamente, hacia el tapete azul. JLV

Aullidos


Un cachorro roe huesos en su guarida mientras la manada de lobos se aleja entre la espesura. Pelambres de metal, gruñidos de muerte. El enemigo está cerca.
La batalla da inicio: Aullidos, mordiscos, golpes, tumbos y jadeos rasgan la piel nocturna.

Una loba sale con vida del combate. Lleva en el hocico un corazón enemigo que aún palpita.

El lobezno recibe juguetonamente a la madre moribunda; lame sus heridas, luego devora el alimento.

Tiempo después, justo en el plenilunio, la bestezuela aúlla mientras sufre una horrenda transformación...

La luna atestigua el llanto de aquel ser y cubre, blanca de angustia, su desnudez de niño. JLV

sábado 30 de agosto de 2008

Oración del incauto



Señor:
Todas las noches duermo
a punto de la asfixia
un nudo en la garganta hecho de hervor y gente
me impide ver a los ojos del sol

Y es que no sé qué pasa ya contigo
mis oraciones yacen sobre la alfombra
de tu sala de espera igual que muchas otras

Creo en la bondad del hombre
en nuestra semejanza con lo mejor de Ti
pero te empeñas en ponernos a prueba
nos aplicas exámenes muy duros
casi todos caemos en los extraordinarios

Soy de los reprobados
que se van al rincón con orejas de burro
estudio el polvo
repaso calles
experimento sombras
consulto recuerdos
y ni así logró pasar de año

Me conmueve la mirada del cielo
que toca el acordeón en las esquinas
riego secretarias que cobran su salario
en la planta del jefe
trato de ser feliz con mis seis concubinas
oculto el sol con un dedo
siembro llanto y recojo tempestades
y ni así puedo mirar más claro

Puedo hacer sacrificios
y a nombre de todos los pederastas del mundo
pedir perdón porque ellos también llevan un niño adentro

Señor:
Dime si ya estás harto
háblanos claro
aunque sea con milagros
y déjanos saber tu voluntad

Ya no son tiempos para que estés callado
si de rencor estás repleto
deja caer un rayo
a truenos podemos entendernos
o si de plano tu obra ya no te satisface
arroja el cielo y ahóganos en nubes

Señor:
Sé que soy un incauto
que no pasará nada
que seguirás con tu pose de diva
pero que tal si en un descuido
tu corazón se ablanda
y nos diluvias un poco de tu reino

Amén

P.D. Que sueñes con los angelitos. JLV

Hallazgo y dolor


La eminencia sufre. La mujer que adora muere frente a sus ojos. En ese instante doloroso la verdad ilumina su mente atribulada. El dolor nutre las raíces de lo que en un futuro se conocerá como la famosa Ley de la Gravedad. JLV

La Luna era un hueco en el cielo


Durante mucho tiempo lo seguí. No sé qué buscaba, pero jamás volteó para verme.

Recorrimos calles empedradas y senderos de barro hasta que llegamos a las inmediaciones de la ciudad de Polvo. Ahí pude ver cómo las mujeres lamieron su cuerpo con las manos. Sus ojos estaban en blanco, mientras ellas lanzaban extraños conjuros que semejaban aves dibujando montes.

La luna era un hueco en el cielo cuando la mujer más anciana gritó:

—Ahí está, atrápenla...

Quise escapar. Corrí como poseída y mientras más lejos estaba más cerca me sentía de él.

El cielo era dorado cuando despertó:

—Qué pasó, qué hago aquí, dijo él...

—Nada, no te agites, respondió la anciana, sólo que ella está nuevamente contigo. Nos costó trabajo darle alcance pero sabíamos que no podía durar mucho tiempo separada de ti.

Sonríe, te volvió el alma al cuerpo. JLV

Zócalo-Alameda


Labios azules besan el kiosko.
Dos perros se estiran,
el amanecer dormita en su espinazo.
Escurre sangre de los periódicos,
un caudal de tinta repta por las calles.
Cadáveres germinan en camas de cartón.
Rostros en el reflejo del calzado
pirámides de nubes en la lejanía.
El sol bosteza la ciudad.
(Antes de su llegada no tenía dueño).
Los turistas beben laureles de la India
en el café de los Portales.
Tosen los dos ancianos blancos,
conversan desde sus arrugas,
el enfisema germina en su ojos acuosos.
Se rumora que Juárez, en el interior de la Catedral,
espera su turno en el confesionario
hierve su pecho en la angina.
Díaz prende los días
en la diáspora de sus condecoraciones
y el Ipiranga es un recuerdo errante.
Una banca verde besa mi espalda,
frente a mí una puerta bosteza
vidrios ahumados.
Observo las vides esculpidas,
los mensajes cifrados en la cantera,
ríe la sangre en la espalda del indio,
los ideogramas del látigo. JLV

lunes 28 de julio de 2008

Es trabajo de Arturo


Para mi hijo Arturo.


Es trabajo de Arturo
acomodar el sol
y sembrarlo en mis ojos

Doctor en escaleras
con pericia de ardilla
del cielo descendía
para ver a su abuela

Desayunaba nubes
conquistó lagartijas
hormigas de manteca
domaba fieras sillas
hipnotizaba flores
y murmuraba calles

Otra de sus labores
era cavar profundo
con sus dientes de leche
en nuestros corazones

Ya casi por la tarde
inventaba la luna
deshojaba escaleras
trenzaba carcajadas
sometía cucarachas
lideraba las sombras
nos soñaba felices

II
Arturo no está en casa
la tierra donde mora
es pasto de los fríos
dicen que ahora está enfermo
que juega con su prima
o que duerme y sonríe

Hace días que no lo oigo

Su rostro me respira
lo siento junto a mí
anclado entre mis venas

Arturo vigila en otra torre
de lejos nos escucha
a su piel blanca
le crecen los recuerdos. JLV

sábado 19 de julio de 2008

Tristeza vertebral


Para Pacaju


Una tristeza vertebral
Me embiste a él
Porque soy yo
No hay nadie más cursi
En esta noche
Que sea capaz de ordeñar
A la luna por tus pechos

En este mismo instante
drásticamente cursilíneo
No me arrepiento de
Haber tomado al
Polvo por los cuernos
Ni de llorar a dípteros
Sobre tu frente

De la cursilería que invoco
No me dejes caer
Atrápame si puedes
En mi sangre
Y deja que la noche
Lance monedas al fondo
de mi bípeda historia

Hoy no sé distinguir
Entre desgracia y suerte
O hallar la distancia más corta
Entre un latido cursi
Y una arteria en oleaje
O un fusible de luz
Y una seminalmente angustia

Sólo puedo decirte
Que no puedo desandar
Nunca más por tu ombligo
Y aunque me suene cursi
Y tu mirada hierva de
Amaneceres el desierto
En este cuasicursi discurso
Delante de la gente
mastico lentamente
Tu más recursi vértebra

Perdón por ser tan cursi
Por arroparme en ti
Por renacer en tu hombro
Exagero y lo sé
Pero está dicho por él
Que soy yo mismo
Un pobre cursinómano
A punto de emigrar a tu sueño. JLV

viernes 18 de julio de 2008

Suicidios y plumas


Abrí los ojos y supe que mi suicidio había fracasado. Arranqué sin pudor la pluma que salía de mi oreja.
Harto de mi vivir lo intenté una y otra vez. Los conatos abortaban pero surgían más plumas por cada tentativa fallida.
Un día entendí que mientras más intentara poner fin a mis días, mis posibilidades de convertirme en un ser alado se acercaban y decidí aceptar los designios celestiales.
Plumas multicolores cubrían mi cuerpo. Era emocionante. En dos o tres intentonas más sería querubín. Ya me veía alabando al Creador.
Acometí con enjundia la tentativa final y volví a fallar. Abrí los ojos y no supe si estaba en el Limbo. Quise decir algo y apenas pude cacarear; me removí sobre un montón de paja y con alegría descubrí que había puesto un huevo. JLV

jueves 17 de julio de 2008

Mujer tenaz


Y dije a tu padre: sé de una ciudad pequeña, de pescadores ingenuos y toscos, ahí podré trabajar y criaremos al hijo que borre pasados.
Él me vio con ojos de rata y no sonrió. Era viejo y comía de mi mano. Nadie mejor que yo para guiar al inútil y enterrar sus esperanzas.
Siempre me quisiste menos. Alguien tenía que alimentar a los seres etéreos pero tú, mi sangre, sólo veías a través de sus ojos.
Me hice parte del inventario de esta universidad, mientras ustedes soñaban con islas de piratas y princesas encantadas.

Tenaz como esta casa vacía, sostengo la mirada a un par de cráneos secos y ordeno mis recuerdos para cuando se ofrezca contarlos. JLV

La doncella


La noche era oscura y las nubes ocultaban estrellas. El perfil del castillo Sposatta lucía maligno. Todo era soledad y las alimañas no salían de sus madrigueras.
Muy cerca de ahí, casi junto al villorrio, el silencio esculpía la mansión de los Cavalcantti. La ventana de la recámara de Donnatella estaba abierta. Las cortinas se mecían. De pronto un murciélago irrumpió en su interior para, instantes después, transformarse en el abominable conde Lucanor.
Se acercó al lecho donde la bella dormía. Fue inclinándose hacia el níveo cuello sin dejar de admirar tanta gracia. Los enormes colmillos estaban a punto de hincarse cuando la presa bostezó.
Lucanor, aterrado, frenó su movimiento, un efluvio de ajo escapaba de la hermosa boca. No pudo soportarlo y se perdió en la noche.

La ventana de la recámara de Donnatella continuó abierta. De pronto, de la cruz que estaba sobre el lecho, descendió el crucificado y colocó otro diente del bulbo entre los rojos labios de la gentil doncella. JLV

martes 15 de julio de 2008

Evasivo


Roedor crónico de hostias, aquel ratón de sacristía siempre evadió con astucia las trampas de la Fe. JLV

lunes 14 de julio de 2008

La tinta azulosa de los amores robados


Y cuando el cornudo leyó las palabras que la mujer llevaba tatuadas en su bajo vientre palideció de muerte. "Esta cuca es mía", rezaba la leyenda.
Quiso matarla, después acabaría con su propia vida. Se acercó al cuerpo traidor y grabó la caligrafía maldita en su memoria. Sus ojos de astado miraban la piel blanca, mancillada por la tinta azulosa de los amores robados.

De pronto recordó que el amor era menos vital que la comida y una idea timbró en su cerebelo. Las letras sangraban su corazón pero algo le decía que debería indagar hasta llegar a la mano que trazó la bajeza.
“Buscaré un conciliábulo de genios capaces de hallar identidades ocultas bajo trazos infamantes”, pensó.
En tan sólo dos días obtuvo el veredicto.
—Quien escribió esto fue un creador, sentenció el calígrafo que habló a nombre del prestigioso equipo de cerebros.
—Dígame quién es, respondió el denigrado.
—García Márquez, por supuesto. Quién más idearía algo así.
—Lo sabía, murmuró el fementido. Una sonrisilla anuló el oprobio.
Enseguida pagó sin chistar los honorarios de las eminencias.

Meditó por días, decidió en segundos. Perdonaría a la infiel y transformaría la ignominia en su modus vivendi.

Una vez los vi. No vivían en la opulencia pero sonreían como si se hubieran mudado a otro mundo. Ahí estaban. Él cobraba a los curiosos a la entrada de la desportillada carpa. La ex adúltera lo miraba con orgullo inmarcesible, atenta a los curiosos que llegaban a pedirle autógrafos o le imploraban que mostrara la impertinente grafía.

No he sabido más de ellos, lo último que escuche fue que se habían transmutado en atildados sanadores y que fundaron la Iglesia de las Letras del Bajo Vientre de los Últimos Días. JLV

Vacas bipolares


Tras la epidemia de las "vacas bipolares", la producción lechera se desplomó en cuestión de días. Los científicos determinaron que el momento había llegado.
Cientos de galeones intergalácticos enfilaron rumbo a la Luna, comandados por expertos queseros. En tanto, la nave nodriza se dirigió a los confines del espacio exterior; en su interior resplandecía la gran máquina, construida ex profeso para ordeñar escrupulosamente a la Vía Láctea. JLV

sábado 12 de julio de 2008

De plumas, polvo y nubes


Desvencijado y a punto de morir, el viejo temblaba como hojarasca. Sus ojos pedían más luz. Su boca entreabierta barbotaba frases incoloras, mal atadas y hediondas.

Mucho alboroto detrás de la puerta y aleteos en los corredores. Las hojas doradas contenían con dificultad llantos como gemidos y risillas sollozantes. Por debajo se filtraban sombras que negaban fidelidad a sus cuerpos.

Un revoloteo constante azuzaba el momento. Como si de pronto un tornado de aves fuera a meterse a la recámara y llenar todo de plumas, polvo y nubes.

El viejo pidió, como favor final, observar por última vez lo que pronto abandonaría y que tan poco trabajo le costó edificar (en sólo siete días). Una mujer achacosa y otra adolescente trataron de levantarlo. Con cierta dificultad consiguieron llevarle hacia el balcón.
Desde ahí pudo ver el paisaje azul. Las nubes reconcentradas en hacerse y deshacerse. Las cansadas tonadas del viento. Un pájaro metálico silbó desganadamente.
La historia pendía de su boca como un hilo de baba...

Cerró los ojos y sintió claramente que eso era lo último que haría antes de alejarse para siempre. Indicó, con ademán de mendigo, volver al lecho. Las mujeres obedecieron sin chistar, sobre todo la más joven que, a pesar del penoso momento, con su letal movimiento de caderas aligeraba el penar del moribundo que fijaba su empañada pupila en el ir y venir de la túnica bajo los glúteos.

El carcamán, con rabia entre las cejas, gesticuló horriblemente y con la mirada señaló hacia la puerta.

--Quiere que entren, murmuró la vieja.

--Yo abro, respondió la caderona. Así lo hizo. Y giró lentamente el picaporte, mientras la decrépita hacía gestos de repulsa.

--Dice Dios que pueden pasar a despedirse de Él, exclamó, mientras cientos de ángeles, arcángeles y querubines llenaron su rostro de plumitas.

Una oleada de murmullos invadió el recinto y un suspiro ensordecedor acorraló al anteriormente Todopoderoso.

--No me despido, sentenció envolviéndolos con su aliento denso y verduzco. No permitan que los de abajo se apoderen de nuestros territorios. El infierno no es un mal necesario...
Ya no dijo más, entendió que estaba por de más.


Nadie hizo caso: Sólo querían ver cómo se extinguía. Los ángeles, uno a uno, abandonaron paulatinamente la recámara, con sus rostros iluminados por una extraña alegría. Estaban hartos de obedecer y de ser buenos, de acuerdo con sus planes era el momento de ir tras la anciana que --tras haber alcoholizado a San Pedro se quedó con sus llaves-- se encaminaba hacia la puerta principal para dejar libre el paso al placer y sus huestes. Abanicaron hacia el futuro y soltaron una risotada de promisoria plenitud.

Por su parte, la joven fue hacia la ventana, se encaramó como pudo y dejó que su larga cabellera se extendiera hacia abajo como una sierpe interminable, para que los diablillos pudieran escalar sin problemas.

Un soplo surgido desde lo más recóndito sacudió el cuerpo acartonado del viejo Dios y sus ojos cayeron al suelo como un par de dados mal tirados...

Un tufillo azufroso comenzó a invadir el recinto del antiguo Supremo. Fragmentos de seca piel se mecían en el aire como hojas de viejos pergaminos.


La caderona lanzó un suspiro de resignación, sonrió y se acercó a la puerta para ver cómo los ángeles y los demonios se fundían en un abrazo que de fraternal tenía muy poco. JLV

viernes 11 de julio de 2008

casa vacía


Cuánto silencio danza a mitad de esta casa
Las alas de la noche cubren todos los muebles
En esta silla aún descansa tu sombra
La escalera respira tu aliento todavía

Las casas también reclaman compañía
Un arbusto a su lado o alguien que las mire de lejos
Para paliar la llaga que supura entre adobes
Y recordarle al mundo que siempre habrá derrumbes

Hervor de migraciones silba sobre la estufa
Cartografías de llanto en el mantel que un día fue blanco
Hormigueros de angustia entre mis uñas
Mis dedos sangran un amargo café sobre la taza

Que larga es la amargura de la noche más corta
Que arroja en las paredes sábanas de silencio
Crujen los dientes del techo a la azotea
Las moscas deletrean tu risa en el armario

De nostálgico aceite sartenes se desbordan
Mastico funerales en todas las comidas
Tiemblan ventanas y sollozan cortinas
Ya nadie inventa el fuego en la cocina. JLV

viernes 27 de junio de 2008

Atila siempre y de noche


Para el Sax (q.e.p.d).



La tos de nuevo. Un ataque fuerte y ruidoso. El gusano debía estar creciendo.

-¡Silencio pinche viejo!, gritaron los vagos. ¡Silencio Atila o te partimos la madre!

-¡A callar a su puta madre!, les respondió.

El silencio fue el primero en llegar para ver qué ocurría. Luego alguien pateó una lata. Pequeños murmullos se fueron acercando valentonamente. Carrerillas lentas y torpes. Un perro ladrando detrás de una puerta.

Quería ver quién andaba por ahí, pero sólo sintió un duro golpe en el rostro como una baño de agua tibia. Un vaho caliente corrió bajo su piel mientras se derrumbaba, igual a los extras de cine que caían como moscas en las películas de blanco y negro.

Cerró los ojos y ahí estaba el televisor encendido. No había nada ni habría nada. Ésa era su caja de luz. Con su permanente e innecesaria discusión de moscas, centenares de insectos zumbando dentro del aparato. Una plaga, pensó. Adoraba su vieja Philco, tan grande y bien portada. En algún momento, muy remoto, debió cumplir con su función al pie del cañón. Hoy mostraba nubarrones blanquinegros que dejaban escapar zumbidos de avispero.

Sobre la mesa, muy cerca del borde, estaba un vaso con alcohol del 96. Le recordó al bravucón de pelo en pecho que siempre llegaba a jeringar a “La Cueva del Peludo”. La pantalla del televisor se reflejaba deformada y empequeñecida en la superficie del vaso, sobre el acechante bravuconcito con alcohol cuajado de nada. Intentó tomar el vaso pero cayó su boina grasosa, olorosa a brillantina. Se inclinó para levantarla, con la pericia del ebrio que evita el contacto con el aire y se recuesta sobre el suelo bienhechor. Ni siquiera en los peores momentos de ebriedad soportaba que su calva lechosa quedara a la intemperie.

Una tufarada de licor mezclado con olor a muerto brotó de su boca entreabierta. Sintió ardor en esa lengua agrietada y seca. El esfuerzo había sido demasiado. Encajó su boina sobre las ideas terriblemente revueltas. Su cabeza a punto de estallar. No podía entender cómo es que el licor adulterado había subido de precio a casi el doble. Discutió con su proveedor. Ambos recurrieron a diversas formas para ver quién vencía a quién. Nada ocurrió. Con tristeza observó cómo esos gramos de lucidez iban a parar al cajón de aquel hijo de perra.

Y tenía que ser en sábado, pensó. Las putas deambulaban olorosas y festivas. Se reían al verlo, pero cuando su mirada las tocaba fingían hablar de cosas interesantes. Masajeó su frente. Debió pegarse un manotazo en una de sus idas al mingitorio de “La Cueva del Peludo”.

Sin dinero y más sediento que nunca tuvo que saludar a viejos parroquianos. Eso le molestaba. No era muy agradable que los demás supieran que andaba sin un pinche centavo. Esos tipos eran bebedores domesticados. Una, dos cervezas, mucha plática y después a dormir en sus camas rechinantes al lado de sus mujeres tiesas. Ellos evitaban su contacto las más de las veces, si acaso un saludo esporádico. Sabían que bajo esa boina vencida estaba un perro que mordería sus bolas si lo atacaban. Notorio era ver que su paso les irritaba como la sarna a los zapatos recién lustrados.

Así que saludó; ellos le invitaron. Bebió a sus costillas durante una o dos horas. Veía sus rostros rojizos. Las manos bien cuidadas. Luego observaba sus uñas negras y juntaba las rodillas. Quería beber, sólo beber, mientras daba de golpecitos al suelo con sus zapatones de payaso.

- Eh, muñeco, Atilano, no te duermas, le dijeron.

- No, no lo haré, el sueño es para putos, espetó.

Llegó a su casa repleto de una pesadez inusual (soportaba más licor que cualquiera de sus contemporáneos) lanzó un eructo que hizo vibrar los cristales de las ventanas. Sonrió estúpidamente. Cómo cambian los tiempos. Cuando era joven y el cuerpo le respondía podía lanzar eructos sonoros que sacudían las más buenas conciencias. Eructos, pedos, salivazos. Quien se tira un pedo al aire se pedorrea a sí mismo, pensó. Recordó a Anteo. Casi lo vio flotar, mover sus pies en el aire. Patalear. Las ranas del laboratorio pataleaban. Sus ancas blancas y brillosas, como de plastilina aceitada. Qué asco. Era el mejor eructador. ¿El mejor?¿Alguien puede enorgullecerse por emitir ruidos asquerosos? A la mierda. Él estuvo orgulloso de eso. Sus amigos también... Algún día, alguien escribiría la historia de los eructos, si ya estaba impresa la historia de la mierda.

La casa es un cascarón y yo la yema, decía con frecuencia. Recobró algo de lucidez. Observó la hora en su reloj la hora: 4:30 de la mañana. Tosió y la garganta se cuarteó una vez más. Ya no le agradaba esa tos de fumador que paulatinamente se acomodaba en el interior de su pecho como gusano barrenador. El gusano requería espacio porque crecía. Un día depositaría huevecillos y éstos buscarían lugares para guarecerse y crecer y crecer hasta reventarle a mitad de una fiesta o de una ceremonia religiosa.
A saber... Encendió un cigarro.
El humillo se elevó como espíritu de bruja que se deshila para buscar donceles. Las brujas toman formas diversas. Se deshacen para no ser atrapadas. Se incorporan a algo deshaciéndose, uniéndose, mimeticamaleonándose como decía la jorobada tatuadora de vergas.

Más conciente que antes se llevó el vaso con alcohol a la boca. El trago le coció la lengua. Sintió como el licor penetraba por esas estrías secas. Luego con cierta nostalgia dio otra chupada a su cigarro. La luz lechosa del televisor era un buen tranquilizante. Más a tono con su estado. A quién interesaba si amanecía sobre esa silla de mimbre (tan vieja como sus ganas de coger).

“Quiero salir de este huevo de adobe y calicanto”, pensó. Trató de incorporarse, torpe y burlón. Se vio a sí mismo desde las alturas de la inconciencia. Un hombre viejo, torpe y ebrio. Empezó a silbar mientras se dirigía al baño. Ese lugar sí es un buen refugio. Un edén pacífico en donde, si la fortuna es pródiga, podría aparecer un recuerdo lujurioso, pretexto para las artes del sube y baja y lanzar por el retrete su tributo a la vida. También podría ocurrir que una alfombra mágica saliera del retrete, se pusiera bajo sus pies y lo elevara a mear sobre la tierra. Obviamente sus primeros ataques serían sobre los domesticados... El baño es una caja de sorpresas. Una cajita de fósforos que encierra olores y pensamientos.

Salió del cuartucho de baño con sonrisa de adolescente primerizo. Todo en penumbras. La oscuridad estaba tras las paredes, esperando algo, acechando como todas las noches. Dentro de su casa la penumbra era la reina. Pisaba con cuidado, aún conservaba esa tina metálica repleta de orines viejos con el patito de plástico flotando ahí para siempre. Era una señal o una especie de trampa para los casi nulos visitantes que podían llegar a importunarle alguna que otra noche.

Tomó el viejo abrigo de sus caminatas, en realidad era el único, pero era como una segunda sombra y había que cogerle con respeto. Salió a la calle.

Hacía frío. Un airecillo helado y cosquilleante le pellizcó los testículos. Juntó fuertemente las piernas, las rodillas, estuvo así un momento y luego echó a andar. Se cubrió el rostro con el cuello del abrigo y su rala pelambre escapaba bajo la boina como patas de arañas.

La tos de nuevo. Un ataque fuerte y ruidoso. El gusano debía estar creciendo.

-¡Silencio pinche viejo!, gritaron los vagos. ¡Silencio Atila o te partimos la madre!

-¡A callar a su puta madre!, les respondió.

El silencio fue el primero en llegar para ver qué ocurría. Luego alguien pateó una lata. Pequeños murmullos se fueron acercando valentonamente. Carrerillas lentas y torpes. Un perro ladrando detrás de una puerta.

Quería ver quién andaba por ahí pero sólo sintió el golpe en el rostro como una baño de agua tibia. Un vaho caliente corrió bajo su piel mientras se derrumbaba cómicamente, igual a los extras de cine que caían como moscas en las películas de blanco y negro.

¡Arriba el culo y las nalgas, hijos de la chingada!, gritó y los últimos vapores de la borrachera le protegieron del dolor. Las patadas le llovieron por todo el cuerpo. Apretaba las piernas; las rodillas, sobre todo. Los codos detenían los golpes que iban directo a su rostro. Una bota le partió la oreja y los párpados se le hincharon de tanto acariciar punteras.

La golpiza fue sustanciosa, pero moderada. Había recibido peores. Los jóvenes de hoy no saben patear, pensó mientras mordía sus labios para contener otro ataque de tos.

Después los pasos se fueron alejando entre las carcajadas y las mentadas de madre.

La oscuridad se hizo menos pesada y la penumbra de su casa salió a la calle. No había por qué alarmarse si aún podía quedarse tirado sobre ese piso que ya no estaba frío. Serían tan sólo unos minutos, o lo que fuera. No había prisa. Sus carnes lloraban, los huesos también. No tardaría en amanecer.

Pensaba que apenas pudiera ponerse de pie iría directo a “La Cueva del Peludo”. No faltaba mucho para que amaneciera y ese lugar abría justo cuando las venas se enroscaban pidiendo más licor. Mientras tanto charlaría con la jorobada que adivinaba el futuro a seres de universos paralelos. Sabía que la encontraría patiabierta en la fuente de Santa Catalina, con talismanes regados por el suelo y practicando el monólogo eterno de bienvenida a las instancias superiores de falos luminosos que bla, bla, bla...

Y no es que fuera su último recurso, bien podría regresar como hijo pródigo a su silla de mimbre y unirse al zumbido de avispero de la vieja Philco. Pero en esos momentos necesitaba algo de afecto y la jorobada, a pesar de su ebriedad y locura, siempre lo recibía con un abrazo cálido, de hermanos. Lo quería mucho, más cuando llegaba golpeado, y estaba deseoso de escuchar, por milésima ocasión, de cómo el padre de la contrahecha le obsequió, cuando ella cumplió quince años, al enano de pene descomunal para que se lo tatuara.

Un animalillo cubierto de sarna se acercó para lamerle el rostro cubierto de sangre seca...

- Ve a lamer a otro muerto, hijo de perra, murmuró mientras se hacía ovillo sobre el pavimento. JLV

Lecterianas


Cuando tuve tu espalda junto a mi pecho un olor a trapo viejo fermentaba el espacio breve que nos separaba. Tu esencia de moho invadió mis pulmones. De tus cabellos se desmadejaban rodajas de tocino frito en la humareda punzante de los pensamientos. Volteaste hacia mí y una tufarada de cebollas encendió mi lujuria.
Tus piernas sobre mis mejillas. Acariciante roce de jamones que mi lengua reconocía como viejos y salados y temblorosos territorios de todas mis papilas gustativas.
Apetecido montículo de carne blanda y perfumada, con los condimentos que la vida coloca con sapiencia. Tu risa de orégano untaba mi corazón cuando mordías mis dedos y mis pellejos danzaban prisioneros de tus estalactitas dientes.
Podría comerte toda de un solo bocado. Pondría a hervir tus sesos durante varias horas. Los masticaría despacio, sin prisas y los restos serían dorados al sol y fabricaría cordilleras fragmentadas para construir guarniciones en las tardes de hastío.
Tus pulmones, hígado, páncreas e intestinos serían ingrediente vitalicios de ese menudo que tanto nos fascinaba en los días de resaca.
Ni qué decir de tus ojos: huevos cocidos con aceitunas verdes. Y tu corazón: latiendo lento entre mis manos como un pollo tembloroso caído de su nido.
Sabia mezcla de ti que se transforma en una masa suave y pastosa que recorre a sus anchas la molienda que se oficia dentro de mi paladar.
Antes de comerte, cruda o asada, te olfatearía toda. Hundiría mi nariz en cada poro para reconocer cada instante que se quedó danzando entre olores del tiempo.
Te extraño tanto porque dejaste tu esencia grabada en los dobleces de mis sábanas sombras.
Te quiero más porque te guisas en mis sueños y tu aroma se aleja a perfumar el mundo cada noche.
Te baño en mi saliva porque eres el cuerpo de mi sangre. JLV

viernes 20 de junio de 2008

Hombre en la Luna




Nunca pudo tener los pies bien puestos en la tierra, dijo la madre de Neil Armstrong cuando vio al astronauta dar trompicones, como potro recién nacido, sobre la superficie lunar. JLV

miércoles 28 de mayo de 2008

Japón


Para el maestro Carlos Reygadas

La anciana se acomoda en el catre
deja pintar su cuerpo
con el pincel del ojo
del presunto suicida que vino de muy lejos
a enterrar sus recuerdos
en un valle olvidado
y todo para qué
si las rocas del tiempo
ablandaron sus ansias
su memoria

La anciana ya no recuerda bien
en qué momento fue
cuando tendió sus manos de tortuga
y caminó en los dedos del extraño
que pronunció su nombre
en un suspiro lento
resignado
(Asunción
Ascensión)
de hombre que ya no desea partir
sino parirse en mil
desterrado
derrumbado junto a un caballo muerto
limpio de polvo y paja
lavado por las nubes
concéntrico círculo del todo y de la nada

La anciana no sabe de palabras
sólo de servir un té frío para
apagar la sed
la caminata
como si hiciera falta
o caminar después
palabras, las mínimas
que cobijen lo que se ve
y no se juzga
lo que a fuerza de sentir
solos murmuran labios
piedras reconocidas
cuestas que nada cuestan
veredas inasibles

Y el hombre se reconoce hombre
entre su mano
ofrenda movimiento
a la sombra que tiembla sobre el muro

un sueño:
una mujer hermosa
emerge de los mares
avanza sigilosa
y se acerca a la vieja
se besan en la boca
dos besos

dos


un recuerdo:
la anciana se inclina sobre el comal
hay un deseo en sus corvas
un gemido de carne
como de tierra herida
el ojo del presunto suicida
que ya no quiere serlo
la recorre
y ella lo reconoce

La anciana ignora algo
pero no por ser vieja
sino porque es muy niña para ver
que las cosas suceden porque sí
porque siempre del polvo
vienen las enseñanzas
algunas amarguras
pero hay un tiempo en que todo
deja de ser así para saber un poco menos
de todo
o todo

Y sí
la anciana se acomoda en el catre
y el antiguo suicida que busca redimirse
la coloca como si fuera un goya
sobre un muro de plata
no importan las arrugas ni el silencio
ni la sonrisa agradecida de
máscara que olvida sus arrugas
o al cristo de la misa mañanera
son ellos dos ahora
el hombre y la mujer
un roto y un descosido
el dedo y la uña
el moveré al mundo
y su punto de apoyo

Después,
de más está decir,
que todo fue un fracaso
y que lo rescatable sólo
fue la unión de sus almas
nudo de las respiraciones
la mirada del techo
la mano atortugada que camina en la espalda
el resplandor del ojo
el brillo del silencio
el silencio

podríamos añadir que se amaron
y que fueron felices para siempre
pero no
no
ella quedó tendida a un lado de los rieles
con los ojos cerrados
germinando de piedras
en sus piedras

del presunto suicida
nunca se supo más
los montes aseguran
que se volvió una roca
un vientre de caballo
un gota de lluvia
un soplo de amargura
espesura. JLV

Sarnasius tallador de estornudos




Sarnasius toma aire
aspira hondo y llegaste
nariz como si nada
a demoler el polvo de mis huesos
como si mil zanates
cayeran sobre el mundo
y así las cosas
me exilié por el cielo
como las uvas hacen
cuando cambian de piel
y las ramas en busca
de otro nido

Sarnasius respira
suavemente y estornuda
has llegado nariz
a la última cena del silencio
sobre una calle herida
entre huellas de la luz
casi encima de mí
pero más lejos
un poco más allá
entre mis uñas

Sarnasius plancha
orificios nasales
estornuda silencios
has partido nariz
con tus olores sabios
entre migajas
comisuras de labios
suspiros de hojalata
cuijas ensimismadas
saleros destronados
perfume de otros mares

Sarnasius contempla
lejanías irrumpe en el espejo
degüella su reflejo
nariz de qué estás hecha
aroma de la piedra
resplandor del olvido
olfato del adiós. JLV

miércoles 14 de mayo de 2008

Lo que quiero decirte


Para Pacaju

Lo que debí decir
Está anclado en mi lengua
En lo más hondo
De esta primavera
Que me arde muchas venas

Lo que quise decir
Aún no lo he nacido
No es por falta de un cielo
Ni por carencia de aire
Es que cuando anochece
Sólo pienso en soñarte

Lo que debo decirte
Es que mi amor se enrosca
En tu tobillo que amo
En tus chamorros que
Anclaron en mi pecho

Eso quiero decirte
Que escribo tu saliva
Tu memoria de nube
Tu sonrisa de lunes
Tu cariño. JLV

Abuelita de Batman


La abuelita de Batman era una anciana dulce. Su cabecita de algodón parecía un cotonete Johnson con pilas Duracell. Le gustaba salir a pasear y utilizaba su Harley-Davidson porque desconfiaba de la estorbosa batimoto. Sentía la caricia del viento cruzar vertiginosamente entre los pliegues de su rostro. Entrecerró los ojos detrás de las conchas negruzcas de sus Ray Ban...

Ciudad Gótica era, a esa hora, la garganta del diablo.

En realidad que su nieto fuera un super héroe le tenía sin cuidado. Bien pudo haberse convertido en un millonario holgazán y bueno para nada como su hijo (que en gloria esté). Pero no. Tenía que vengar la muerte de sus padres. Amaba a Brunito, así le decía, porque a pesar de su carácter introvertido y sangrón tenía esa mirada tan dulce de perro chihuahueño que la desarmaba.

Era innombrable secreto familiar que el viejo mayordomo, en épocas pasadas, había calentado sus sábanas en noches heladas, razón por la que continuaba al servicio de la familia.

Las cosas de la edad habían hecho del viejo Albert, por momentos, un peligro esmirriado. En ocasiones, cuando servía sopa de murciélago la vertía sobre el amanerado Robin. Otras veces, planchando el traje del super héroe, llegaba a quemarle con la batiplancha. Pero la abuelita de Batman siempre encontró la manera de defenderlo y de mantener su escuálida imagen paterna en la mansión del nieto. Y es que si lo hubieran visto años atrás, recorriendo su cuerpo rollizo y pecoso, también le habrían calificado de máquina sexual.

La abuelita de Batman desayunaba en la cama. Le encantaba observar la televisión. Sentía, muy en el fondo, un orgullo inmarcesible cuando mencionaban en los noticieros de Ciudad Gótica las hazañas de su nieto. Después de todo no era tan malo tener un gladiador en la familia.

Pero el Joven Maravilla le inspiraba desconfianza. Nunca envejecía y no crecía de tamaño. Con su cutis de modelo de Helena Rubinstein y siempre pegado a la capa del Murciélago. Esa relación le hacía despertar sospechas porque, después de todo, le hubiera encantado cargar a los murcielaguitos de su nieto. Pero, quién era ella para juzgar a Brunito. Total, lo mismo se rumoraba del Pingüino o del Guasón.

Extrañaba los días en que solía salir a caminar por el campo, en sus días de juventud. ¿Días de juventud? Pero, momento, ¿es que alguna vez había sido joven? Hizo esfuerzos y recordaba como entre brumas un rostro joven que, a mayor esfuerzo, se iba definiendo. No era ella. Era Batichica. Bueno, pues entonces qué carajo ocurría. ¿Siempre había sido vieja? ¡Toda la vida fue la abuelita de Batman? ¿Y sus relaciones entreveradas con Albert? ¿Máquina sexual? Esas palabras nunca las diría ella. Qué pasaba aquí...

Una profunda angustia le embargó porque cayó en la cuenta de que su mundo era unidimensional. Todo parecía indicar que su destino estaba escrito por un desconocido superior que se empeñaba en dejarles a ella y a su nieto y a los malos y buenos dentro de un círculo vicioso, donde lo único que cambiaban eran los pretextos para pelear. ¿Por qué los enemigos de su nieto morían y volvían de la tumba peores que antes?
Y ella, ahora se daba perfecta cuenta, tenía las mismas arrugas de siempre en el mismo lugar. El mismo pesado medallón sobre sus carnes rollizas. Los mismos arbustos bajo su balcón...

Se incorporó de la cama y observó su rostro de anciana bondadosa. Con su cabellera de micrófono de los años 80 y su boca pequeña coloreada con carmín de un rojo pantone Warm Red. Lloró y la tinta se corrió por su mejilla rosada, inusual para una vieja que debería tener el rostro cubierto de pecas. Su largo camisón se plegaba como una mancha y no como los vaporosos atuendos que imaginó utilizar cuando sometía al mayordomo. ¡Lo sometió? ¡Pero si todo parecía indicar que en su mundo la pasión era sinónimo de ausencia! ¡Todos parecían productos de la generación espontánea!

Nada era cierto.
Todo parecía estar hecho en apartados. En cuadros independientes que mantenían una hilación, una cierta coherencia, pero sin esa chispa que permite a otros cometer errores y levantarse y caer nuevamente.
Ahora entendía que ella debería estar muerta y que el Joven Maravilla bien podría ser un anciano. Por eso no envejecía y era ingenuamente estúpido, brillante y servicial.
Y su nieto, con esa mirada de chihuahueño, abstemio siempre. Fiel a sus convicciones y presa favorita de mujeres, presumiblemente fatales como la Hiedra o Gatubela. Con esa obsesión por defender lo indefendible. A una ciudad que le daba la espalda y que bien podría alabar a otro guardián.

Todos con destinos funestos. Con antecedentes trágicos. Como dibujados por dedos maniqueos. Sí, dibujos. Pequeñas viñetas estancadas en lo mismo. La vieja casona. Las sorprendentes perspectivas de una ciudad que duerme y una silueta de murciélago que la resguarda. Las lunas enormes y tan circularmente perfectas. Los trajes de etiqueta que nunca cambiarían de estilo. Ese manejo obsesivo por lo oscuro, por lo negriazul. Por sostener un orden acartonado y caduco.

Aunque, a decir verdad, algo había cambiado. Antes su nieto era un dibujo de un hombre normal disfrazado. Ahora se le veía más atlético. Sus rasgos marcados. Sus músculos parecían perfectamente aceitados. Lo mismo ocurría con Robin, ahora lucía más varonil y fuerte. Su personalidad de adolescente asexuado había desparecido. Qué cosas.

No obstante, no era dueña de su destino. Y eso, para la abuela de un superhéroe, era insoportable. Tomó asiento en el borde la cama, cubierta con esa colcha satinada de los 60. Pensó o imaginó. Ni ella lo sabía. Luego se levantó. Se vistió y fue hacia el cobertizo donde guardaba su Harley. Dejó el casco protector a un lado. Mientras calentaba el poderoso motor tuvo la intención de dejarle una nota a su nieto. Quiso advertirle de las cosas que había percibido y decirle que no eran más que seres creados por una mente retorcida que cubría, de alguna forma, ciertas necesidades de otros utilizando símbolos, señales, sueños y deseos pero que, en realidad, no existían.
No había nada entre un cuadro y otro, sino un espacio breve entre dos líneas negras.
No lo hizo, arrancó en su motocicleta hacia la puerta. Albert la miraba desde la ventana y trazó una señal imperceptible, como de despedida, mientras llamaba a su patrón por el baticelularvideodigitaltetradimensional...

La abuelita de Batman era una anciana dulce. Su cabecita de algodón parecía un cotonete Johnson. Le gustaba salir a pasear, y utilizaba su Harley-Davidson porque desconfiaba de la estorbosa batimoto. Sentía la caricia del viento cruzar vertiginosamente entre los pliegues de su rostro. Entrecerró los ojos detrás de las conchas negruzcos de sus Ray Ban y, justo cuando estaba a punto de llegar al precipicio, observó el guante de su nieto que le sostenía de la mano. Luego se sintió elevada por los aires.

Ciudad Gótica era, a esa hora, el diablo en la garganta.

Mientras ascendían, fuertemente atados por la baticuerda, hacia el baticóptero, la abuelita de Batman observó los ojos de chihuahueño de su nieto y entendió que no tenía escapatoria.

Ya no intentó nada. No moriría y, tal vez, para la próxima aventura olvidaría lo que atisbó en ésta.
Quiso llorar, pero prefirió ver cómo una mano enorme trazaba con maestría la palabra CONTINUARÁ... JLV

viernes 2 de mayo de 2008

Una extraña flor color malva que brota del muro


El portero clavó su porcina mirada en la charola de periodista que le mostré, me sonrió con respetillo. Había logrado vencer el único obstáculo que me separaba del evento.

Había recorrido la 'Revu' largo rato y en todos los congales los precios de entrada eran estratosféricos, así que decidí entrar al Río Rita, previa adquisición de una 'birria' obligatoria.

El panorama era desolador, en el interior del antro deprimente brotaba un hongo ahumado que flotaba sobre el hormiguero.

Elegí un buen lugar, cerca de la barra y justo detrás de dos pequeños sinaloenses que profundizaban en los ontológicos corridos del Chalino.

"¡Compadre, compadre venga!, la comadre dió a luz un niño, yo creo que será boxeador o futbolista porque rompió la fuente de un trancazo"...

Fue lo primero que alcancé a escuchar de las bocas difusas que parloteaban en la megapantalla. El pueblo enloqueció, hermanaron sus risas para festejar el certero vaticinio de la agorera del vagón, mientras el afortunado padre se recargaba en un árbol, sonriendo estúpidamente.

Di un sorbo a mi cabeza y peiné mi cerveza; empezaba a compartir el enfado general, mientras en otros lugares la pelea preliminar llegaba a su fin, en el atestado bar vomitaban la tragicomiérdica videobiografía del fenómeno del box.

Prolongaban nuestra agonía. Miré a diestra y siniestra y los meseros, contorsionistas chinos, se encaramaban entre el húmedo y pestilente boscaje humano.

El sudor reciclado era una boa constrictor deslizándose entre el follaje de cuellos y brazos. Mientras la raza apostaba y refería datos del ídolo. Otros buscaban imbécilmente dónde apoyar la cabeza.

Entonces la vi, era una extraña flor color malva que brotaba del muro. Parecía niurra, pero su máscara era natural, era la gemela de Talula Falora, la doble de la princesa Mico Micona..., sintió el rigor de mis ojos y sólo me vio para clavar sus verdes aceitunas en el video que escurría de la pantalla.

Por fin el evento postdiferido y postemérito. Testigo de la historia me sumergí en el barritar estremecedor que sacudió al mundo. Las enclenques columnas y las duelas se sacudieron, cascabelearon en un acto de fe.

La casi niurra volteó y sostuvo mis deseos, durante milésimas de segundo, en la curva impresionante de sus pestañas. Sonrió, indeleble y lejana. Temblé. Una frase de Tarkovsky aleteó entre mi estupor: "No desear, ser como niños"...

Un sorbo a mi Pacífico.

--Ese Azuma ya está ruco, si gana es porque perdió, dijo el más grande de los pequeñines descendientes de Caro Quintero.

Volteo y Talula lame el caparazón nocturno de nuestro gladiador. Me ve y lanza improperios a un ebrio inmerso en su orina que se debate entre la vida y la muerte. Ampáralo Gran Señora...

De ver a la morra o ver el combate..., pues prefiero pistear. Alguien dice:

--Una birria, compa, una birria. Le apuesto una birria al negro, jomi...

--No, respondo.

--Hum, pa'eso me gustaba compi...

--No compa, ando zarrilla; pura cacharpilla cargo, respondo.

--Es cura, es cura...

Finaliza la primera contienda, gana el pariente de Nelson Mandela. Interiormente yo le iba al Nelson porque el orden de los factores no altera al Azuma...

Comerciales. Instantes que nos devuelven la confianza en el ser humano. Anuncian un fraccionamiento nuevo, cercano al aeropuerto:

"Si quieres vivir cachondo

ven a vivir a Macondo

ondo ondo ondo

ven a vivir a Macondo

¡Macondo!"


--Se lo va a fregar el Norris, ese bato es bien chacalón, dice el mesero que me destapa otra cerveza. Ahorita le traigo su cambio, compa... Jamás le vuelvo a ver.

Falora voltea con cierta gracia, es un girasol. Busca dónde estoy, ahora sí sonríe...

Dilema universal: el Norris o la jaina...

Para ganarme su amor debe admirar un detalle sobresaliente que me distinga del resto. Decido asumir una aguerrida postura de Tai Chi, desplazó estoicamente mis 120 kilos de masa, sin que se altere el entorno con los latidos de mi corazón que flota inerme en océanos de grasa.

Por fin algo decente. En minuto y feria el Norris destroza a un fantasma. El público sabe que el perdedor ya es un vegetal marchito que a duras penas subsistirá con la neurona que le queda...

¡Ahhhhh! Ya era hora. Un péndulo de sangre recorre el mundo.

Silencio.

El ambiente queda como Blue Demon al escuchar el escalofriante alarido de la mandrágora. Aparece la fuerza hecha hombre. La leyenda convertida en gancho al hígado se dirige a trote cansino hacia el encordado, enmedio de una fauna sedienta de excremento. Lo tocan, se santiguan. El amo de la destrucción, el obispo del jab con sus abalorios publicitarios colgando de la vestimenta.

¡Julio! ¡Julio! ¡Julio! ¡Julio!

La emoción sacude los intestinos. Las imágenes galopan raudas por los valles de la memoria. Pedro Infante y Juan Diego cabalgan de nuevo en el pulso de los videovidentes. La virgencita del Tepeyac se incomodará, supongo, por la efervescencia devocional que se desvía hacia una nueva y poderosa deidad.

¡Julio! ¡Julio! ¡Julio! ¡Julio!

La nurria en potencia está pendiente de todo. Se anima y silba estrepitosamente. Voltea a a verme otra vez.. Ya se hizo, Zoke Budeke, me digo a mí mix. Te lo merecías por disciplinado...

Un lastimero graznido perfora nuestros tímpanos. Lo reconozco de inmediato:

"Doctor Morales, ni los emperadores romanos cuando regresaban de mil batallas eran recibidos con este entusiasmo. Esto es delirio con el que se recibe a Julio César Chávez". Claro, no podía ser otro que don Antaño Andere.

Los sinaloenses casi se toman de las manos. Besos insinuados; el orgullo nacionalista que se comparte. Brincotean y reconozco en un santiamén los pasos básicos de la quebradita.

Talula Falora otra vez. Una sonrisa que pone en juego la consistencia de mi fervor deportivo o la inminente posibilidad de aventarme un quicky. Se lame los labios ella misma. Sabe lo que trae, autocomplacencia en mitad del hervor... Algo quiere esta perra, pienso, mientras palpo la solidez de mis Trojans.

Llega la ceremonia de los himnos. Todos, jubilosos, entonamos el nuestro y saludamos con fervor a nuestro lábaro patrio. Detestamos a Jimmy Lennon, el guiñapo anunciador que pronuncia el nombre de nuestro campeón mientras los ojos vacunos de Troll King le ven con lascivia.

El cronista habla detrás de las imágenes: "Joe Cortéz les dice ¡quietos, y venga ahora y que gane el mejor. Y como ya se sabe quién es el mejor... Una derecha alcanza en su huida a Whitaker, la derecha por abajo; empieza a enderezar sus armas a la parte blanda Julio César Chávez, que es una fórmula rumbo a la victoria".

Temporalmente Talula deja de existir. Todos estamos entregados a las mosquiteriles evoluciones de nuestro ídolo. Los gritos de la pitonisa del ferrocarril retornan a mi mente: "... le rompió la fuente de un trancazo".

El Río Rita se desborda de emoción, un caudal de energía contenida estalla en el antro. Es un milagro en la frontera, nuestras plegarias transfornan el lugar en un río Rito. Glorioso, la apoteósis vivida es inmarcesible. Un lazo de unión entre seres humanos de diversas razas unidos por la genialidad de los medios, Don King y Talula. Lanzo al aire mi plegaria: Diosito bonito, tú puedes hacerle ganar para que vuelva a pelear pronto; tú también sabes que libra por libra es el mejor.

Todos vemos lo que vemos pero no lo creemos. Round tras round nuestro júbilo pierde facultades, percibo que el misticismo de mis hermanos de evento empieza a desmoronarse. No importa, los momios están a su favor...

Talula intuye, sus fosas nasales se dilatan, percibe algo. Julio no es el Julio que todos conocemos. Los elfos de Televisa casi nos convencen de que nuestro gallo triunfará, pero una desazón nos invade...

De reojo checo a mi niurra, sigo firme. Clávalo Julio, clávalo., ese bato ni aguanta nada, apúrate para que Budeke entre en acción.

Coincido con Andere, a la altura del noveno episodio: "...no sabemos cómo puede ser campeón del mundo un boxeador que se la pasa huyendo y huyendo..."

Doy la razón al Sony: ".. rapidísmo y muy vivo este Whitaker, sin embargo, valiente como él solo, este Julio César sigue presionando. ¡Vean cómo cabecea, cómo se zambulle!, y luego conecta por la zona renal Pernell Whitaker..."

Andere y yo nos irritamos: "... otra falla del árbitro. El golpe a los riñones es prohibido, y ni pío dijo este señor Joe Cortéz. La verdad no nos gusta su actuación."

Casiniurra voltea una vez más. Deja su cerveza en el suelo y se arregla el cabello. Se huele la solapa del saco, hace muecas, así son las extrañas flores color malva...

Si ya me veo con ella en residencial Macondo: Toma abierta de nuestra casa de dos plantas. Apreciamos la construcción bellamente adornada. El jardín en todo su esplendor. En el portal un atado de piedras de Calcuta mecido por el viento. Ella y yo correteamos, un afgano cabalga suavemente mientras brotan rosas a su paso. Ella se avalanza hacia mí y la abrazo. Miramos a la cámara, nos miramos y empezamos a cantar:

"Si quieres vivir cachondo

ven a vivir a Macondo

ondo ondo ondo

ven a vivir a Macondo

¡Macondo!"


¡Atención, atención!... ¡Tierra llamando a Budeke, Tierra llamando a Budeke!... Esto es increíble, todos rezamos cualitativamente en pos del triunfo del púgil. Mantenemos nuestro irredento apoyo y como mexicanos estamos con el nuestro. Masiosare un extraño enemigo, maldito chícharo amargo, por eso nadie lo quiere...

Último round.

Silencio.

Talula Falora está inquieta, se arregla el arete del labio y se ajusta el cinturón...

Los ecos flotan, suspendidos entre la nube de tabaco, son voces de otro mundo...

Eco 1: "La verdad, la verdad, hemos visto a Julio César esta noche inclusive falto de vigor".

Eco 2: "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, se ha visto mal en esta ocasión Julio César..."

Ella voltea, camina hacia mí. Qué hago. Budeke y Talula son novios, son novios, lero lero... Házmela buena Diosito. Me mira fijamente, es la transparencia de la máscara, la importancia de apoyarse en el muro, la fascinación que provoca causar deseo...

Es el último round... No, sería un sacrilegio. No puedo fallarle al Julio..., seguiré hasta el final, aunque el camino de los exsexos me lleve a la iluminación... Siento su respiración, su aroma invade mi espacio, tambalea mi endeble postura taichichuanera y esta agonía que no cesa.

Los ecos persisten:

Eco 3: "Julio hoy ha hecho la pelea del hombreeeeeeeeeeeeeeee..."

Talula pasa frente amí y embiste. De la barra surge una avalancha, un clón de Paquita la del Barrio, es la mujer que nació para rodar, evidentemente es de la estirpe de las verrugas. Se dirige hacia mi Talula con gracia ameboidea...

Los murmullos languidecen...

Murmullo lánguido: "Bueno, pues ha terminado esta pesadilla; esa es la calificación exacta para Julio César, una auténtica pesadilla de 12 episodios.

Para mí empieza otra, busco a Talula Falora, abandono mi posición de caballo y ahí está. Los bofos, peludos y lascivos bracitos de la gorda enroscados en mi niurra. Mi flor malva muerde el lóbulo de esa hernia que me robó el amor, mi casa en residencial Macondo y para colmo el Julio no se clavó al Whitaker...

Finjo que no veo, paso de largo y pienso en las coreanas del Chicago. Ellas calmarán este dolor con sus piecesitos amarillos machacando lento sobre mi espalda.

Me encamino hacia la salida del Río Rita. Pasaré primero a Las Adelitas para ir agarrando ambiente. Ya me siento parte de este humo multicolor. La vida se acomoda suavemente, el nene con el nene y la nena con la nena. Mi corazón agarra su paso. Pinches levi's que se vayan a Chihuahua a un baile. Escucho el último murmullo:

Último murmullo: "Pensamos, suponemos que hubo manipulación, que hubo mano negra..."

Yo también lo pienso mientras subo la escalera y canturreo una rolita que escuche aquí mismo, en una obra de teatro que el maestro Gurrola presentó en este congal:

"Ligue, ligue, ligue, ligue, li gue, li gue,

allí en el Río Rita

si no te pones moto

te coges un joto

ligue, ligue, ligue, ligue, li gue, li gue...". JLV

miércoles 23 de abril de 2008

Alice y Carroll


Entrar y salir del espejo no es problema, pensó Alicia. El dilema es que mi reflejo sonría estúpidamente como gato gordo cuando el señor Carroll me fotografía. JLV

domingo 13 de abril de 2008

Espantos


Juraba que en su casa espantaban; sobre todo en el lavabo. Cada vez que se paraba frente al espejo aparecía un horripilante ser. JLV

martes 1 de abril de 2008

Un copo de silencio


Los años se deslavan y tu calle de rostro
me grita que lo olvide que no hubo nada aquí
ni un copo de silencio

Los hijos crecen dudas y cosechan caminos
con pies de lodo bailan a los espejos
mendigos del instante ardemos en la llama
osamentas que ladran

Y las palabras caen con las rótulas rotas
de soportar silencios navidades mostrencas
cumpleaños de unicel suspiros de acetona
rencores de hojalata

Ésos de la fotografía son viajeros cansados
y sus domingos dormían fuera de caza
eran raíces de otros mares sin puertas
abismos de hojarasca

Así que de nada sirvieron mis ojos en los tuyos
tantas idas al súper sin córneas nos dejaron
el muro nos cobija su latido nos llama
al exilio emplomado. JLV








Sarnasius, recolector de emos


Sarnasius exprime
las pisadas del muro
y su miopía ancestral
aplica torniquete
al darketo reflujo
con latir metalero
De ausencia emocional
predice que los emos
son eslabón perdido
del sepulcro a deshoras
o llanto de nostalgias

Corta sus venas
por la diversidad
y el respeto del
hombre para el emo

Nada puede pasar
que no haya sido
se dice Sarnasius

Nudo ciego
recolector de pestes
traza un organigrama
en su antebrazo
hunde del tiempo
al filo del dolor
y se sienta en la acera

Anarco aullido
zorro desmemoriado
acomoda su fleco
saca filo a hexagramas
sicario del silencio
fúrico se levanta
arremete con saña
a la sombra y al árbol
exsudado de rabia
escupe sin horarios
a la diversidad celeste. JLV

jueves 27 de marzo de 2008

La mesa


La mesa estaba servida. Todo en su lugar. Los cubiertos eran finos; los platillos eran frutos humeantes sobre el bello mantel. Todo en orden impecable. Las sillas no entendían por qué la mesa lucía tan serena a mitad de esa isla solitaria. JLV

Prolífico


Mis hijas son diez pero parecen veinte. Cuando las llevo de paseo siempre piden cosas con exageración: Helados, cometas, globos, malteadas, algodones azucarados, etc.
Deseo darlas en matrimonio a la brevedad. Reconozco que son muy jóvenes pero mi abuela, que en paz descanse, casó a los catorce años.
Cuando mi esposa dio a luz asombró a mi terruño. Se habían dado casos de quintillizos o sextillizos, pero mis decallizas tambalearon a los escépticos más recalcitrantes.
Recuerdo bien que en la sala de espera del hospital platicaba con don Nutria, finísima persona, y me comentaba que los vástagos son bendición divina. Coincido con él. Creyente de milagros, como soy desde hace años, sólo espero entregarlas a varones bien nacidos.
Cuando salimos a la calle la gente nos observa. Yo, en su caso, haría lo mismo. Somos un espectáculo y me siento como domador que lidera el avance de una fiera repetida diez veces.
Atiendo su crecimiento y las consecuencias de su desarrollo. Tiemblo al pensar que un día las fuerzas me falten y ellas, inocentes, queden expuestas a las maldades del mundo.
Mis hijas son adorables. No me puedo quejar. Arrumacos y caricias me prodigan sin cesar. No hay padre más amado en la tierra. Aunque me hago a la idea, sé que sufriré con su partida.
Detesto convertirme en un nonagenario solitario más. Creo que ha llegado el momento de procrear nuevamente. JLV

Amoroso lance


Elipse le confió al Círculo de sus amores intensos. De cómo, con su prestancia, doña Hipérbola limaba su corazón quebradizo. Lo mismo me paso a mí, le respondió el confidente. Y siento que si la atrapas hasta parientes seremos porque desde hace tres lunas con Parábola, su prima, en concubinato vivo. No es cosa muy complicada, le dijo el afortunado: cuestión de cálculo simple. Yo giro en mi propio eje, de felicidad henchido, despacito y sin dar “chance”, que le di a la caza alcance. JLV

jueves 14 de febrero de 2008

Balada de la perrita con traje de bebé


El viejo camina calles sobre piernas cascorvas; la joroba apuntando al cielo y una perrita vestida con traje de bebé. La gente voltea y ríe. “Es tan chistoso”, dicen.

El viejo era yo y la perrita mi novia.

Mi sombra salía a pasear. Era patizamba, parecía un injerto de humano con caparacho de tortuga y su hija parecía una niña vestida de perrita. Le veía y mi risa escupía la cara. “Eres tan patético”, aseveraba. La niña con ropa de perrita eras tú y el patiarqueado, mi doble.

Hoy que nadie camina sobre mí. Hoy que limitan el paso por esta zona recuerdo al anciano, a su mascota, a la gente que se burlaba, al sobrino del viejo, a todos los que fueron y que ya no son. A todos los que con sus pisadas me otorgaban mi condición de calle. Yo era la hendidura que parte a cada metro la banqueta y las sombras que los pasos marcan en la lluvia.

Dicen que un mendigo llevaba un cartapacio y en su interior dibujaba calles: seres deformes y singulares canes vestidos con ropas estrafalarias. Yo soy el álbum de dibujo, me cobija un cartapacio. Nada de lo que se ha pintado sobre mí es cierto. Son ilusiones de un paria ciego y deforme. Yo, el trazo; la, tinta mi hermana.

Soy la perrita vestida con vestido azul, diamantina y olanes. Cuando paso cerca de un poste descifro los mensajes ocultos en las ínsulas resecas de la orina de mis congéneres. Soy la mascota de alguien que no fue nadie. Yo era el olfato y esa vida gris, que me lanza mendrugos, mi amante.

Somos las piernas de este viejo. Soportamos su indefensión y sus dudas. Cargamos con el peso de su deformidad. A veces, sin que él se dé cuenta, caminamos tan rápido que tropezamos. Resentimos el golpe, sufrimos la caída, pero su alma está peor que nosotras...Somos los pilares; los pies, el pantano.

Soy una montaña de grasa en la espalda de un viejo. Somos, en esa sombra, una jiba de dromedario sobre una marioneta contrahecha. Somos el dolor y la angustia. Una mala imitación, una carga a cuestas.

Somos la burla y el desprecio nos ama. JLV

Informante


—No te marches aún, gimió ella. Ese trabajo de informante es riesgoso, deja eso ya.
—No puedo estar ni un minuto más, respondió él. Hoy cierro un negocio en los Olivos. Mucho oro de por medio.
— Siempre pensando en ese maldito metal. ¿Puedes atenderme más? Sólo ves en mí un trozo de carne.
— Es verdad. No te muevas de aquí, vendrá un tabernero de Jericó. Es dadivoso y trata bien a las zorras. Le dices que eres la hembra del informante del Sanedrín.
— ¡Maldito seas, Judas!

—Lava tus belfos cuando me nombres. Soy justo, no te vendería por menos de 30 monedas. JLV

Incorpóreo


El Sastrecillo Valiente sólo trabajaba para el Incorpóreo; nadie pagaba mejor los zurcidos invisibles. JLV

Vestido azul


Y cuando el frío le caló hasta las islas, la Tierra cubrió su desnudez de piedra con su vestido azul de manchas verdes. JLV

jueves 31 de enero de 2008

Cristal


El corazón del príncipe se quebró cuando los pies de su amada se cubrieron de sangre. Ahí mismo ordenó que decapitaran a la soprano quien, con su impresionante agudo, hizo estallar en mil pedazos las zapatillas de Cenicienta. JLV

Oreja de luz