viernes, 17 de octubre de 2008

Equivocación



Resucitó y un gruñido bestial salió de su bocaza. Esperaba ver a su asistente pero sólo miró a un niño con los cabellos de oro.
—Hoy se cumple la profecía. Soy el Comandante y desde este lugar retomaré, apoyado por mi ayudante, la aplicación correcta de la ley en esta colonia penal para que todos entiendan que mi manera de ejercerla es inmejorable.
El torvo militar se acercó al pequeño y le dijo:
—Fui soldado, juez, químico, ingeniero y dibujante. La Ley se aplicará nuevamente al ritmo justiciero del “Desmenuzador”, la máquina que inventé: la cama, el diseñador, el rastrillo y las agujas cumplirán su misión y escribirán la frase precisa sobre la piel del infractor.
—Usted en verdad logra asustarme, señor, respondió el chaval. Creo que su máquina lo ha domesticado, pero sólo sé que estamos en el asteroide B612; tenemos tres volcanes —dos de ellos activos y otro no—, y nunca hemos sido una colonia penal. JLV

3 comentarios:

Dragon de Azucar dijo...

¡Genial!

Muy bueno, muy bien logrado

Felicitaciones

Saludos

JLVasconcelos dijo...

Hola D:
Me alegra que te haya gustado.
Gracias por leer y motivar.

Salutes.

Dragon de Azucar dijo...

Me gusta el uso que haces de los personajes conocidos de la literatura, poniéndolo en situaciones nuevas.
Yo me imagino al capiyan Ahad frente a un cajero automático...


Saludos