lunes, 24 de noviembre de 2008

Mentirilla


Con las alas rotas, sordo, ciego y viejo, yacía el arcángel sobre su lecho de muerte. Alardiel consolaba al moribundo mientras oía sus últimas palabras:
—Hermano —susurró Hepatiel—, ¿me espera el Paraíso?
—Eso sería un milagro —respondió Alardiel—, pero no creo. Recuerda que a Dios lo inventamos nosotros. JLV

2 comentarios:

Dragon de Azucar dijo...

Y a pesar de ello la gente si creyendo en él/ella/eso...


Saludos

JLVasconcelos dijo...

Hola D.
Sí. Dios hace hasta lo imposble para que crean en èl.

Salutes.