lunes, 23 de febrero de 2009

De naufragios


Para nadie es un secreto que cuando una embarcación se va a pique, las ratas toman la delantera para abandonarla; por esa razón, los gatos hidráulicos siempre son los primeros en llegar a todos los naufragios. JLV

domingo, 22 de febrero de 2009

De reversa


Intimar entre crustáceos es un acto de fe, masculló Mr. Archibald aquella noche de verano. Lo embarazoso estriba —prosiguió— en que el tris-tras-trus de sus tenazuelas impide conciliar la lucha de contrarios. Acto seguido, caminó rápidamente en reversa con su orbe a cuestas, ante la bucólica mirada de un par de caracoles cuyos hogares habían sido expropiados al alba. JLV

sábado, 21 de febrero de 2009

De logros II


En Liliput las noches son minúsculas y las mañanas breves. Sus habitantes desdeñan al futuro y trazan metas a corto plazo. Desde antes de la llegada de Gulliver a sus tierras ya eran famosos por sus rebaños de pulgones y cultivos de plancton.
Practican la concisión como una de las Bellas Artes; evitan las discusiones prolongadas y las novelas-río, por eso conquistan —con frecuencia— galardones en certámenes de haikús y relatos breves. JLV

viernes, 20 de febrero de 2009

Memorias de improbable orfandad


I
Un cura flatulento reza las oraciones. Exhorta al prisionero que asuma su crimen y pida perdón al Dios que vigila con cierto disimulo. El animal se retuerce, ya no ve. No es nada. Todos se han vuelto un ojo enorme. La euforia cesó. Las respiraciones espaciadas aguardan el final del espectáculo.

II
Las mujeres forman un abanico que se abre y cierra a nuestro paso. Yo voy al frente. Mis ojos recorren rostros. Veo la negrura del odio en las miradas. Bilis amarilla exhalan las viejas, pero sólo nos ven a nosotros, torpes como gusanos. Los niños lanzan tomates, coles pútridas. Una morena de pechos enormes escupe sobre mis pies. Imperturbable avanzo, como si nada. Mis manos empuñan con fuerza la madera.

III
Me duele no haber heredado esa fuerza, hubiera querido sostener sobre mis hombros a un hijo, avanzar con él sobre los jardines y renacer en pasto.
Jamás lo haré, con un hijo de asesino basta. Que los neonatos naveguen en el limbo, este verdugo los dejará salir como renacuajos en túneles de carne. El cuerpo tiene sus necesidades y las satisfago como puedo. Total, es como comer o alimentarse, una necesidad más. Nunca engendraré vástagos, no lo haré; impediré que mi conciencia cargue otro fardo. Ni asesinos ni verdugos. Yo cargo con mis culpas, nadie más.

IV
Una gorda se pedorrea frente a mí, le doy un mandarriazo por el culo, y la risa nos cubre con su manto de miasmas. Quiero salir de aquí, escaparía muy lejos.

V
Aquí no hay nada. Los señores hurtaron lo que había de valor y el resto al pico de los buitres. Sólo queda esta casa desportillada, una barda maltrecha y miles de agujeros en el suelo. Algunas paredes palpitan como buches de palomas.

VI
Levanto el hacha y la dejo caer. Escucho el hueso que truena como rama; la piel escupe sangre y grasa sobre mi traje de verdugo. Respiro tranquilo. Cierro los ojos y en ese suspiro de descanso que contiene la plaza me doy por bien servido.
Aprendí a esperar como el metal. Me oculto en este saco de carne, espero mi momento. Dejo caer el instrumento, abro la piel, quiebro el hueso, aspiro el aroma de la sangre.
Cierro los ojos, todos desparecen; el mango de mi hacha me sostiene y en momentos como éste es cuando más deseo un abrazo afectuoso, una mirada, la desnudez del muro.

VII
Vengo a este sitio muy de cuando en cuando, una vez por año, cuando tengo que hablar conmigo; me alejo de saltimbanquis y meretrices y retorno a esta costra seca. Padezco la imperiosa necesidad de recorrer recuerdos con desnudez de adobe.
Y si alguien pregunta qué hago aquí, diré: Me interesa comprarlo, ¿sabe quién es el dueño?

VIII
Dicen que el tiempo es lo de menos. En un parpadeo, pasé del baño colectivo de la casa de huérfanos a estos túneles oscuros y pestilentes. Muchos cielos cayeron desde que me llevaron a rastras a ese nido de violadores y ratas. Me alejaron de aquí y patearon las migajas de recuerdos que arrojé sobre el sendero. En un momento todo se volvió amargo, gris. Mi estancia en el asilo fue como soga para el ahorcado. Estaba acostumbrado a ver el horizonte, a los atardeceres que pastaban . Perseguía tigres de luz en cometas de nubes.

IX
Toleré el llanto de la vela sobre mi espalda. El vinagre y la sal me arrancaron alaridos precisos. Silencios interminables en cuartos de penumbra; hincado y con un ladrillo en cada mano para fortalecer la voluntad, para expiar los pecados de otros y los nuestros, ¿qué pecados cometí?
Vergüenza sí, una muy grande, y todos se encargaban de gritar las palabras que, como péndulo, iban de acá para allá en mi cerebro: ¡A darle al hijo del asesino!

X
Para qué sirvan las noches: para follar, me digo.

XI
Dicen los que conocieron a mi madre que no soy como él. Mis dientes no son tan fieros. Que mi semblante es triste y que la sangre de mi familia materna era más fuerte, por eso fui lampiño. Sabía hacer muchas cosas, reía de sí mismo y silbaba la canción de los mares.

XII
¡Atrás, pueblo de mierda! ¡Atrás, atrás, cerdos asquerosos.

XIII
Desde aquí la gente es un perro inmenso; sus cabezas son colmillos de fiera. Gritan; sus palabras recorren la plaza y ruedan por los techos de paja. Son guiñapos, títeres todos de sus bajos instintos. Mira a esa mujer de pelo graso y desdentada, haciéndome señas lujuriosas y sobándose el sexo, mira a las otras festejar sus porquerías. Y a mi lado este viejo peón del obispo, carcomida oración . Y ahí frente a nosotros, arrodillado y triste, el animal que llora su perdón.

XIV
Una jiba fue mi tutora. Mi madre murió cuando nací y de mi padre sólo conservé un viejo apunte en sepia que jamás he vuelto a ver. En ella, el hombre robusto llevaba a un niño sobre los hombros.
No sé qué pude sentir en ese momento, sólo recuerdo una sonrisa ardiente. Me sentía seguro.
A veces, cuando salgo de esos túneles de mierda y llanto, subo a las almenas de esta prisión y cuando el mar no es negro la espuma traza su rostro.

XV
Ahí viene el príncipe y su séquito, libélula emponzoñada. Afeminados todos, con rostros blancos y pelucas piojosas; toman asiento entre su aroma de burdeleros reales. Y las hembras de senos como cráneos pulidos intercambian miradas con los soldados de la guardia. Los pequeños nobles ven con temor a las bestias que un día domesticará, mientras aspiran rapé en sus habitaciones.

XVI
La bestia chilla como cerdo. Todos juran que son inocentes. Su mujer grita, gime y patea sostenida como marioneta entre las vecinas. Los hijos lloran y ríen mientras nadan entre su orina. Un perro, imperturbable, lame su culo. Y miren ahora al cerdo como se retuerce, con el cuello sobre el tronco y las manos atadas a su espalda.

XVII
Y en el umbral de la prisión la luna observa como se besan el guardia y el prisionero. La luz anida en el yelmo, los brazos llenos de venas están blandos. Los dedos nervudos aprietan esas pequeñas lanzas que quieren ver la noche.

XVIII
La gente se arremolina. Animal de eructos y pestes corea la ocurrencia del momento.

XIX
Por qué murió la vieja. A él quién le cortó la vida. A quién le importa. Yo cargo con mis culpas, nadie más.

XX
¡Ah!, el metal es frío. Siento su peso. Si alguien tiene paciencia en este mundo ése es el acero. Espera su turno, empotrado entre madera o transformado en un objeto bello. Descansa entre su funda. Sabe que la sangre se oculta entre la carne. JLV

jueves, 19 de febrero de 2009

De logros


Peritos magistrales en la reducción de cabezas, los pigmeos amazónicos ya tienen otra cosa de que enorgullecerse: ayer, su escritor más laureado se adjudicó el premio mayor en microrrelato brevísimo. JLV

miércoles, 18 de febrero de 2009

Ungüento


Por años usó inútilmente pomadas para calmar la rasquera que descarapelaba su cráneo. Hasta que un ciego vendedor de ungüentos llegó a su hogar y le dijo: Use esto y no sufra más doña Medusa, no es caspa lo que tiene, sólo que su cabello siempre cambia de piel. JLV

martes, 17 de febrero de 2009

El cinturón


Las hebillas asoman en todos los rincones con ese desdém metálico que tienen. Hebras de res escurren de todos los cajones. Entre los desfiladeros de piel ofician orificios como frutos vacíos. El cinturón danza ante mí como una cobra. Oscila. Avanza, pica y retrocede. Repta sobre mis pies. Tal vez un día vuelva a su origen. Puede ser un milagro, pero hoy —sólo por hoy— dejaré que se enrosque en mi cuello. JLV

lunes, 16 de febrero de 2009

Un diálogo


—¡Toc, toc!
—Quién es. ¿Dios?
—No, soy su vecino. ¿Me regalaría una poca de azúcar?
—¡Faltaba más!, adelante Don Nadie.
—Muy gentil, ya casi no hay piedras tan amables.
—No apure, tome asiento; mientras descongelo al diabético que guardo en el freezer pruebe mi exquisito pudín de médula.
—Cuánta gentileza. Para corresponder a sus atenciones le obsequiaré a una de mis hijas, así las niñas de sus ojos ya no estarán tan solas.
—Sería genial, pero crié a ese cuervo y devoró mis ojos.
—Qué lástima. Entonces me despido, no sin antes recordarle que lo esencial es insensible para los piojos, sólo con el caparazón se puede ver bien.
—Que coincidencia, lo mismo me aconsejó una gripe virulenta.
—El azar, quién si no...
—Así es... los muérdagos siempre se besan a la sombra de la pareja.
—Fue un placer, gracias por el dragón.
—No tenga usted cuidado. Al alba, azúcar; a la madrugada, sal. Saludos al vecino.
—Por supuesto. De su parte. Trabajó siete días como un loco y ahora duerme el sueño de Procusto.
—Mírelo, tan seriecito que se ve. Debo cerrar la puerta porque mi perro podría escapar y morder a una sirena, usted comprende...
—Sí, entiendo. En cordura obturada no penetran visiones. Hasta la vista. JLV

Blanco fallido


—Sé que no era un halcón, afirmó la mujer.
—Decididamente sostengo que la flecha que arrojé iba dirigida al azor, a nadie más, sostuvo el ballestero.
Ella, incrédula, echó a volar hacia la punta de la pagoda.
Flotó un momento frente a los restos del rollizo ser, verificó y descendió de prisa. Sacudió su cabellera, tragó un sollozo y exclamó: Ni ángel ni demonio, sólo era Cupido. JLV

domingo, 15 de febrero de 2009

Sarnasius, asesor de springbreakers


A sorbos la vida cata cataléptico
springbreaker de lúbrica armadura
ensueño perezoso entre dunas de duda
Sarnasius crepita castillos en la arena

Un chisguete amargo pasa cada vez que se caza
el dardo infalible acierta en su monotonía
y las olas del bar estatuas malqueridas
se caen de soles borrachas de inocencia

Aún es medio día y las estrellas roncan
a esta hora ni los remordimientos ladran
ni los úteros escupen ovarios a mansalva
se consuela Sarnasius rodeado de pezones

Más allá tubérculos ardientes
danzan pedagógicamente al ojo del hambriento
mientras más vello todo será más púbico
reflexiona un clítoris sapiente

El verano al destino olfatea las axilas
axial y evanescente como un galgo
se convence a su modo que la nada
es mostrenca saeta tras el blanco
o consonante herbívora en barbacoa vocal

Un sabor a centavo la herencia del instante
a lenguas se percibe que nada es como antes
al futuro le aprietan las patentes
el acné del presente decora cualquier piel
y el pasado se muerde entre las uñas

Antes de que gorilas transmutados
anabólicamente lo saquen a empellones
o lo miccionen a punta de ballestas
de la maruchanesca intifada que es la vida

Sarnasius recomienda a otro springbreaker:
“doblega las orejas al silencio
a las arenas rinde un miramiento
hay que darle sepultura al buen lodo
y a la hoguera los mares, por agüados". JLV

domingo, 1 de febrero de 2009

Complejos


Desde la cúspide, ambos veían con orgullo sus enormes complejos.
—Cómo hemos crecido, dijo él.
—Tú, mucho más, respondió ella.
—Exageras; vamos a la par. Qué te parece un brindis.
—Brindo por ti, Edipo.
—A tu salud, Elektra. JLV

sábado, 31 de enero de 2009

Ascensión


Aquel primer día, los cielos estaban repletos de tristeza; el segundo, nublados de amargura; el tercero, cuando Él se elevó, llovieron de alegría y recuperaron su viejo asombro. JLV

jueves, 29 de enero de 2009

Llamado


Ni bien Nabokov había terminado de decir: “Dejad a las púberes que vengan a mí, porque de ellas es el rey, no de los hielos”... cuando Lolita ya estaba tocando a la puerta de sus deseos. JLV

miércoles, 28 de enero de 2009

Carta a Madame Maruchán


Extrañada Maruchán:
Lo sé, lo sé. Hace años que no te escribo. No es pereza, sólo es cuestión hormonal, dice mi médico. Ya sabes, cruzo por esos pantanos de la edad madura; pero, al igual que tú, mi piel es como esas aves que cruzan el lodazal y no se manchan.
Lo sé. Doy demasiadas vueltas antes de entrar al meollo del hoyo. Querida Maruchán, lamento no haber escrito antes. Lo juro. Veo tu rostro blanquísimo y sereno. Esa enorme y dulce sonrisa. Las pestañas entornadas… y ahora dejas escapar ese suspiro que te persigue desde nunca. Maruchán, mi dulce Maruchán.
He sido una bestia. Un animal de carga pero al fin te escribo. ¿Sabes? Me siento liberada. Descanso. Mi alma reposa al fin. Maruchán, mi maestra.
Puse en práctica los consejos que me diste. Accedí a los requerimientos del doctor Petonet. Un día lo llevé hacia la oscuridad de mi recámara. Dejé que me tocara y que se detuviera en mis pechos, en mis muslos y en mi sexo (por cierto, que lengua tan áspera).
Cuando Petonet roncaba —tras haber ingerido esa poción magistral que preparas— me levanté (que hombre tan ordinario). Fui al ropero y saqué los instrumentos que me obsequiaste el verano pasado. Posteriormente comencé a destazarlo. Qué sensación, por Dios, qué sensación. Ahora te comprendo, tenías toda la razón del mundo. Es una experiencia cuasi religiosa. Cortar en pedacitos a la carne que lamió tu carne; por Dios, qué locura. Es de esos placeres insospechados. Un deleite., como bien decías
Luego, para que veas cómo soy, accedí a las pretensiones del señor de la Cantoya, del joven Cuchiplanchi y del anciano Robespierre. Todos corrieron la misma suerte y, para serte franca, mi alma se fortaleció. Estoy fuerte, Maruchán, tanto como tú. Me encantaría que ambas participáramos en un festín de sangre. Qué estúpida, lo sé, pero lo deseó.
Para compensarte, te diré que estoy a punto de salir a tu encuentro. Muy pronto nos reuniremos. Podremos caminar tomadas de la mano por el puente Gay Lussac. Veremos la ciudad, sus luces y las gaviotas clavándose en la luna.
No sabes cuánto te extraño. Pero más añoro tus besos; no sabes cuánto quisiera que tu saliva humedeciera estos labios secos de tanto recordarte.
Muy pronto dormiremos una en brazos de la otra. Cerceno minutos para acercarme a ti.

Tuya.
Lady Noodle. JLV

martes, 27 de enero de 2009

Aspiradora

Lamió sus pezones y luego los mordisqueó; después se dejó ir... Tras fumar un cigarrillo, con amabilidad, la echó de la cama . “Sal, pequeña, le dijo, mi mujer no tarda en llegar”.
La french poddle saltó con agilidad y salió del cuarto meneando su colita como arbusto de algodón, mientras él —artefacto en mano— aspiró pelusillas y perfumó las sábanas. JLV

lunes, 26 de enero de 2009

Castigo


—¡Exijo que no me maten de risa! —gritó el payaso—. Les ordeno me apliquen un castigo más decoroso.

Los hijos del mago formaron un corrillo. Instantes después, el pelirrojo —el mayor de los quince— respondió:

—Está bien, no más cosquillas en los pies. Ahora te convertiremos en domador de piojos salvajes y hundirás tu cabeza dentro de sus fauces hasta que nuestras pulgas cambien de circo. JLV

domingo, 25 de enero de 2009

Intentó asesinar a su hijastra


NUNCAVUELVAS, DC.- White Snow, de 16 años de edad, estuvo a punto de perder la vida a manos de su cruel madrastra, quien presuntamente asumió la personalidad de una maligna bruja para perpetrar el cruel ataque.
Los hechos ocurrieron una soleada mañana, según reza el boletín de prensa del Ministerio de Justicia de Nuncavuelvas (MJN); en donde se indica que la agraviada se encontraba realizando labores del hogar, mientras sus siete presuntos amantes habían salido a laborar a la mina de la población, ubicada en inmediaciones de la Selva Negra.
En un momento determinado, la madrastra de la ofendida tocó a las puertas de la humilde pero impoluta vivienda, y caracterizada como una anciana de repulsivo aspecto le ofreció una manzana a la agraviada.
La muchacha —más tonteja que sencilla— no sospechó que la poma había sido inyectada con una poción venenosa y, debido a que mantenía una rigurosa dieta a base de vegetales y frutas, mordió inmediatamente el fruto apetitoso sin intuir que había gato encerrado.
Tras masticar ansiosamente el primer bocado, la ofendida se desplomó a las puertas de su domicilio, mientras la madrastra, cumplida su nefasta misión, se dio a la fuga con rumbo desconocido.
Poco tiempo después llegaron los siete presuntos amantes de la víctima, quienes al verla desvanecida sobre el tapete de la entrada trataron de reanimarla, pero sus esfuerzos fueron infructuosos, por lo que llamaron al 066 y solicitaron los servicios de emergencia.
Posteriormente se presentaron los paramédicos de la Benemérita Institución y procedieron a darle los primeros auxilios a la jovencita; dado que sus conocimientos se vieron rebasados, la canalizaron al hospital civil de la localidad.
Según informó Radio Cenicienta, gracias a la constitución física de la muchacha y de los buenos oficios de los pequeños obreros y los paramédicos se evitó una tragedia que pudo tener consecuencias mayúsculas, a pesar de que White Snow se encuentra ahora dentro de un féretro de cristal a la espera de que llegue un príncipe encantado, la bese y le devuelva la salud para que sean felices para siempre.
En tanto, los siete enanos —fieles y laboriosos amantes— se encargan de bañar cuatro veces al día y cambiar los pañales de la jovencita que yace en calidad de legumbre.
Finalmente, elementos policiacos pertenecientes al Buró Especializado en Indagaciones de Nuncavuelvas (BEIN), realizan ya las averiguaciones correspondientes para dar con el paradero de la presunta envenenadora. JLV

viernes, 23 de enero de 2009

Un leñador


Hoy hace un año que el leñador derribó el Árbol de la Vida.
Cumplió su tarea con profesionalismo. Lo miramos trabajar día y noche. A veces le entregábamos una estrella o dibujábamos centollas sobre el agua para arrancarle una sonrisa, pero nada funcionó.
El talador tenía un rostro fiero, parecía una espina enorme enterrada en un pie. Se levantaba muy temprano y entraba al bosque como Juan por su casa, con su enorme hacha de fuego sobre el hombro.
Nadie pudo impedir su labor, ni las focas de avena ni las ocas —pobrecillas— se dehacían por dentro, como si mil temblores sacudieran el vientre de la tierra.
Hoy hace un año que la copa del Árbol se derramó sobre la tierra y el silencio se arrastró aceitosamente hasta al señor ese que trabajó durante siete días y que sigue durmiendo desde entonces.
Sólo recuerdo que el cielo se hizo añicos y desde entonces lloramos nubes, nuestros recuerdos cambian de piel y soñamos en azul. JLV

jueves, 22 de enero de 2009

De tigres


Más felinos que nunca los tigres penetraron al Arca. Durante 40 días y 40 noches delinearon su paciencia a zarpazos. Su orgullo es amarillo: lucen con dorada arrogancia el código de barras que Noé imprimió sobre sus lomos. JLV

miércoles, 21 de enero de 2009

El efecto Dumbo


El 26 de septiembre de 2008, la herida nacional aún sangraba profusamente después del atentado ocurrido en Morelia, Michoacán, durante la celebración del Grito de Independencia —ataque que dejó ocho muertos y 132 heridos—, cuando muchos volvieron a conmocionarse, tras el anuncio de un macabro hallazgo: un perro masticaba un ojo humano junto a los restos de un anciano cuyas cavidades oculares estaban vacías y su cuerpo yacía semi destrozado sobre el pavimento.

TESTIGOS
“De lejos parecía una araña fumigada —afirmó una sexoservidora—, pero cuando me acerqué un poco más pude darme cuenta de que era un viejito que estaba muerto cerca del Amanal”.
“A mí eso no se me olvidará —aseveró un alumno del Tec de Cd. Sahagún—, porque apenas el 23 de septiembre fue cuando escapó la elefanta Hindra del circo Unión; ésa que causó el accidente en la México-Tulancingo, en donde murió el chofer del camión. Dicen que huyó de las bodegas donde estaba encerrada junto a otros dos de su especie”.

CAE EL HOMICIDA
Para el 10 de octubre, elementos policiacos destacamentados en Villa de las Flores, Coacalco, habían dado en el blanco por primera vez en su vida, Protomedardo Calero Iñiguez, “El Payaso Desdémona” —ex trabajador del circo Unión, socio fundador de la Hermandad del Chiste, poseedor del récord Guinness en la categoría del eructo más sonoro y prolongado y ferviente ambientalista— había sido aprehendido como presunto responsable del homicidio de un septuagenario adiestrador de fieras salvajes.
La última vez que se vio al presunto criminal en público fue el 25 de septiembre, durante las exequias de la paquiderma cuarentona, cuyos enormes restos fueron enterrados de modo reservado en un terreno propiedad de la empresa, ubicado en Ecatepec, Estado de México.
Como a las 4:30 de la mañana de ese día ‘Hindrita’ cayó como una gran bolsa de lona dentro de su última morada, precisó “Chuarzeneiger”, el hombre fuerte.
Primero salieron los tres operadores del trascabo, enseguida Luis Arreola Arellano —propietario del circo—, y luego el resto del personal, consignaron los medios.
Calero Iñiguez fue el último en abandonar el lugar, subrayó la mujer barbuda, porque se quedó a ayudar a unos ‘chalanes’ que alimentaban a dos paquidermos asiáticos y 10 tigres de bengala que aseguró la Profepa en el lugar, porque el patrón se pasó por los ‘tompiates’ el programa de medidas de seguridad correspondiente.
“Lloró mucho, asentó una curvilínea contorsionista, Desdémona fue siempre muy sensible: amaba a los animales y aunque lamentamos la muerte de don Severo el domador, sólo podemos decir que se hizo justicia”.
Nadie dijo más nada. No había necesidad.

ENTE LOMBROSIANO
Calero Iñiguez desde niño dio muestras de poseer un sentido del humor exacerbado, era el alma de las fiestas y sus maestros, pese a que era uno de los peores alumnos, lo toleraban porque era el payasito del salón.
Lo que en su infancia causaba risa, con el tiempo provocó reacciones adversas. Su aspecto lombrosiano atemorizaba: altísimo, calvo, de piel cetrina, con cabeza pequeña, ojos de pitón, orejas vampirescas, brazos enormes y pies de talla desmesurada. Una variante extraña del síndrome de Klinefelter, dirían algunos entendidos; otros, que bien pudo haber sido uno de los dobles que trabajaron para el ex presidente Fox.
Sin embargo, los afeites y su vestimenta mimetizaban los defectos y resaltaban las desmesuras del personaje.

LE GUSTABA LA PAYASADA
Muchos de sus condiscípulos aún recuerdan algunas de las rutinas que representaba frente al pizarrón; sobresalían las imitaciones que hacía de los maestros más enérgicos y, sobre todo, esa capacidad para lanzar eructos que estremecían los cristales de la vetusta escuela.
Sus familiares más cercanos, así como su señora madre, siempre admiraron el amor casi franciscano que profesaba a los animales.
De no haber sido payaso habría sido veterinario, confió entre sollozos su tía Prosapia. “Siempre daba la cara por perros, gatos y demás alimañas. Además, siempre quiso ser alguien importante como ese mimo francés Marcelo Marsón”.
Cuando llegó al circo Unión ya traía historia; presumía de haber sido discípulo avanzado de “Bozo El Payaso”, con quien pulió su técnica y perfeccionó rutinas.

LA CIENCIA HABLA
El cariño que sentía por los animales se acrecentó y, según Segismundo Froy, uno de los psicólogos encargados del caso —miembro del Grupo Elite de Inteligencia de la Policía Ministerial—, es evidente que tras presenciar el maltrato que proferían los domadores a las bestias, en todos los circos en donde laboró, en la psique del Payaso Desdémona germinó la idea de frenar esa barbarie.
Es el accionar clásico del esquizo-paranoico, determinaron los especialistas. La extirpación de los ojos del sexagenario domador nos muestra claramente que hay una condición sexual irresoluta que tiene que ver con una pobre actividad de la hipófisis, cuyos orígenes, según recientes estudios, son producidos por una secreción arrítmica de la próstata.
¿Por qué matar a un viejo? Sencillo. Porque ese saco de piel decrépita y costillares es la representación simbólica de una humanidad decadente que está a punto de fenecer y que se arrastra como una boa sobre las arenas de un desierto crepuscular.

EL DOMADOR DOMADO
Severo Escárpita y Escandón fue hijo y nieto de domadores: las raíces de su árbol genealógico se hundían en las profundidades del ámbito circense. El adiestrador hacía su trabajo de la mejor forma posible y como sus ancestros le enseñaron. Conocedor de su oficio transmitía con serenidad y perfección el lenguaje del látigo.
“Nunca un golpe de menos, mientras más castigo mejor para demostrar a las bestias quién lleva las riendas”, decía con frecuencia y luego imitaba el chasquido de su herramienta de trabajo.
Orgulloso de sus ancestros y de su palmarés, desempeñó esa labor en circos prestigiados del país y del extranjero. Era parte del Unión y ya casi estaba inventariado, comentó el dueño.
Vivía en soledad y entregado a la bebida. Las bestias recibían día tras día fuertes golpizas, incluso las que llegaban a atemorizarlo en pesadillas recurrentes.
Sus compañeros le demandaban que disminuyera la violencia que descargaba sobre las fieras, pero él nunca atendió esos pedimentos. “La voz del fuete dice más que mil palabras”, espetaba para terminar cualquier discusión.
Testigos que pidieron mantener el anonimato por temor a represalias, manifestaron que el viejo domador se ensañaba con la elefanta.
Además, informaron que Desdémona profesaba un cariño enfermizo por Hindra. Parece que don Severo sorprendió al payaso, en varias ocasiones, acariciando lascivamente al animal, pero eso aún no se corrobora.
Sin embargo, por una u otra razón, el odio entre ambos sujetos creció con el transcurrir de los días. El payaso bromeaba constantemente sobre la decrepitud de Severo y éste, a su vez, se mofaba de las características físicas de Desdémona.

LOS HECHOS
Calero Iñiguez fue detenido en Lavándulas 158, colonia Villa de las Flores, Coacalco, el 10 de octubre, en el modesto hogar de una de sus hermanas. Agentes investigadores seguían líneas de investigación y le interrogarían sólo para ver si sabía algo del presunto criminal.
Cuando vio a los policías se levantó haciendo una cómica caravana, extendió los enormes brazos y se inculpó inmediatamente. “Yo maté al domador —soltó como fuetazo—, trataba muy mal a Hindrita y por su causa enloqueció, rompió la cerca del terreno de Arreola y escapó de ahí, con los resultados que ustedes ya conocen.
“Severo le pagaba mucho; más que a los tigres y a los leopardos que hacen pasar por panteras. Muchos en el Unión le pedimos que le bajara, pero siempre nos ignoró. Yo amo a los animales, soy ambientalista. No podía permitir más violencia”, declaró ante el representante social de Villa de las Flores.
Asimismo, con lujo de detalles y haciendo alarde de su capacidad histriónica, refirió cómo contestaba el domador, los ademanes que hacía y cómo golpeaba a las bestias.
“Todo eso me fue llenado el buche de piedritas. No podía hacer otra cosa”, aseveró.
El 25 de septiembre, después de darle cristiana sepultura a Hindra, “fui el último en abandonar el terreno del patrón, allí en Ecatepec. Tomé una combi en la 30-30, que iba para Otumba, donde hacíamos una corta temporada; Severo se había quedado en el circo”, indicó.
Habían instalado la carpa al final de la Calle Ancha y llegó al remolque de Severo sin que nadie lo se percatara y ahí estaba, ebrio como siempre, cubierto sólo con su ropa interior. No aguantó las ganas y comenzó a insultarlo pero al ver que se reía y se burlaba de cómo había muerto Hindrita, la mente de Desdémona se nubló y comenzó a vapulearlo sin piedad.
Después tomó su látigo y descargó su rabia muchas veces hasta que lo vio tirado. Se percató de que estaba inconsciente, lo levantó, luego le puso su traje de gala y lo sacó del circo sin que nadie lo viera. Luego abordó un taxi para Axapusco y como ya era de noche se bajó en una de las calles solitarias. Volvió a golpearlo y poco después le hizo la parada a otro auto de alquiler.
“Al chofer le pedí que me llevara a Otumba a dejar a mi amigo que se había puesto hasta la madre. Me senté en la parte de atrás del vehículo, y sin que el conductor se diera cuenta, metí un ‘cuter’ entre sus ojos como si le sacara las semillas a una manzana.
“Luego, cuando llegamos cerca del Amanal, lo lancé a la calle; se oyó muy feo, pero le dije al taxista que no quería pleitos con su mujer y que mejor lo dejaría ahí tirado. Con el frío se levantará, le aseguré, está bien correoso. Luego pedí que me llevara a Villa”, concluyó.

LOS REOS RÍEN
Protomedardo Calero Iñiguez, “El Payaso Desdémona” —ex trabajador del circo Unión, socio fundador de la Hermandad del Chiste, poseedor del récord Guinness en la categoría del eructo más sonoro y prolongado y ferviente ambientalista— fue internado en uno de los penales de máxima seguridad del estado de México.
Los reos dieron un buen recibimiento a Calero Iñiguez. A pesar de su aspecto repulsivo se ganó de inmediato las simpatías de los criminales más despiadados. Muchos internos acuden a su celda diariamente para disfrutar de sus mejores rutinas.
Actualmente escribe sus memorias y prepara un taller de payasología para reorientar las pulsiones violentas de los presos. Probablemente deje la prisión en diez años, si continúa comportándose como un recluso bienhechor, desinteresado y amante de las causas justas.


EL EFECTO DUMBO
En tanto, para Mandrágora Tafoya —librepensador y autodidacta— con la bonhomía que le caracteriza sostiene que “con las historias de paquidermos circenses se podrían llenar varias novelas”.
Resaltó que la fábula de Dumbo permanecía en un lugar segundón, pese a que podría colocarse al nivel de la del Patito Feo, “pero tras la infortunada muerte de Hindra, las peripecias del elefantito quedarán impresas en las mentes de los infantes como un signo indeleble, y las historias paquidérmicas ocuparán el escaño que merecen.
"Las travesías del paladín orejudo serán un acicate para reafirmarse, partiendo de las hazañas del héroe como elemento fundamental de la teoría gestáltica”, precisó.
Finalmente, Tafoya indicó que la humanidad debe de estar alerta porque una ola de descontento recorre el mundo animal y destacó que la película de Jumanji es como una premonición de lo que podría pasar y sí fue. JLV

viernes, 19 de diciembre de 2008

Meteorito


Ayer, justo antes de que chocaran los vientos del norte y del sur, un enorme meteorito cayó sobre una granja vetusta ubicada en medio de los grises campos de Kansas.

No hubo sobrevivientes. Sólo se hallaron los restos calcinados de los presuntos propietarios —un par de ancianos grises que nunca sonreían y que respondieron a los nombres de Em y Henry—, su sobrina —una pequeña insufrible conocida como Dorothy— y un perro pulgoso —mascota de la menor, llamado Totó—.

Tras enterarse de la tragedia, la Bruja Mala del Este tuvo un ataque de risa que le duró 10 años; en tanto, los mascones —sus esclavos— lloran a diario y continúan bajo su yugo. JLV

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Sollozos


La anciana que solloza sobre las escaleras del templo es un fantasma. A veces pronuncia palabras en una lengua muerta y vuelve a gimotear.
Es tuerta. Desde la cuenca vacía una vocecilla hace temblar a las nubes: es la niña de sus ojos que grita desde la oscuridad. JLV

lunes, 15 de diciembre de 2008

De sagas


En cuestión de gerundios zarparon y se hicieron a la mar de tinta. Ese fue el punto de partida. Iban hacia el norte guiados por sus esdrújulas. Al grito de “la letra con sangre entra”, tomarían posesión de la Antigua Tilde.
Les adjetivaron un sinfín de calificativos, pero mantuvieron su fe de erratas y como complemento directo acentuaron su decisión.
La travesía fue larga. Interrogantes, sortearon situaciones adversativas y horrores ortográficos; fumaban puntos y lanzaban comillas, y en sus oraciones se encomendaban a Santa Tecla, patrona de los apóstrofes.
Algo muy sustantivo, del verbo hicieron carne; también se nutrieron de aves cedario, pescaron diptongos y saciaron una sed adverbial con filtros silábicos.
Sortearon renglones torcidos, enfrentaron paréntesis y un diéresis de tantos, una capitular puso los puntos sobre las íes, lanzó una parrafada y determinó que sin taxis, o con ellos, el momento de las yuxtaposiciones había llegado.
Entre signos de admiración tomaron posesión del nuevo continente gramatical y comandados por Versales, los versalitas instauraron el estado de coma. JLV

sábado, 13 de diciembre de 2008

Los pollimimus


Las abejas y las luciérnagas son amigas pero tienen antenas de diferente color. Las abejas trabajan muy duro y siempre olvidan quitarse el pantalón del pijama. Las luciérnagas laboran en horario nocturno; son como arrocitos con alas y sus baterías se acaban muy rápido.
¡Ah!, olvidé mencionar a los pollimimus. Casi nadie los conoce —sólo Arturo—; cuando él despierta, ellos duermen.
Dice que se cubren del sol con sus orejas y usan la cola para espantar a las mantis. Comen telarañas y coleccionan calcetines de ciempiés. No hablan con abejas porque siempre están ocupadas, como las hormigas. Organizan torneos de luz entre cocuyos y luciérnagas, para ver quién ilumina más la noche.
Tienen los ojos saltones y cinco patas en cada dedo; poseen alas pero no vuelan porque son gordos como pulgones. Saben contar del uno al polen y se asustan con el hipo de las tenusas.
Los pollimimus viven bajo la almohada de Arturo y brincan entre sus sueños hasta que acaban rendidos de felicidad. JLV

Aniquilación


Eran siniestros y lo sabían. El último zurdo sobre la tierra fue eliminado ayer. Los humanos derechos se han cubierto de gloria, dijo uno de los verdugos, el más diestro. JLV

viernes, 12 de diciembre de 2008

Confidentes


—Adoran a los hombres que las hacen reír, ¿verdad? —dijo él—. No puedes negarlo.
—Muy cierto —respondió ella—. Tan verdadero como el estremecimiento que ustedes sienten cuando una de nosotras camina sobre su espalda.
Ambos soltaron la risotada y se despidieron cariñosamente.
Él se unió al grupo de payasos que estaba por ingresar a la pista; ella permaneció detrás de la enorme caja de cristal, a la espera de que una mosca cayera en la telaraña. JLV

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Mogollón el desalmado


Juran que al nacer parecía el viejo más niño nunca visto en Mongolia. Nadie quiso a Mogollón, sólo sus doce abuelas y los cinco meniscos que le enseñaron a dividir con runas.
Cansado de vivir, moría de aburrimiento; un día echó a caminar por acuíferas tierras. Se lanzó a la aventura desde el último piso de sus odios. Liberó muchas batallas y cocinó a fuego lento sus heridas.
Creció como musgo entre rocas y su risa entristecía hienas. Mataba menesterosos mirando mariposas moriscas y masticaba meninas con las manos.
Su corazón —más negro que una pulga— palpitaba ladrando por las noches.
Mogollón, harto ya del infarto, falleció fustigado entre las fauces de un fauno. Los hijos de sus ojos otean desde las hojas. JLV

martes, 9 de diciembre de 2008

Andariegos


El jadeante peregrino hizo un alto en el camino y miró hacia atrás.
—Resiste —dijo el Judío Errante— un día acabará todo.
—No te preocupes —respondió la sombra desfalleciente— te seguiré toda la vida. JLV

Imprecisión


Los grandes matemáticos despejaron un sinfín de problemas, pero sólo hasta que unieron fuerzas con estudiosos de otras ramas lograron resolver los cálculos renales. JLV

lunes, 8 de diciembre de 2008

El periplosaurio


Navegante, si a medio océano miras un remolino que susurra o un volcán con forma de nabo que regurgita, huye; aférrate al timón y escapa, porque puede ser el último día de tu vida.
El periplosaurio carnívoro del Indostán —también conocido como periplo rex indostano— es pariente lejano del tiranosaurio pero, a diferencia de éste, es cien veces más grande y de su cerviz emerge un cuerno de talla señorial.
En tierra, causa calamidades a su paso; en las aguas, verdugo de embarcaciones —Ulises vivió para contarlo—. Su cola, larga como muralla, funge como enorme mazo y de sus heridas brotan ríos de bilis negra.
Los arqueoptérix, rivales acérrimos, devoraban con fruición sus restos, explica Horatius Nicomedeus, quien detalla las características del animal en el undécimo volumen de Incredibles Creatures (Bönn, 1565).
"De día, su mirada era tierna, subraya Nicomedeus —y colige que su cerebro debió ser mayor que una trufa—. Por la noche, sus pupilas resplandecían como faros y confundían a pilotos experimentados que bordeaban desde direcciones opuestas.
"Gusta de atacar naves de gran calado que retornan de extenuantes travesías; emplea apenas la punta de su pitón y las quiebra como nueces", apunta.
Hiberna en el polo norte y la punta de su cuerno asoma como iceberg descomunal —el Titanic puede dar cuenta de ello—. Cuando recorre aguas templadas, las crestas de su espinazo se deslizan como cordilleras dóciles que van tras el sol que muere en el océano.
Muchos quisieron atraparlo y cayeron en el intento; otros, al verlo, perdieron la razón. Uno de los argonautas juró ante la tumba de su madre que sobre el lomo de la bestia temblaban islas andrajosas y, sobre éstas, gigantescos lobos de mar aullaban a la luna. JLV

martes, 2 de diciembre de 2008

Hoy o mañana


La cuija silba la oración del tartamudo
Y el domingo se desnuda de tarde
Mañana
Entre una cosa y otra
Sí, mañana
Saludaré a hombres que estornudan decencia
“Buenos días, don honorable”, diré
“Buen día, don nadie", responderán más gentiles que nunca
Mi rostro maquillado de ausencia
Imitara la caravana fúnebre del cuervo
Y anudaré graznidos
Mañana
Los lunes sagaces plantarán su huella en la semana
entre nubes somnolientas
Podaré árboles del sol
Entre guiños de parques a turistas
Las cúpulas escurrirán tradición
Y rodillas francesas blanquearán nativos
Mañana, si los niños
Cargan de caballito a sus ancestros
Por nuestro honor desinflaremos batallas
Y honorables aullarán a la luna
Ahora
De mis orejas brotan las tijerillas
Y mi único gato maúlla
Es un buen día para cortar orgullos con la misma tijera
Ni cien curas calman espíritus hambrientos
Porque los días sangran nombres
Hoy
Es hoy
No lloverá por siempre
Los hombres felices brillan por su ausencia
Una cigarra anuncia que la tarde está por llegar

Las hormigas saben que el viento sopla verdades. JLV

domingo, 30 de noviembre de 2008

Silencio de sapo


Me cegué. Estabas en sus brazos y bebías de esa boca vieja; después sólo vi odio. No debí poner fin a tus días: me atengo al castigo divino.
Tuve tiempo de hablar, mostrarte lo que fui y estas alas rotas que soy ahora. Yo y mi triste papel de ángel guardián.
Al viejo, ni mirarlo; sombra que escurre del sofá.
Verás que la gloria no es lo que imaginabas.
Duerme en mis córneas porque pronto alzaremos el vuelo. Acariciaré tu silencio de sapo antes de entregar tu alma al Creador. JLV

jueves, 27 de noviembre de 2008

Alegría infinita


El Toro Rojo no es un mito, es real. Hace unos días —en conocida galería parisina— fue vendido en miles de dólares. Una porfiada anciana obtuvo la milenaria estatuilla, tras vencer a sus oponentes en el clásico juego del estira y afloja.
Aseguran que quien posee la extraordinaria pieza será dueño de la juventud eterna.
Verdad o patraña... quién lo sabe. Tal vez si preguntan a la hermosa mujer que salió de la galería con el Toro Rojo entre sus manos podrá develarse el misterio.
Sólo una cosa más: no la interrumpan, dejen que termine de reir. JLV

Renuncia


—Recuerda. La intriga es esa picadura de serpiente capaz de devolverte al mundo que jamás debe abandonarse por una rosa, —puntualizó Maquiavelo—. Se despidió amablemente y luego firmó su renuncia irrevocable como consejero áulico del Principito. JLV

Bucefalianas


Herrar es de humanos, pensó Bucéfalo, mientras Alejandro se empeñaba en devolver la vista a un nudo ciego. JLV

lunes, 24 de noviembre de 2008

Mentirilla


Con las alas rotas, sordo, ciego y viejo, yacía el arcángel sobre su lecho de muerte. Alardiel consolaba al moribundo mientras oía sus últimas palabras:
—Hermano —susurró Hepatiel—, ¿me espera el Paraíso?
—Eso sería un milagro —respondió Alardiel—, pero no creo. Recuerda que a Dios lo inventamos nosotros. JLV

domingo, 23 de noviembre de 2008

No fear


El aire pasa a mi lado como un vecino comedido. Hoy es un día diferente. Piso una bufanda roja que está a mitad de la calle.
Algo ocurre. Basta de contemplaciones. Es hora de hacer mi trabajo.

Volteo. Un perro se aproxima y hurga dentro una bolsa de plástico que yace sobre el pavimento. El can husmea y encuentra algo. En el hocico del animal aparece una mano pequeña: de niño.

La gente que madruga —esa que llega temprano al mercado de Las Ausencias— se horroriza.
Alguien, no sé quién, descubre más allá —entre los restos de cáscaras de plátanos y naranjas— otras partes del cuerpecito mutilado.

Se entiende que iba descalzo, trozos de un pantalón de mezclilla vieja están hechos un envoltorio a los pies del poste que no pudo hacer nada. Más allá, un anciano muestra una camiseta ensangrentada con la leyenda “No Fear”.

Observo a los curiosos. Todos los que están ahí deben pensar que el sacrificado era uno de los pequeños indigentes que deambulan por las calles ofreciendo sus cuerpos a los turistas que les dan monedas a cambio de placer. Yo los he visto, cuando resuelvo asuntos en el parque de los Falsarios. Se sientan cerca de la fuente y lanzan piedras a las aguas turbias. Saben que llegaran hasta ellos.

Qué más pueden hacer si a nadie importan.

Ya la mujer regordeta encontró su torso y le cubre la cabeza con un periódico. Ahora todo es cosa de trámites. Uno llamará a la policía; otro a la Cruz Roja y algún compadecido traerá al sacerdote de la iglesia más cercana.

Y… el asco y la impotencia escurren por los rostros de todos. La tristeza no se desprende de sus ropas.
Saben que los únicos autorizados para levantar los despojos —antes deben reunirlos— son los peritos y los representantes sociales —pero éstos aún no llegan y cuando lo hagan temerán cumplir con sus obligaciones—.
En un día cualquiera —no como hoy— el desparpajo se desnudaría por estas calles. Allá los vendedores de ropa; ahí las mujeres que intercambian chismarajos y cupones de descuento. El verde vestido de los vegetales. Los rojos y amarillos en pieles de mangos y manzanas. Hace tanto que no pruebo un fruto así.

Pero esta mañana —gris por la presencia indeseable de un ventarrón— el ambiente está cuajado de tristeza: de puestos que apenas se sostienen por sí mismos y cajas que hasta las ratas abandonan.

Me gusta merodear. No sé. Excusas para retardar mi labor. Ganas de perder el tiempo, como dicen aquí.

Pero hoy parece que todo duele más. Ninguno de estos mirones podrá conciliar el sueño. Verán las partes mutiladas de ese pequeño sin amigos y sin nombre. La pesadilla les perseguirá: ni dudarlo.

Los motores de los camiones que transportan las frutas y verduras rugen enfadosamente en la bocacalle. Esa joven cuelga racimos de plátanos en las afueras de su tendajón. Pese a todo, las cosas toman su cauce.

Un hombre tuerto se ofrece para cargar las bolsas a la mujer con brazos largos. Notas de música escapan entre el humo que sale de un restaurante.
El torso del pequeño todavía yace en el suelo; su cabeza, cubierta con el periódico.

La calle empieza a soltar malos humores. Un aullido se acurruca entre los postes.

Manos a la obra.

Cruzo entre la gente. Basta de contemplaciones. Hago a un lado el periódico.
Me inclino sobre el rostro del niño. Le sonrío. Se incorpora desconcertado. Casi llega donde acaban mis alas. Acaricio su cabello.
Es el mejor momento del día; lo que más me agrada de este trabajo. Tomo su mano: mientras ascendemos, sé que ya no dejara de sonreír. JLV

sábado, 22 de noviembre de 2008

Gajos del oficio


Antes de ser comprimida en el extractor de jugos, aquella naranja exigió —como última voluntad— le permitieran estrechar entre sus gajos a la pequeña semilla, fruto de sus entrañas. JLV

Después de que el Gran Perro...


El gusano luminoso de mil pies se estremeció sobre la noche después de que el Gran Perro ladró tras de las nubes.
Murmullos de hombres y mujeres eran zumbidos de moscas sobre cuerpos hinchados.
La sombra de los viejos era una maldición que cubría el instante de la caza hecho de sangre en roca.
La flama y su sombra danzaban custodiadas por guardianes de piedra diminutos .
Y solo, renovado en la magia, un hombre frente al fuego tejía follajes de plumas y los hundía en la tierra.
Un llanto de recién nacido escapó por la boca de la caverna: una luciérnaga más de aquella noche. JLV

martes, 18 de noviembre de 2008

Sarnasius, confesor de salmones


Hay un salmón maduro
canta para Sarnasius
una lluvia de escamas
en el bosque escarchado

El salmón se perfuma
lucha contracorriente
se mece laberinto
frente de las arrugas

Sarnasius escucha
del salmón las historias
un nudo de mañana
palpita en su garganta

Es hora de bailar
en el bosque dancemos
sacude ya salmón
tu sabatina aleta

La luna vals ahumado
cocina para ambos
¡tic tac toc!
roca llama a la puerta

Sarnasius se levanta
al pez de azul disfraza
lo guarda en el violín
y ve quién toca

La piedra pide ayuda
de arena lacrimosa
sufre a mares por
concéntricas ondas

Consternado Sarnasius
a la intrusa despide
con un beso sincero
y la arroja al estanque

El salmón atestigua
la angelical acción
azul emocionado
al violín abandona

La escama de la muerte
vibra con su canción
danza sobre el tejado
y al pez vuelve ventana

La "o" del infinito es luna
que yace bajo el vidrio
Sarnasius musita para sí:
no se puede caer eternamente. JLV

lunes, 17 de noviembre de 2008

Ganancias



Usó finos perfumes y hermosos pendientes. Los demás lo notaban, él no. Ensayó sonrisas frente al espejo. De nada valieron sus esfuerzos para atraerlo.
Quería tocarlo. Amaba su voz gruesa y modulada. Soñaba que el hombre susurraba a su corazón. Ella le cantaba hermosas melodías de la infancia.
“Él nunca la amará”, aseveró su ayudanta.
Lejano y distante administraba la empresa familiar, con esa masculinidad que enloquecía a las féminas.
Así las cosas, lloraba entre la sombras. Estaba destinada a ser vista con repulsión y lástima.
Para el dueño del circo, ella —la mujer tarántula— era sólo un fenómeno de moda que le daba a ganar pingües dividendos. JLV

jueves, 13 de noviembre de 2008

Gato por liebre


—¿Es un juego? Me parece una broma de mal gusto —riñó el valuador al granjero—. Usted sabe que yo sólo compro oro, jamás plomo.
Mejor visite al herrero; él adquirirá gustosamente los huevos de su gallina. JLV

lunes, 10 de noviembre de 2008

Gentilhombre


—Que le vaya bien, señor —dijo la anciana—. El hidalgo la vio como si nada y siguió su camino, sin inmutarse.
—Por qué le hablas, madre —preguntó la hija—. Nunca responde ni saluda. Es petulante como todos los aristócratas.
—Las apariencias engañan, querida —respondió la vieja—. No hables así del señor Alzheimer. Recuerda que los caballeros no tienen memoria. JLV

domingo, 9 de noviembre de 2008

Bífida


—Me encantan Adán y Eva, pero más el vacío que se enrosca entre ellos —siseó la sierpe al árbol—, y pulió una manzana hasta transmutarla en minúsculo sol irresistible. JLV

viernes, 7 de noviembre de 2008

Graffitero



"La eternidad es la madre de todos los vicios", rezaba la leyenda recién pintada sobre el muro. Más allá, el Judío Errante —brocha en mano— se alistaba para continuar con sus pintas nocturnas. JLV

jueves, 6 de noviembre de 2008

Volverán los oscuros ceniceros de tu cigarro cenizas a formar



Todo comenzó una tuberculosa mañana de diciembre. Los postes ladraban y perros sostenían alambres en sus picos. Una mujer gorda y perezosa masticaba encendedores, con el mismo desparpajo que estilan los verdugos cuando cortan cabezas nucleares o talan plantas de los pies.
Unos tiernos ceniceritos se repegaban modosamente a sus piernas peludas, pero todo era inútil. La obesa cuerpo de habano estaba decidida: tomó el sol y lo arrojó a los gallos que barritaban de gusto.
Todo se puso negro: el cielo fue un enfisema pulmonar.
Entonces comprendimos que un pigmeo hitleriano danzaba dentro del enorme pecho de la rolliza: detuvimos al mundo y nos bajamos antes de que iniciara aquel mítico diluvio de colillas. JLV

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Jardinero


Yo también amo las rosas; me encanta la jardinería, por eso siembro dudas y cultivo tempestades, susurró Maquiavelo al Principito. JLV

Amantes


Un jardín crece entre la lluvia. Los enamorados se aman bajo el árbol. Ella me ve y sus ojos de cuervo graznan promesas.
Sigo adelante. Ya no estoy para amoríos. Además, nunca podrán separarse: su vida transcurre sobre el lienzo. JLV

martes, 4 de noviembre de 2008

Adiós gusano de humo


Sabíamos que tarde o temprano se resquebrajaría como un viejo amor. La oruga milenaria abandonaba el capullo entre bufidos metálicos; cada vez más sucia y pasada de moda, igual que las cerillas que usaba mi viejo.
Un día morirá, dijo mi madre, y se irá como vino: lanzando ese horrible humo.
Ella no pudo verlo. Yo soy testigo de que así fue: en mi pueblo ya no hay ferrocarril. JLV

lunes, 3 de noviembre de 2008

Tris tras



El diminuto prestidigitador extrajo de su chistera una morsa albina que lanzaba icebergs por los ojos; luego apareció una mantis religiosa más grande que la fe.

El público festejaba los trucos del mago, hasta que una inmensa garra destruyó en un tris tras aquel singular circo de pulgas. JLV